Periodista nicaragüense exiliado, columnista en medios de comunicación internacionales y fundador del Partido Liberal Conservador Clásico (OPA) y del Foro Anticomunista de Miami. Es analista político en diversas organizaciones.
El desexilio involucra no solo a Estados Unidos en la fase final de su programa sino también a las autoridades migratorias de México y Guatemala, como a cada país una vez repatriados. Se trata de gente que en su mayoría no tienen donde vivir, ni seguros médicos ni trabajos dignos que los esperen para una inserción más estable.
¿Dónde está el general Romeo Vásquez? Ellos, el pueblo, saben dónde está, acusando a los culpables de tanto crimen y caos. Ellos lo saben, menos Mel Zelaya ni «el Familión».
Corresponde pues, ahora, no solo al presidente Donald Trump sino a toda la ciudadanía continental apostar y apoyar esta lucha, la cual no solo es retórica ni conceptual, sino humana y necesaria para que nuestros pueblos, que no han gozado de la libertad y la democracia debida, sepan los bueno que es vivir en ella para alcanzar la paz y la felicidad social.
En el caso de Nicaragua el país no da para más. La represión, la cárcel y la persecución política alcanzan ya no sólo a los opositores al orteguismo sino también hasta a los propios militantes, funcionarios y colaboradores, en una cacería de brujas nunca antes vista.
El pueblo latinoamericano está viendo en la gestión de Trump la posibilidad real de la salida de estas tiranías y la oportunidad de lograr el retorno, la repatriación y la oportunidad de vivir y ser libres en sus propios países a millones de gentes que fueron echadas al vacío.
Cualquiera que gane garantizará un porvenir certero y prominente para Bolivia, de eso tratan los nuevos tiempos que se avecinan, alejándose del estercolero al que nos ha sometido el socialismo o castro chavismo del siglo XXI.