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Un fenómeno natural ha dejado en evidencia una contradicción del gobierno de Daniel Ortega: se denomina defensor de los pobres, pero a los pobres les ofrece más discursos que respuestas reales a sus problemas.
Es la misma contradicción que se observa en Venezuela, nación gobernada por el promotor del “socialismo del siglo XXI”, Hugo Chávez. Mientras la población padece por falta de alimentos, mayor desempleo, menos producción y racionamiento de energía, su Presidente sale a regalar dinero a sus aliados externos.
En Nicaragua, desde mediados del año pasado, se sabía que la sequía provocaría más hambre en zonas rurales. Sin embargo, ahora que la hambruna empieza a recorrer los campos, el Gobierno aparece sin ningún plan para salvar a la gente afectada y niega la gravedad del problema, tratando de ocultar una realidad palpable.
Organizaciones comunitarias y de agricultores, incluso algunas afines al Gobierno de Ortega como la UNAG, han dado pruebas de la falta de alimentos en el campo; y una ONG internacional, Acción contra el Hambre, estima en un informe que al menos 140 mil pequeños productores de granos básicos de Nicaragua fueron golpeados por la falta de lluvias en 2009, en el llamado corredor seco que abarca municipios del norte del país.
Pero el Gobierno, que cada día gasta más en instalar nuevos rótulos gigantes en las vías públicas con la imagen de Daniel Ortega prometiendo el socialismo, insiste en negar la hambruna y asegurar que hay suficiente maíz y frijol para que se alimenten los pobres.
Las comprobaciones de la ONG internacional en el terreno, sobre la inminencia de una “temporada del hambre” o “hambre estacional” más larga y severa, exigen del Gobierno al menos un “programa de apoyo de urgencia para la recuperación de la capacidad productiva (semillas y fertilizantes) en comunidades que dependen de la agricultura”.
Aparte de los discursos del Presidente, culpando al capitalismo y exaltando “a los pobres del mundo”, nadie conoce otra respuesta del Gobierno para espantar la última epidemia de hambre. Fue la Unión Europea, a la que Ortega ha dedicado una colección de insultos, la que dio hace una semana un aporte de 156 mil dólares para familias en riesgo por la sequía, porque en algunos territorios los pequeños agricultores perdieron la totalidad de lo que sembraron el año pasado.
Es obvio que el gobierno del Frente Sandinista (FSLN) está sin dinero, no sólo para afrontar los efectos de la sequía, sino también para invertir, porque desde enero del 2007 confrontó a los principales donantes del país (Europa y Estados Unidos) para quedarse sólo con la protección de Hugo Chávez. Esa política le llevó a usar más dinero en propaganda que en proyectos productivos, sin prever que perdería cooperación, lo que más necesita hoy.
Para obtener clientela política, Ortega repartió gallinas, cerdos y vacas entre potenciales simpatizantes; y hoy, tras la sequía, los campesinos que aún tienen esos animales, los venden o se los comen para sobrevivir.
Tres años después de haber empezado a gobernar, con las promesas de reducir el hambre a cero y el desempleo a cero, Ortega sólo ha demostrado ser un populista más del siglo XXI.
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