Unidad liberal y apertura a futuras alianzas con sandinistas disidentes

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Aunque ya las señales para la salida de los regímenes del castrochavismo están dadas desde el marco de la geopolítica, corresponde a los propios ciudadanos pertenecientes a los países de este eje perverso asumir sus propios liderazgos y responsabilidades, para sacar a la Cuba castrista, la Venezuela chavista y la Nicaragua de los Ortega Murillo, para aunar esfuerzos en la reunificación de las fuerzas liberales y de derecha con la inclusión de algunas disidencias que hayan pertenecido a este borrascoso sistema y que han conservado sentido de la honestidad, que fueron engañados, que buscan la reivindicación y que han sufrido también el flagelo orteguista.

Este es el caso de Nicaragua, en donde la dictadura de Daniel Ortega está tocando fondo en medio de la vejez y los achaques de su principal “comandante” y de una severa crisis política interna que continúa encarcelando a sus viejos camaradas (casos de Álvaro Baltodano y Bayardo Arce), vigilando a la ciudadanía sobre todo al estudiantado y continuando la represión y encarcelamiento a cuando sospechoso ciudadano emerge de sus listados estalinistas.

Mientras en Cuba el liderazgo lo sostiene una cumbre de momias castristas encabezados por Raúl Castro en contubernio administrativo con Díaz Canel (Can él), en Venezuela la casta del juego del trono enfrenta graves divisiones por cuotas de poder y movimientos propios de salvación por cada quien, lo que tiene a Nicolás Maduro al borde de la desesperación.

En Nicaragua el binomio al mando entre Ortega y la copresidenta Rosario Murillo no logra mantener el equilibrio necesario para su sostenibilidad; pero, además, aunque hay visos de sucesión dinástica, no existe capacidad política fehaciente en ninguno de los descendientes de la pareja dictatorial, quedando una oleada interna de autoconspiradores que ampliará las purgas internas y el canibalismo político.

Si bien es cierto que los sucesos imprevistos pueden salir de la manga del conejo en cualquier momento, se impone la agenda de la unidad liberal y de la derecha. Hablemos claro y sin pelos en la lengua. Nadie tiene aún ejércitos de afiliados y de militantes. Duro decirlo, pero es la realidad. Lo que hay es la aparición de dos o tres partidos políticos nuevos que están sumando militancias, pero aún falta más, y es hora de romper mezquindades y capillas de ensueño y decirle a la gente que se una en la diáspora y dentro de Nicaragua.

No obstante este hecho, lo más importante viene dándose: la imperante necesidad de unirse, lo que ya está en la conciencia colectiva dentro y fuera del país.

Lo otro, la histórica piedra en el zapato para una pretendida unidad política más amplia: la inclusión en alianza con la derecha de algunos sandinistas ahora disidentes del partido FSLN, la cual debe darse tomando en cuenta sobre todo a aquellos que provienen de las nuevas generaciones y que no tomaron parte en crímenes ni saqueos. Existen sandinistas buenos, arrepentidos, que no mataron y que no robaron, eso es innegable; como también lo es que es en el liberalismo donde reside la mayor reserva política electoral.

Abrir las compuertas para la unidad liberal y de la derecha total resulta ser la primera agenda de nación y una vez consolidada o en proceso, tender puentes con dichos sandinistas e incluso con algunas bases que tomen distancia de las fracasadas castas propietarias de muchas organizaciones de la sociedad civil.

Bienvenidas pues, esas nuevas generaciones políticas y de nuevos partidos políticos al llamado de la historia actual, esa que a todos nos involucra, para alcanzar la libertad en Cuba, Venezuela y Nicaragua.

El autor es escritor y periodista nicaragüense exiliado en Estados Unidos. Columnista internacional y presidente del partido Organización Política Accionaria (OPA).

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