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Es asombrosa, dudosa y hasta peligrosa la actitud de muchos quienes desde la llamada “oposición” de la sociedad civil a Daniel Ortega y a su régimen, pretenden tumbarlo sin decir cómo, con qué recursos, cuándo, dónde y cómo serán capaces de tronarlo del poder absoluto que posee, si no pasan de la misma cansona actitud discursiva y meta ilusionista, con la que han actuado desde 2018 a la fecha. Es algo aberrante y que de verdad preocupa pues de seguir así las cosas, tendremos ortega-sandinismo para rato. Y para buen rato.
Pero además esta conducta irracional y onanista, nació con determinadas herencias y vicios que, irremediablemente la condenan al fracaso. Por ejemplo, su origen político vinculado en gran medida al sandinismo, sus desmedidas ambiciones presidenciales, sus desmesurados comportamientos similares a la clase política que atacan y sus incoherencias ideológicas, navegando en turbias aguas acentuadas en la izquierda, el marxismo cultural y el distanciamiento a la doctrina liberal y conservadora. Las excepciones, que las hay, son pocas.
También existen otras características dentro de esa falsa y funcional oposición al régimen de Managua, como sus desatinados exabruptos políticos, que se tambalean o cambian de color en dependencia de las circunstancias.
Meses atrás, un comentarista de redes sociales desde Costa Rica entrevistó a alguien de esos autonombrados “líderes” opositores, y, momentos antes que dijera quien era, lo presentó como a alguien “de la derecha”, aduciendo que en su programa había libertad ideológica y así como llevaba a gentes de la izquierda, también —en esa oportunidad—entrevistaría a alguien opuesto a las ideas comunistas, marxistas y castro-chavistas.
Ante semejante anuncio me acomodé en la silla, dejé de hacer lo que estaba haciendo y me sentí contento de ver a alguien con cuya ideología he comulgado desde siempre. Pero cuál fue mi susto cuando menciona al personaje referido, siendo este otro más de los faranduleros de esa sociedad civil “opositora”, quien anteriormente había sido parte de esa misma estructura, pero funcionalmente servil a la dictadura. Mi decepción, obviamente, fue grande.
Tampoco en esta lucha la pityprensa (ese periodismo beneficiado en tantos países por Estados Unidos y a la vez crítico del “imperio norteamericano”), logra ubicarse, desentonando con su lucha ahora libertaria y democrática, pero con personeros que arrastran un pasado violento y perverso incendiariamente hablando, con un pasado que va desde representantes de la prensa oficial del periódico Barricada en los 80, pasando por las subsiguientes corrientes mediáticas del sandinismo ahora opositoras al orteguismo.
En este pantano, estos grupos, los opositores autonombrados en florecientes oenegés y la pityprensa, pernoctan, deambulan, debaten, hablan, dan conferencias, publican libros y hacen lo que sea necesario por mantenerse en la palestra de la opinión pública y en las redes sociales, pero no aterrizan.
Al menos Arturo Cruz planteaba un “aterrizaje suave”, pero estos, nada. A no ser la manutención de una oposición gaseosa, cebando reuniones o en visitas a embajadores y líderes políticos (muchas veces fraudulentas) y viviendo —aunque digan lo contrario—, de esa buena vida que el destino les ha deparado después de la última insurrección.
Hay un buen dicho popular el cual señala que “lora vieja no aprende”, y si la lección de que la lucha para que haya un cambio en Nicaragua debe ser a través de un diálogo político partidario, como es lo normal en el mundo desde que la política existe, como lo está haciendo Donald Trump al promoverlo con Ucrania y Medio Oriente, difícilmente lo aprenderán.
Esa es la verdadera causa de la infértil batalla por la democracia por la que ellos, supuestamente, luchan. Y ese diálogo, guste o no, debe ser con Daniel Ortega y su equipo, ante una oposición política acuerpada por la comunidad internacional, no improvisada y menos aún manipulada, como ocurrió con los jóvenes del 2018; ni con una Iglesia católica que no logró posicionarse. Es momento de salir de la ceguera política y hacer valer de una buena vez las banderas nobles, éticas y puras de la real política, a través del diálogo político.
El autor es periodista, escritor y político nicaragüense exiliado en Estados Unidos, Columnista internacional. Preside el Partido derechista Organización Política Accionaria (OPA).