Los valores de Jesús

Me pidieron escribir sobre los valores de Jesús, aquí se los mando. Espero te ilumine y oriente. 

Hoy se habla mucho en todos los sectores de la sociedad de la necesidad de ir al rescate de los valores perdidos o nunca tenidos, pero que son indispensables para llevar una vida digna y una convivencia humana verdaderamente fraterna. 

Todos somos más o menos conscientes y aceptamos que los valores ayudan a crecer y hacen posible el desarrollo armonioso de todas las capacidades del ser humano… 

Nos encontramos, sin embargo, con la paradoja de que lo más valioso no ocupa el lugar más importante en nuestro mundo. ¿Pero de qué valores hablamos? Aquí está el problema, en ponernos de acuerdo en cuáles son esos valores y cuál debe ser su jerarquía.

El joven rico buscaba como supremo valor de su vida «el tener» (Mt.19,22). Y Jesús le dijo: “Estás equivocado… ¡Qué difícil le va a ser a un rico entrar en el Reino de los cielos” (Mt.19,23). A un hombre se le mide por sus valores, no por sus riquezas.

Los Maestros de la Ley buscaban como valor supremo de la vida y la convivencia «el cumplimiento de las leyes» (Mc.3,1-6); pero Jesús, curando al paralítico en sábado, les estaba diciendo que por encima de las leyes estaba la dignidad del ser humano, su vida. 

El apóstol Tomás tenía como valor supremo de la vida «todo lo que se toca y se palpa» (Jn.20,25). Y Jesús le dijo; “Estás equivocado; por encima de todo eso está la fe” (Jn.20,27).

Los sacerdotes judíos ponían como valor supremo «el culto y el templo»(Lc.10,29-32). Y Jesús les dijo: “Están  equivocados; por encima del culto y el templo está el amor (Lc.9,13).

Los  fariseos ponían como valor supremo de la vida las apariencias y el figurar (Mt. 23,5-7); pero Jesús les dijo: “Están equivocados… Con echárselas nadie entra en el reinado de Dios, sino cumpliendo con la voluntad del Padre” (Mt. 7,21).

Por eso es que es importante en la vida tener una jerarquía de valores, donde hay tesoros por los que merece la pena venderlo todo para poder adquirirlos, y hay pseudovalores por los que no merece la pena ni mover un dedo.

El dinero es un valor; pero, por encima del dinero está la dignidad de toda persona humana, la vida, la familia, la justicia, la honradez…

El trabajo es un valor; pero por encima del trabajo está la vida, la familia, el respeto a los derechos de los demás.

La ciencia y la sabiduría son un valor; pero por encima de ellas está el respeto a la dignidad de toda persona humana y sus derechos.

Divertirse es un valor; pero por encima está el realizarlo sanamente y con responsabilidad.

Las leyes son un valor; pero para nada valen si se ponen por encima de los derechos y la dignidad humana.

Por eso Jesús nos dice: “No amontonen tesoros en la tierra que la polilla y el orín los corroan o los ladrones los roben” (Mt.6,19). “¿De qué les vale ganar el mundo entero, si luego pierden la vida?” (Mt.16,26).

Los valores por los que luchamos dicen lo que somos cada uno: “Donde pones tu tesoro, allí está tu corazón” (Mt.6,21). Como decía Albert Einstein: «Procura no ser un hombre con éxito, sino un hombre con valores».

Para nosotros, los cristianos, no existe valor más importante que nuestra perla preciosa; nuestro tesoro, como cristianos, no es otro que Jesús y su mensaje. Quien sigue a Jesús y hace suyos los valores que marcaron su vida, ciertamente que empieza a vivir y construir el reino de Dios: Se hace hombre nuevo y empieza a construir una nueva sociedad (Mt.13,44-46).

El autor es sacerdote católico.

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