Jesús es la Buena Noticia

Si queremos que la humanidad cambie, que nuestro mundo cambie, no podemos temerle a su invitación a la conversión, al cambio, porque Jesús es siempre esa Buena Noticia, ese Evangelio que todos anhelamos. ¡Ven Señor Jesús!

El sionismo y los árabes

El nacionalismo palestino irrumpió en ellos hasta que les llegó por oleadas, a finales del siglo XIX, comenzando como goteo, la inmigración de los israelitas a la tierra que les fue prometida por el mismo Dios de ambos pueblos. Está escrito en la Biblia.

El amor a Dios y al prójimo van juntos

El cristiano que no ha aprendido este mandamiento básico, es un verdadero analfabeto en la fe. Por eso, San Juan nos dice: “Quien no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1Jn.4,8).

Dar al César lo suyo y a Dios lo suyo

Dar al César lo que es del César es darle a los poderes de este mundo su puesto: Ser servidores del pueblo y estar en función del pueblo. Poner a Dios en el sitio que se merece es ponernos todos también en el sitio que nos merecemos.

Amar es corregir

«Si alguno de ustedes se desvía de la verdad y otro le convierte, sepa que el que convierte a un pecador de su camino desviado, salvará su alma de la muerte y cubrirá multitud de pecados». (St. 5,20).

¿Quién soy yo para ti?

Hay que preguntarse ¿en qué Iglesia creo y qué es la Iglesia para mí? La fe en Dios, en Jesús, en el Evangelio, en la Iglesia necesita ser revisada constantemente para que no caiga en la monotonía.

Vengan, tomen, aprendan

El Señor nos enseña a no tener miedo de seguirlo, porque la esperanza que ponemos en Él no será defraudada. Estamos llamados a aprender de Él para ser instrumentos de misericordia, de mansedumbre y para que aprendamos a ser humildes y misericordiosos con los demás.

Los valores de Jesús

Quien sigue a Jesús y hace suyos los valores que marcaron su vida, ciertamente que empieza a vivir y construir el reino de Dios: Se hace hombre nuevo y empieza a construir una nueva sociedad (Mt.13,44-46).

Corpus Christi, una vida compartida

La eucaristía es pues el símbolo del amor de Cristo hacia los hombres y, por ello, el símbolo de amor de y para todos cuantos en ella participan: el símbolo de su amor, que nos une a todos por amor.

Lo declaro con orgullo: ¡Creo en mi Dios!

Y creo y entiendo ser creyente en la Santísima Trinidad, es quien ofrece amistad, quien construye humanidad, quien cultiva el perdón, quien promueve solidaridad, quien lucha por la justicia…

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