¿Qué tan malos fueron los Somoza?

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Según los textos de historia que leen nuestros alumnos bajo el gobierno de los Ortega Murillo, los Somoza fueron una tiranía dinástica, impuesta por el imperialismo; una que puede considerarse entre las peores del continente: por más de cuarenta años mantuvieron aplastado y sin libertad a su pueblo mientras robaban, torturaban, asesinaban y perseguían a sus opositores.

¿Qué tan cierta es esta versión? Conocer la respuesta es una obligación moral. Construir una Nicaragua nueva requiere hacerlo sobre la verdad y no sobre mitos o falsedades. Esto exige un esfuerzo de objetividad que nos cuesta: tendemos a ser apologistas apasionados de quienes nos simpatizan y detractores implacables de nuestros contrarios.

Sin pretender estar libre de simpatías y antipatías, ni de ser un maestro en historia, trataré en estas reflexiones de dar una visión lo más veraz posible con base en las informaciones disponibles. Lo inicio con esta advertencia: rara vez, si acaso alguna, existen malos o buenos absolutos. Sólo la propaganda de los fanáticos describe el mundo como escindido en blanco y negro. La realidad suele tener muchos grises. Este es el caso de los Somoza. Sus tres protagonistas tuvieron aspectos negativos y positivos que es preciso reconocer sin menoscabarlos ni exagerarlos.

Comencemos con el primero: Anastasio (Tacho) Somoza García. Tacho fue indiscutiblemente un dictador empeñado en hacerse del poder y mantenerlo aún a costa de romper el orden constitucional. Subió a la Presidencia en 1936 tras dar un golpe de Estado al presidente legítimo Juan Bautista Sacasa. En 1947 dio otro golpe contra el presidente recién nombrado Leonardo Argüello. Como jefe del estado mayor del ejército autorizó el asesinato de Sandino. Varias veces cambió la Constitución para reelegirse, con la complicidad de los siempre sumisos diputados. También es cierto que se enriqueció con las ventajas que da el poder, que compró voluntades con favores y prebendas; que abusó de bienes del Estado —utilizando por ejemplo tractores y equipos públicos en sus propiedades— y que recibió jugosas coimas de las compañías mineras. Igual cierto es que fraguó fraudes electorales —como el de Argüello— y que en una ocasión cerró el Diario LA PRENSA.

Menos cierta es la versión que fue impuesto y mantenido por Estados Unidos. Sus fuerzas de ocupación lo nombraron jefe de la recién creada guardia nacional por su dominio del inglés y capacidad administrativa. Pero la intención era que manejara un ejército apolítico con la mitad de sus oficiales liberales y la otra mitad conservadores. El presidente Sacasa fue el primero en alterar este equilibrio a favor de los liberales. Somoza terminó de rematar este proceso purgando a quienes no consideraba leales. Luego terminó haciendo del ejército su instrumento para encumbrarse y mantenerse en el poder. Pero no sería un títere de los deseos de Washington. En palabras de John J. Tierney Jr.: “Él hizo lo que la mayoría de los aspirantes a políticos hicieron en la Nicaragua del siglo XX antes que él: usar a Washington como una palanca política para promover y cimentar sus propias ambiciones internas”.

El rol de Tacho en el asesinato de Sandino también tiene matices importantes. El primero es que la decisión fue tomada por todos los oficiales del estado mayor de la GN. Somoza dudaba. Como jefe supremo del Ejército el cargaría con la responsabilidad del hecho, por lo que al momento de capturarlo sugirió apresarlo en lugar de matarlo. Esto fue denegado por sus compañeros. Para curarse en salud él les exigió que firmasen un acta aprobando el magnicidio, cosa que todos hicieron. Tal decisión tampoco fue sugerida ni apoyada jamás por el embajador de Estados Unidos, como frecuentemente se afirma. El segundo matiz es que la oficialidad consideró inevitable el asesinato pues Sandino hacía exigencias inaceptables, como mantener un ejército independiente en un sector de Nicaragua y que Sacasa le diera armas y neutralizara a la GN.

Tampoco es cierto que fue gracias a Estados Unidos que Tacho se mantuvo en el poder. El tema, como todos los demás, tiene matices que habrá que analizar más adelante en el que habrá que abordar otro también controversial: el de la dureza o suavidad de su dictadura. Seguiremos.

El autor es sociólogo e historiador. Autor del libre En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.

Opinión

COMENTARIOS

  1. Hace 1 año

    El fundador de la dinastía Somoza fue preferido por los EE.UU. no porque hablaba ingles perfectamente sino mas bien que era el único funcionario de la Administracion Moncada que no era un borracho consuetudinario. Era el unico funcionario que no estaba ‘picado’ todo el tiempo segun los informes del Departamento de Estado de esa época.

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