Exministro de Educación en Nicaragua durante el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro. Escritor e historiador. Permanece en el exilio desde 2021, en Estados Unidos, tras una orden de captura en su contra. Fue desnacionalizado por el régimen orteguista en 2023.
Obviamente Somoza García fue un dictador, no un santo… Pero qué pequeñas se ven sus negruras cuando las comparamos con las de la tiranía actual, entre ellas: 360 muertos en las protestas de 2018, la expropiación y expatriación de centenares, y una impopularidad tan extrema…
La realidad suele tener muchos grises. Este es el caso de los Somoza. Sus tres protagonistas tuvieron aspectos negativos y positivos que es preciso reconocer sin menoscabarlos ni exagerarlos.
La sensación de sentirse importante y tener dominio sobre los demás y peor, sobre un país entero, marea a cualquiera. Abundarán los cortesanos que endulzarán los oídos del poderoso invitándolo a divorciarse de la realidad y a que trate de aumentar siempre su poder.
Los Estados están para servir a la ciudadanía y no para servirse de ella. Es prioritario desarrollar metodologías para la medición de resultados, fomentar la rendición de cuentas y eliminar personal sobrante.
El paranoico piensa, a veces correctamente, que no es amado, que en las sonrisas adulonas de sus seguidores hay cuchillos ocultos, por eso prefiere ser temido. Consideran que el temor es mejor cemento que el amor. Las purgas y los castigos a personajes cercanos sirven para mandar el mensaje deseado: nadie está a salvo.
Sólo imaginemos una Nicaragua donde en lugar de ser dos tercios quienes crecen sin padre o en hogares rotos fuesen dos tercios los que lo hagan con sus padres y madres biológicos. No serán estos necesariamente hogares ideales, pero, y con todo a sus seguros defectos, serían nido de mejores y menos pobres ciudadanos.