La iniciativa de la congresista republicana Ileana Ros-Lethinen de instar a la Secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, para que no acepte a Francisco Campbell como embajador de Nicaragua en Washington es excelente, está cargada de buena intención, pero exige que de este lado se tomen acciones también.
¿Cómo podemos esperar que el Gobierno de Estados Unidos no acepte a Campbell porque no pasó su ratificación por la Asamblea Nacional cuando oficialmente desde la Asamblea no hay indicios de que algo ande mal?
Es cierto que en declaraciones individuales y hasta colectivas los diputados dicen que el compañero comandante pueblo presidente Daniel viola la Constitución con estos nombramientos, pero la Asamblea podría hacer mucho más.
Debido a las reformas constitucionales del 2005, diseñadas para hacerle la vida de cuadritos al entonces presidente Enrique Bolaños, ahora los Presidentes deben enviar los nombramientos de los embajadores, entre otros, a la Asamblea Nacional para que éstos sean ratificados con el 60 por ciento de los votos de los diputados. Ortega sabe que no va a alcanzar 56 votos para eso, y simplemente no envía los nombramientos.
¡Pero el Parlamento se queda callado! El inciso 30 del artículo 138 Cn. dice que la Asamblea debe ratificar en un plazo de 15 días hábiles el nombramiento. ¿Por qué no actúan? Todo lo que tomaría es que la Comisión del Exterior envíe una carta al Presidente, al Canciller y al nominado recordándoles el mandato constitucional e “invitándolos” a enviar la solicitud de ratificación.
No van a enviar nada, pero entonces la Comisión, vencido el plazo, puede enviar un dictamen solicitando la ratificación al Plenario y como no va a poder alcanzar los 56 votos, entonces sí habrá un pronunciamiento oficial de un Poder del Estado que dificulte que (Estados Unidos en este caso pero cualquier país en realidad) pueda otorgar el Placet.
Eso se puede hacer actualmente porque la oposición tiene 48 de un total de 91 votos en la Asamblea y cuatro de siete en la Directiva. La verdad es que si fueran creativos podrían hacerle la vida mucho más difícil a Ortega, pero mientas éste los “morterea” y los secuestra cada vez que le da la gana, los diputados opositores sólo “berrean” y esperan que el Departamento de Estado les haga el trabajo.
Como he dicho antes, esos 48 votos no saben el poder que tienen. Casi por casualidad y no por diseño han puesto en apuros a Ortega con el nombramiento de los 23 funcionarios públicos, pero fíjense que desde el 20 de abril esos 48 diputados aprobaron pasar a comisión la Ley contra el decretazo de Ortega, han pasado 18 días y todavía hay que esperar hasta la otra semana para ver si la aprueban o no. En realidad, si quisieran, esa ley podría haber pasado en cuestión de días.
Dios quiera que cuando la lleguen a discutir todavía tengan los 48 votos.
Pero veamos más adelante. Si esta gente es seria y se mantiene unida, el próximo enero, cuando tengan que elegir la última directiva de este período, perfectamente podrían tomar el control total de la Directiva y las comisiones y dejar al FSLN reducido a una tercer secretaría.
Éstas son sólo un par de acciones que esta mayoría podría tomar, pero como dice un señor que conozco, éstos creen que a Ortega lo van a controlar a punta de declaraciones en los medios.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A