Querida Nicaragua: La vieja táctica del frentismo ha sido lanzar al viento ideas, rumores, propuestas, suposiciones sobre asuntos de inimaginable realización con el objeto de que vayan permeando la mente de la gente, que nos vayamos acostumbrando a pasos políticos atrevidos y que cuando se realicen no sorprendan a nadie.
Yo no le veo el chiste para que algunos empresarios sonrían cuando don Daniel les habla de disolver el Congreso de la República, es decir, acabar con la Asamblea Nacional y sustituirla con el Consejo de Estado que tuvimos en los años ochenta, como si aquello le hubiese dado bienestar a la población. Francamente no le veo el chiste.
Sin embargo, los empresarios presentes aplaudieron cuando don Daniel finalizó su discurso y, según informan los medios de comunicación, algunos sonrieron y luego saludaron con naturalidad al señor Presidente.
Las reacciones humanas son impredecibles. No se sabe cómo puede reaccionar el ser humano ante determinadas situaciones. En este caso fue tan inverosímil y sorpresiva la propuesta que los empresarios se quedaron atónitos y no acertaron más que a sonreír como bobos cuando don Daniel casi les pidió su consentimiento para disolver el Poder Legislativo.
Lo propio hubiese sido que nadie lo tomara a broma, porque con la majestad de los poderes del Estado no se debe jugar. Lo propio hubiese sido que un empresario tomara la palabra y con toda seriedad le dijera al señor Presidente que sus palabras no eran admisibles y que la iniciativa privada nicaragüense jamás aceptaría que ningún mandatario hiciera desaparecer de un plumazo el primer Poder de la República.
Con las palabras de don Daniel y las tímidas sonrisas de los empresarios quedó plasmada la idea de que el Ejecutivo tenga su propio Consejo de Estado, donde se nombrarán a dedo los consejeros y donde los partidos políticos quedarán reducidos a una mínima expresión, ya que habrá en ese consejo representantes de los CPC, de las ONG proclives al Gobierno, de los gremios, los sindicatos y naturalmente los “empresarios patrióticos”, tal como les llamaron en los años ochenta. Un Consejo de Estado totalmente dócil para hacer la voluntad suprema del Ejecutivo. Quien no lo vea de esta manera tendría que ser o ciego o tonto.
Un empresariado temeroso es lo que cualquier gobierno de izquierda anhela, y las sonrisas de los empresarios demuestran no sólo temor sino un miedo cerval a que los tentáculos del gobierno empiecen a moverse controlando ciertas concesiones que son un secreto a voces.
Alguien dijo que no hay nada más miedoso que un millón de dólares. Y es cierto. También alguien dijo que el dinero busca al dinero y que en cuanto más se tiene más se quiere. Hay empresarios, no todos, cuyas inversiones tienen como única meta producir más y más millones.
En mi carta de la semana pasada hice mención del escritor italiano Giovanni Papini. Este mismo escritor afirma en sus libros que “el dinero es el excremento de Satanás”. Y reflexiona sobre los bienes terrenales. “¿Para qué quieren tanto dinero?”, dice. “Un hombre sólo puede comer un plato de comida, no puede comerse dos porque se indigesta. Sólo necesita una cama pues no puede dormir en dos, como tampoco necesita dos caballos para transportarse pues sólo uno puede montar”.
Hay que defender la democracia en todo momento. Valen más Nicaragua y su libertad que cualquier tipo de negocio. En una dictadura no hay garantía para el capital que algunos tan celosamente cuidan.
El autor es director de Radio Corporación
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