Blanco y Negro
A mediados de la década de los noventa
apareció el libro El Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano , de Álvaro Vargas Llosa, Plinio Apuleyo Mendoza y Carlos Alberto Montaner, en el que los autores describían desde su punto de vista las razones del atraso de Latinoamérica: victimización frente a los poderosos (Estados Unidos o sus transnacionales), la propuesta de una gigantesca burocracia estatal como solución a todos los males “del pueblo” y, como colofón, que el individuo no es el responsable de sus éxitos o derrotas.
Traigo el libro a colación porque parece que el presidente venezolano, el teniente coronel Hugo Chávez, se ha tropezado con éste en las últimas semanas y el hombre fuerte de Venezuela ha decidido aplicarlo al pie de la letra. Pobre, parece que no entendió que el libro es una advertencia de lo que no se debe hacer, y por lo visto la palabra “idiota” en el título tampoco le ha despertado ninguna sospecha.
Algunos me dirán que Chávez viene aplicando el mentado manual desde hace años, y puede ser cierto, pero en esta última semana, como regalo de Navidad, ha decidido dar a sus compatriotas “el socialismo” ya no como mera retórica, sino a través de pasos concretos, y por eso es que yo creo que el hombre ha estado leyendo el Manual .
A inicios de esta semana, el diario El Universal de Caracas publicó que Chávez piensa pasar leyes como la de Planificación Pública, la del Poder Popular y la de Propiedad Social.
Uno de los diputados chavistas explica en el artículo que crearán “unidades de producción de base que se conformarán con los consejos comunales y esas unidades se articularán para generar un producto la maquinaria que ensamblará los productos será propiedad social, no será de nadie”.
Los chavistas parece que no se han dado cuenta de que ese modelo fue un monumental fracaso y si quieren ir a verlo en vivo sólo tienen que viajar a Cuba, su socia en el Alba. Nosotros en Nicaragua deberíamos estar claros de lo que significa esa política que aquí se tradujo en el Área Propiedad del Pueblo (APP) en los años ochenta y cuyo único logro real fue bajar las horas efectivas de trabajo diario a sólo dos, algo que se reflejó claramente en la reducción estrepitosa de nuestras exportaciones.
Pero en Venezuela van para allá. Chávez anunció jubiloso que “hay que planificar todo, desde el sector primario, el procesamiento, el transporte, hasta el consumidor final ”. A mí me encantaría saber cómo se puede “planificar el consumidor final”. ¿El señor Chávez piensa que algún burócrata va a decidir qué van a consumir los venezolanos? ¿Cómo van a hacer eso si han demostrado ser incapaces hasta en planificar lo que sí se puede prever, como por ejemplo la demanda energética?
El quinto país exportador de petróleo en el mundo, al que le ha ingresado más de 30 mil millones de dólares en pocos años, tiene hoy que racionar la energía eléctrica en toda la república porque fueron incapaces de crear una nueva matriz energética, algo para lo que fácilmente podrían disponer de fondos si no se dedicaran al despilfarro.
Pero el lema parece ser lo que dijo una señora venezolana en Telesur hace poco: “En la revolución no se cobra, se da”.
Claro que una función de los gobiernos debe ser proteger y preparar a los más pobres para que puedan elevar su nivel de vida y que puedan valerse por sí mismos, pero lo que “se da” alegremente, sin controles ni objetivos, más temprano que tarde se acaba. Aún en la Venezuela que nada en petróleo. [email protected]
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