Periodista nicaragüense exiliado, columnista en medios de comunicación internacionales y fundador del Partido Liberal Conservador Clásico (OPA) y del Foro Anticomunista de Miami. Es analista político en diversas organizaciones.
Cuba tendrá su ritual de silencios y al final explotará el derrumbe final, mientras que en Venezuela, la espada sigue cayendo sobre el escamoso pellejo de Nicolás Maduro, máxime ahora que el secretario de Estado, Marco Rubio, dijera que a este hay que enfrentarlo con algo más que recompensas.
Nicaragua requiere de una nueva institucionalidad, y esta sólo será posible empezar a construirla con nuevos partidos, sobre todo de derecha, pero con un peso específico moral contundente en las mentes de quienes los impulsan: una nueva mentalidad de transparencia hacia el respeto de los bienes ajenos y una aplicación rigurosa de la justicia y el desarrollo.
Abrir las compuertas para la unidad liberal y de la derecha total resulta ser la primera agenda de nación y una vez consolidada o en proceso, tender puentes con dichos sandinistas e incluso con algunas bases que tomen distancia de las fracasadas castas propietarias de muchas organizaciones de la sociedad civil.
El fin del régimen está cerca, más ahora cuando por una y muchas vías se filtran noticias alrededor de la dictadura. Afloran desde meses atrás descontentos de cuadros altos, medios e intermedios del Ejército. Algo similar se comenta de ciertos miembros de la Policía y en las estructuras del Estado…
Que la ley impere y que esta propuesta Ley Dignidad dignifique a quienes, desde el poder político, dignen con sus hechos y sus derechos humanos la prolífica herencia humana de la gran nación de los Estados Unidos de América. Amén.
No podemos aspirar a tener autopistas cosmopolitas ni trenes balas ni acabar de sopetón con la pobreza, sin antes desarticular esa dañina mentalidad que, a golpe de influencias nefastas, inocularon a muchos inocentes en la depresión socialista, el parasitismo izquierdista y el atraso marxista en sus cabezas.