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Si el día de mañana tanto el régimen de Daniel Ortega como la comunidad internacional en su conjunto sorprenden al pueblo nicaragüense hablando de un posible diálogo político entre el ente oficial y la oposición política, esta iniciativa sería inviable, ilusa y fuera de toda lógica, pues al día de hoy no existe ninguna fuerza con caracteres esenciales de una estructura de tal magnitud, con musculatura, trayectoria y habilidad emocional negociadora capaz de ser reconocida así por los operadores internacionales, para sentarse a una mesa frente a Daniel Ortega o a sus emisarios, y este o estos, por su parte, además de sus ínfulas autoritarias, dirían no estar dispuestos a perder su tiempo con interlocutores de bajo calibre. La realidad, sin tapujos ni pelos en la lengua, es esa.
Es esa, indiscutiblemente, la realidad, a no ser que se esté pensando en que dicho encuentro (de llegar a darse bajo dichas diatribas), vaya a darse entre la camada oficial del partido sandinista y sus ahora disidentes acuerpados en la agrupación Unamos, lo que no aceptaría el pueblo democrático antisandinista; ni con sus subgrupúsculos como Monteverde y el numeroso enjambre de champiñones sociales establecidos en la llamada sociedad civil opositora, que ni de lo uno ni de lo otro tiene nada, partiendo de la escasa membresía que posee, a pesar de haber contado con el suficiente tiempo y los abultados recursos para haber creado, desde 2018 a la fecha, una robusta oposición cívica que desde las portentosas avenidas de las ciudades extranjeras hiciese temblar a la dictadura en sus concentraciones y marchas con tantas gentes. Pero ¡qué va!, lamentablemente no es así.
Esto así quedó demostrado en la última convocatoria del pasado 30 de mayo de 2025, cuando apenas lograron reunir a unas 21 personas, incluyendo al padre Benito, su supuesto organizador, un sacerdote que se ufana de decir que no es político y quien por lo tanto sería otro más de los desclasificados por el mundo entero y por el propio Ortega por aseverar —en este caso con justificada razón—, que por no pertenecer a esa nomenclatura, la de la política, no cabría en un incierto, pero necesario, diálogo político. Es obvio que estas entidades tienen su lugar y su importancia, pero como brazos y tendidos sociales de toda vanguardia política negociadora.
En este sentido es importante volver a las herramientas de la realpolitik, es decir, de la política pura, realista y práctica, la que se viene estructurando desde las bases liberales dentro del país, aunque con mucho sigilo y prudencia.
La ciudadanía no puede seguir bajo las actuales circunstancias sociales y políticas. Ya hubo un contundente fracaso en el primer impulso de diálogo en el propio 2018, mientras humeaba aún la pólvora de los tranques en las protestas, el cual fracasó ante la carencia de operadores políticos realmente opositores y no compuesto por jovencitos irreverentes, valientes, pero manipulados, así como por algunos políticos provenientes del sandinismo.
Aun así, no todo está perdido. Desde el pasado 28 de agosto de 2023 se dio a conocer públicamente en el Diario LA PRENSA de Nicaragua (https://www.laprensani.com/2024/08/29/opinion/3372060-propuesta-plantea-esperanzas-y-empatia-para-el-pueblo-sufrido) y en una docena de medios internacionales, el documento de la Ruta hacia la democracia, elaborado entre otros por Valmore Valladares y Alejandro Hurtado como miembros reclamantes del histórico Partido Liberal Independiente (PLI), quienes ahora están presos por sus críticas y oposiciones al régimen, pero conscientes de que al no haber otra salida a la crisis, el diálogo político, con el apoyo de la comunidad internacional, sería y sigue siendo la única opción que podría conducir a una apertura que conlleva a unas elecciones libres y transparentes.
Dicha ruta fue dada a conocer en ese momento al propio régimen, a la comunidad internacional desde el exterior y al cuerpo diplomático acreditado en Managua, así como a algunos sectores empresariales, religiosos, sindicales y otros.
Invito a leer y a conocer dicho Documento, el cual, en las actuales circunstancias, no puede pervertirse quedando en el olvido o ser utilizado con otras intenciones. En el mismo, desde un inicio queda establecido el comportamiento de un “desempeño equívoco” en la administración y sostenimiento del régimen, asimismo están planteadas las alternativas para rondas iniciales de conversaciones que permitan un posterior entendimiento entre este y las fuerzas políticas en interacción así como una ronda internacional que de hecho reivindicaría el papel humanista y cooperante de gobiernos y organismos como Estados Unidos, la OEA, la Unión Europea, el Vaticano y otros.
Ante un pueblo atemorizado, pero no doblegado y ante una diáspora con graves amenazas de deportación y problemas migratorios, deben visualizarse las oportunidades encarnadas en las propias dificultades, y debe pensarse también en un retorno para la reconstrucción del país, para lo cual se necesita saber qué importante es la política cuando se trata de la felicidad y prosperidad de los pueblos. Ojalá no lo entendamos demasiado tarde. La Ruta hacia la democracia nos lo recuerda.
El autor es escritor, periodista y político nicaragüense exiliado en Estados Unidos. Columnista internacional y presidente del partido de derecha OPA.