Un terrible dictador que se quedó pequeño

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Revisitar la trayectoria de los Somoza, estereotipados por la propaganda sandinista como terribles tiranos, es útil para rescatar la verdad histórica y compararla con el presente. Uno de los mitos a desmontar es que la permanencia de Anastasio Somoza García en el poder se debió al apoyo de Estados Unidos. Cierto es que él se esmeró en cultivar buenas relaciones con ellos. No lo es que haya necesitado de su auxilio para gobernar. La ayuda militar y económica que le brindaron fue muy modesta.  Su pequeño ejército de cinco mil soldados sólo llegó a tener cuatro tanques de guerra suministrados por Israel, en gratitud por haber sido reconocido por Nicaragua en 1948.

Tampoco es cierto que las relaciones hayan sido siempre armónicas. En 1947, cuando dio un golpe de estado al liberal Leonardo Argüello, Estados Unidos no reconoció al nuevo gobierno y le suspendió la ayuda y el entrenamiento militar para la GN, además de retirar al director de la Academia Militar coronel John F. Greco 7. La armonía volvió a reestablecerse nueve meses después de asumir la presidencia interina Víctor Manuel Román y Reyes.

Como nota al margen vale señalar que el mito del incondicional apoyo norteamericano fue alimentado, en parte, por el sensacional recibimiento que le hizo el presidente Roosevelt en 1939. En el desfilaron 6,000 soldados, 751 oficiales de policía, 400 bomberos, 30 tanques de guerra y diez superfortalezas volantes. Lo cómico del caso es que semanas después su majestad británica fue recibida con un despliegue similar, sugiriendo que lo de Somoza había sido un ensayo para afinar el protocolo. Pero lo que las noticias transmitieron en Nicaragua fue que Estados Unidos adoraba al general Somoza, cosa que él supo explotar.

En sus veinte años en el poder Somoza jamás tuvo necesidad de recurrir al auxilio de fuerzas externas. Su gobierno logró solidez gracias a sus habilidades administrativas y políticas: modernizó al Estado, logró superávits fiscales y estabilidad cambiaria, y precedió una economía pujante. También promovió una legislación laboral avanzada con la asesoría del mejicano socialista Lombardo Toledano. Estas y otras medidas le valieron el apoyo del movimiento obrero organizado y el de la clase empresarial. En 1939 las cámaras de comercio le obsequiaron un agasajo de gala, “como homenaje de simpatía y reconocimiento por el interés que el mandatario ha demostrado por el mejoramiento económico de la nación”.

En 1950, tras el famoso “pacto de los generales”, en que acordó con su opositor Emiliano Chamorro celebrar elecciones libres, Somoza lo derrotó por 153,297 (75.63 por ciento) votos, versus 49,401 (24.37). Aunque surgieron las infaltables denuncias de irregularidades, el mismo Diario LA PRENSAreconoció la validez del escrutinio. El hecho incuestionable es que para entonces Somoza había recuperado buena parte de su legitimidad y gozaba del apoyo de la mayoría de la población. Realidad que también desmonta otro mito: que necesitó recurrir al derramamiento de sangre para mantenerse, versión apuntalada por la famosa frase de las tres P, que se le atribuyen sin base alguna: “Plata para el amigo, Palo para el indiferente, y Plomo para el enemigo”.

Valgan de ejemplo los disturbios de 1944, cuando por sus afanes reeleccionistas tuvo que enfrentar grandes protestas callejeras. Estas ocurrieron cuando casi simultáneamente protestas similares sacudían las dictaduras de Ubico en Guatemala y de Hernández en El Salvador. Pero mientras estas produjeron centenares de muertos, en Nicaragua no hubo uno solo.  Más bien, poco después Tacho haría algo en que los Somoza fueron pródigos: otorgar una amnistía para todos los detenidos y exiliados. Otra nota reveladora es que mientras estuvo exiliado su principal opositor, Emiliano Chamorro, Tacho permitió que le siguieran remitiendo las utilidades de sus fincas.  

Obviamente Somoza García fue un dictador, no un santo. Se le pueden atribuir innumerables abusos he incluso responsabilizarlo por la represión sangrienta que ocurrió tras el intento de asesinarlo en abril de 1954, en la que perecieron 22 involucrados. Pero qué pequeñas se ven sus negruras cuando las comparamos con las de la tiranía actual, entre ellas: 360 muertos en las protestas de 2018, la expropiación y expatriación de centenares, y una impopularidad tan extremaque para mantenerse en el poder requiere de cien tanques soviéticos, 30,000 uniformados y 80,000 encapuchados armados.

La historia es buena para conocer y comparar.

El autor es sociólogo e historiador, fue ministro de educación y es autor del libro “Buscando la Tierra Prometida, historia de Nicaragua 1492-2019”, disponible en librerías locales y en Amazon.

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