Douglas Carcache

De liberador a opresor

La lista de los principales dictadores en el mundo, publicada por la revista Foreign Policy , quizás cause poca sorpresa porque aparecen allí nombres bastante conocidos, por lo que se ha dicho de ellos en los medios de comunicación. Pero hay un detalle importante: la mayoría de éstos iniciaron como defensores de la libertad y ya en el poder se transformaron.

George B.N. Ayittey, quien hizo la clasificación en Washington, donde preside la Free Africa Foundation, destacó ese punto: “Hay un aspecto insidioso del despotismo que me resulta insoportable: la preocupante frecuencia con que muchos de los déspotas (…) comenzaron sus carreras como ‘combatientes por la libertad’”.

En Nicaragua es muy conocida esa patraña política, de supuestos libertadores o demócratas convertidos en dictadores en un abrir y cerrar de ojos. Es el caso de Daniel Ortega Saavedra, quien ha subido al poder dos veces ofreciendo libertad y democracia, y en las dos ha hecho lo contrario.

La primera, en 1979, entró a Managua vestido de guerrillero sandinista para ser parte de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, cuya misión era restablecer la libertad y la democracia tras el fin de la dictadura somocista.

Sin embargo, Ortega y su partido, el Frente Sandinista (FSLN), sacaron pronto de la Junta a quienes de verdad querían democracia e implantaron otra dictadura, hasta que en 1990 fueron derrotados en las primeras elecciones con vigilancia internacional.

Ortega compitió después en tres elecciones, mostrando arrepentimiento por los errores de su primera administración; se acercó a sectores religiosos que él había perseguido y reprimido, frecuentó iglesias y hasta comulgó en público para dejar constancia de su conversión.

Logró ser elegido en el 2006 con apenas 38 por ciento de los votos, aprovechando la división de la oposición, y en su primer discurso como Presidente electo prometió que jamás restringiría la libertad de expresión y de prensa. Sin embargo, fue lo primero que incumplió.

Al empezar a gobernar, en enero del 2007, ordenó a sus ministros bloquear el acceso de los periodistas a la información pública; y, para demostrar su firmeza, despidió a la directora del Instituto de Cultura por conceder una entrevista al Diario LA PRENSA.

Violaciones a la ley y ataques a la democracia son el distintivo del régimen de Ortega en los últimos tres años y cinco meses; y ahora empieza a destituir alcaldes electos por el voto ciudadano, dejando claro que le importan poco las leyes y las elecciones, que quitará y pondrá a quien desee con tal de seguir en el poder.

Ortega no figura en la lista de Foreign Policy , pero están sus aliados más avezados, el venezolano Hugo Chávez y el iraní Mahmoud Ahmadinejad. A Chávez le critican su propagada “participación democrática” porque en 11 años él ha sido siempre el único candidato, mientras reprime a la oposición y cierra medios de comunicación. Ahmadinejad es tildado de dictador obstinado, traidor de la filosofía de liberación de la revolución islámica.

Hasta dónde llegará Ortega con su plan de dictadura, ya no depende sólo de quienes han votado contra él, sino también de quienes creyeron en su falso discurso democrático y hoy se percatan del error cometido.

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