Periodista nicaragüense exiliado, columnista en medios de comunicación internacionales y fundador del Partido Liberal Conservador Clásico (OPA) y del Foro Anticomunista de Miami. Es analista político en diversas organizaciones.
“Lora vieja no aprende”, y si la lección de que la lucha para que haya un cambio en Nicaragua debe ser a través de un diálogo político partidario, como es lo normal en el mundo desde que la política existe, como lo está haciendo Donald Trump al promoverlo con Ucrania y Medio Oriente, difícilmente lo aprenderán.
El diálogo político sigue y seguirá siendo la única salida a esta crisis, obviamente, con el apoyo de la comunidad internacional y la visión estadística y de nación que posean los que lo lleven a cabo, conscientes del daño que se le ha hecho al país y demostrando que es posible soñar con una primavera auténtica.
La jefa del gobierno mexicano ha enarbolado el sentir soberano como herramienta para dilucidar su frivolidad hacia el país del Norte, exagerando con mandar tropas a la frontera y obviando las duras críticas hechas a ella sobre sus silenciados encomios hacia el narcotráfico.
A propósito de la reciente muerte de nuestro Nobel, Mario Vargas Llosa, quien además de su gloria literaria deja un gran legado a la humanidad entera al haber roto a temprana edad con la Revolución cubana, decía que Cuba, Venezuela y Nicaragua son ejemplos del fracaso del socialismo y comunismo, como en efecto lo es.
Ante esta realidad, se debe ver qué hacer, no quedarse de brazos cruzados y una salida quizás sea sacar a relucir nuestro ímpetu, nuestro espíritu, nuestro decoro y nuestra herencia ancestral y emocional, y repensar en nuestro retorno al suelo que nos vio nacer.
En regímenes totalitarios no existen partidos democráticos, los que hay son satélites del partido de turno, por eso desde el exilio y a lo interno deben crearse partidos políticos para enfrentar cívicamente y con el apoyo internacional, a las dictaduras y propiciar la salida de esos regímenes.