Es de todos sabido que en el período entre el pasado 10 de diciembre y el primero de junio del próximo año nos libraremos de una buena cantidad de magistrados y funcionarios que han dado pena en sus funciones porque fueron elegidos con criterios partidarios y los cargos les fueron entregados como premio a sus lealtades.
¡Gracias a Dios!, exclamaba la caricatura de Manuel Guillén ayer, comentando la salida del primero de este remedo de funcionarios, el orteguista sicodélico Omar Cabezas. Pero aparte de librarnos de funcionarios mal escogidos, tenemos una excelente oportunidad de haber aprendido la lección y esta vez escoger buenos funcionarios, al menos una buena parte de ellos, porque toda elección se tiene que hacer junto al orteguismo, pues se requiere de 56 votos.
Pero debido a la inmensa desconfianza entre las bancadas opositoras, se ha optado por no escoger a ninguno de esos veinte y tantos funcionarios mientras los liberales no se pongan de acuerdo. Sin embargo, la confianza se logra con hechos, y además, cada caso es distinto en esto de la elección de los funcionarios.
Por ejemplo, en el caso del Consejo Supremo Electoral es buena idea no elegir a nadie hasta que todos se hayan ido en junio y hasta que los opositores hayan acordado quienes son los mejores candidatos, al menos de su cuota (palabra incómoda, pero realista en este caso).
Pero creo sinceramente que la estrategia en el caso de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH) debe ser distinta. En esta entidad, a la que pocos le dan importancia, pero que en las manos correctas sería una inmensa arma para la democracia, debe elegirse cuanto antes a sus máximas autoridades.
Los orteguistas no tienen interés en hacerlo, eso es claro. Ellos quieren esperar a que se les venza el período a todos los veinte y tantos y luego tener un gran combo para ofrecer cargos.
Pero los opositores deberían estar presionando por elegir. Como siempre la oposición ha tomado una posición pasiva y ni siquiera presionó para que se hiciera la convocatoria para la elección, que debió hacerse a finales de octubre (45 días antes de que se le venciera el período a los funcionarios, como dice la Ley).
La oposición debe pasar a la acción por dos razones. Primero porque un buen Procurador de Derechos Humanos ayudará a la democracia, y segundo porque éste sería un ensayo de confianza.
Ya está sonando el nombre de una persona que reúne todas las cualidades de un buen funcionario de esa talla. El señor José Esteban González conoce a fondo el tema de los derechos humanos, es un hombre al que no se le conocen fechorías y es valiente, como lo ha demostrado desde que encabezó la CPDH en los años setenta.
Curiosamente el nombre lo ha propuesto Arnoldo Alemán, pero el currículo de González no deja espacio a dudas. Eduardo Montealegre y su bancada deberían tomarle la palabra a Alemán, exigir que se convoque ya a la elección y comprometerse a que es por él que van a votar para Procurador de Derechos Humanos.
Para convocar a la elección no necesitan ni un solo voto orteguista, si la oposición juega bien sus cartas. Cuando se llegue a la elección, que los sandinistas pongan a quien ellos quieran de subprocurador, pero ya se habrá dado un paso hacia la confianza y al menos una institución estará a salvo.
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