Remedio peor
Siempre sucede lo mismo con estos políticos, recetando remedios que salen peor que la enfermedad. La ley de moratoria es como querer matar a escopetazos el mosquito que nos pica. Hay que reconocer que existe un problema con los créditos. Que las microfinancieras hace rato dejaron de ser instituciones “sin ánimo de lucro” y que son las responsables de muchos embargos usureros. Pero también todos sabemos que hay mucho deudor fresco por ahí, que no honra sus deudas. Y que, digámoslo, las reglas actuales no son justas ni equilibradas. Pero la solución que se les ocurrió a nuestros políticos fue hacer una ley a la medida de un grupo que reclama fuerte, sin detenerse a pensar en todo el daño que se le hace al país y a las relaciones sanas que deberían existir entre deudores y acreedores.
Empatía
Tratemos de ponernos en los zapatos de los actuales magistrados del Consejo Supremo Electoral. Ampliamente desprestigiados a tal punto que ni en una perrera de barrio los buscarían de jueces, con una elección en las puertas, a punto de vencerse sus periodos, buscando sin mucha vergüenza la reelección en sus cargos y con una elección que puede ser histórica el próximo año. Tratemos de pensar como ellos. A mi criterio, las dos respuestas obvias serían: uno, hacer unas elecciones impecables y supervigiladas en la Costa Atlántica para lavarse un poco la cara, o dos, hacer lo mismo que han hecho siempre, cuidando sí que los resultados sean justos para en el 2011 volver a montar la jugada cuando la gente se confíe.
Vuelve la mula al trigo
Pero lo extraño es que este Consejo Supremo Electoral no parece estar haciendo ni lo uno ni lo otro. Y si todo es como parece, tendremos en la Costa una reedición de las elecciones municipales de noviembre 2008. No aprendieron la lección. La única explicación que le encuentro es que estos señores están tratando de instituir en Nicaragua, a trompones, una forma de hacer elecciones donde la mayoría ya no la deciden los votos, sino los contadores de votos. Y quieren repetirla tantas veces hasta que se vuelva la forma “normal” de elegir.
Dudas
¿Qué sentido tiene no permitir la observación electoral? Ellos deberían de ser los más interesados. Es que si alguien es ladrón y todo mundo lo ve con desconfianza, pues lo más sensato que puede hacer es poner las manos a vista de todo mundo para demostrar que, esta vez, no quiere robar nada. A menos que nuevamente vaya a hacer de las suyas. Pero hay más: ¿por qué no explican cómo están haciendo su trabajo? ¿Por qué no han terminado de publicar los resultados de las lecciones del 2008 y las del 2006? Demasiadas dudas para que salga algo bueno de estos señores
Cazadores de multas
La comisionada Aminta Granera dijo recientemente que la Policía trabajará para cambiar la filosofía con que operan los agentes de Tránsito. Con esta declaración la jefa policial está reconociendo algo que era vox populi: que los policías siempre han estado más preocupados por multar que por regular el tráfico o prevenir accidentes. Y así se les ve escondidos entre matorrales a la caza de infractores, atentos a si la llanta del carro rozó la línea al doblar en la intersección y haciéndose de la vista gorda con el bus que viene contra la vía avanzado a pitazos o que se cruza el semáforo en rojo como bólido atenido a que nadie hace nada contra ellos. Tan empeñados en poner multas los miraba, que siempre pensé que multar era una orden de la jefatura para conseguir un poco más de dinero en su presupuesto. Un negocio, pues.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A