En la columna del viernes 27 de noviembre pasado escribí sobre Odín, el dios supremo en la mitología nórdica o escandinava. Pero Odín también es un personaje histórico, legendario pero humano, según se cuenta en antiguas sagas nórdicas. El asunto es así:
A fines del siglo II y comienzos del siglo I antes de Cristo, Mitridades reinaba en el Ponto. Así se le llamaba a una extensa región que bordeaba al Ponto Euxino, como se conocía antiguamente al Mar Negro. Mitridades era un hombre viejo, pero se enfrentó a los romanos que avanzaban en su propósito de conquistar todo el mundo conocido en aquel entonces.
Mitridades logró que se le unieran los reyes de muchos pueblos pequeños, pero los ejércitos romanos eran superiores y los derrotaron. Entonces Mitridades huyó hacia la Cólquide, en el Cáucaso. Todos lo siguieron menos Odín, cuyo pequeño reino estaba situado entre el Ponto Euxino y el Mar Caspio y su centro era la ciudad de Asgard.
Odín avanzó con su gente hacia el oeste y el norte de Europa. En su marcha iba conquistando a todos los pequeños reinos que encontraba en su camino y los fue dando en administración a sus diversos hijos. En realidad, Odín no quería un nuevo reino para sí mismo, sólo soñaba con el día en que pudiera regresar a Asgard para terminar allí los últimos días de su azarosa existencia.
En su avance hacia el norte, Odín llegó a una isla llamada Fionia y fundó allí la ciudad de Odense, que significa el santuario de Odín. Esta ciudad existe hasta ahora, es la tercera más grande de Dinamarca y famosa en el mundo porque allí nació el célebre escritor de cuentos infantiles Hans Christian Andersen, autor de El Patito Feo , El Traje Nuevo del Emperador , La Sirenita, Las Zapatillas Rojas y otros que siguen siendo muy conocidos hasta ahora.
Donde ahora es Suecia, en la región en la que actualmente se yergue la hermosa Estocolmo, Odín fundó la ciudad de Sigtuna (la historia sueca dice que el fundador fue el rey Erik el Victorioso, más o menos en el año 980 de nuestra era). En Sigtuna, Odín estableció un Consejo Supremo o Tribunal integrado por doce jueces, que velaban por el bienestar del pueblo, administraban la justicia y dirigían el culto religioso que había llevado e instituido Odín.
Siguió avanzando y conquistó el país que en la actualidad se conoce como Noruega (que significa camino al norte, en idioma nórdico antiguo). Allí Odín puso como rey a su hijo Saming, quien fundó una dinastía que gobernó durante mucho tiempo.
Después Odín se instaló en Suecia. Allí, cuando sintió que la muerte estaba cerca, no quiso morir de una enfermedad cualquiera ni que la vejez lo convirtiera en un ser decrépito digno de lástima. De manera que se hizo rodear por sus mejores amigos y colaboradores y, ante ellos, con una lanza se causó nueve heridas en forma de círculos, y luego, con la espada se infligió varias heridas profundas en diversas partes del cuerpo.
Moribundo, Odín dijo a sus amigos que a partir de ese momento volvía a Asgard, donde se reuniría con los dioses en un gran banquete y que allí recibiría con honores a todos los que murieran bravamente en combate.
Después que Odín murió su cuerpo fue incinerado, según la costumbre que él mismo había instituido, y partir de entonces los pueblos nórdicos comenzaron a endiosarlo.
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