Aunque en las últimas semanas se registraron lluvias intensas, que incluso causaron inundaciones en algunas zonas del país, El Niño sigue generando estragos en el ciclo productivo. Según la más reciente actualización del Ministerio Agropecuario (MAG), en octubre el acumulado de precipitaciones se mantuvo por debajo de lo normal en gran parte del territorio. Además, la humedad y las altas temperaturas están propiciando la proliferación de plagas y enfermedades. Entre los cultivos afectados están: maíz, caña, maní y café.
Las zonas más afectadas por la escasez, y en algunos casos ausencia total de lluvia, son especialmente municipios del Corredor Seco, que según datos de 2024 del Programa Mundial de Alimentos (PMA) abarca 44 municipios ubicados en Madriz, Nueva Segovia, Estelí, Matagalpa, Chinandega, León, Managua, Masaya, Granada, Carazo y Rivas. Sus habitantes se dedican fundamentalmente a actividades agrícolas, sobre todo a la producción de granos básicos para el consumo propio, pero venden el excedente en el mercado nacional, para adquirir otros alimentos.
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Desde el inicio del ciclo productivo 2026-2027, entre finales de mayo e inicios de junio, el Ministerio Agropecuario (MAG) está reportando afectaciones por la escasez de lluvia y el desarrollo de plagas y enfermedades, pero hasta ahora ninguna autoridad cuantifica el daño. En medio de este silencio, la semana pasada el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter) confirmó que El Niño está evolucionando hacia una categoría «muy fuerte». Este fenómeno se extenderá hasta el primer trimestre del 2027, por lo que la siembra de apante podría sufrir daños mayores.
Autoridades reportan daños, pero no los cuantifican
Las autoridades nicaragüenses tampoco han anunciado medidas de prevención ni mitigación, tal como ha ocurrido en los países vecinos donde gran parte de los territorios, especialmente los comprendidos en el Corredor Seco, están bajo declaraciones de alerta y recibiendo asistencia para enfrentar la crisis que provoca la sequía en la producción de alimentos, especialmente para los productores de autoconsumo.
Mientras tanto, el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) advirtió que la sequía que está provocando El Niño en Centroamérica y el Caribe reducirá el rendimiento de cultivos como el maíz y el arroz. Esto se traducirá en pérdidas, especialmente para los hogares que dependen de la agricultura de secano, es decir, que usa exclusivamente agua de lluvia.
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Los boletines agrometeorológicos que emiten de manera conjunta el Ministerio Agropecuario (MAG) y el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter) detallan que durante los primeros diez días de octubre varios sistemas meteorológicos favorecieron importantes acumulados de lluvia en algunas zonas del país, pero en otras persistió el déficit.
Acumulados de lluvia muy distintos en cada zona
Por ejemplo, en el Pacífico occidental se registraron entre 200 y 400 milímetros (mm) de lluvia, en el norte del país entre 100 y 200 mm, en la región Central y la Costa Caribe Norte entre 100 y 150 mm y en la Costa Caribe Sur entre 100 y 200 milímetros. Pero en el Pacífico central solo cayeron entre 50 y 75 mm, en el Pacífico sur entre 25 y 50 mm y en algunas comunidades del Corredor Seco menos de 25 milímetros.
Entre el 21 y el 31 de octubre las precipitaciones se redujeron considerablemente. En la Costa Caribe Norte se registraron entre 50 y 100 mm, en la Costa Caribe Sur entre 50 y 75 mm, en el Pacífico occidental y el Norte del país entre 25 y 50 mm, en la región Central y el Pacífico sur entre 10 y 25 mm y en Siuna, Waslala y Mulukukú (Caribe Norte), solamente entre 1 y 10 mm.
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Pero en otras zonas la situación es más grave porque no llovió. Tola y Belén (Rivas), algunas zonas de Occidente como El Realejo, Quezalguaque, Chichigalpa, Posoltega, La Paz Centro, León, Nagarote, sector sur de El Jicaral, Larreynaga, Telica, El Viejo y suroeste de Chinandega, y municipios de la región Central como Teustepe, San Lorenzo, Comalapa, Juigalpa, sector oeste de Boaco, San Francisco de Cuapa y Camoapa (en la región central) y otros municipios del Pacífico no registraron ni un solo milímetro de lluvia.

Daños en la siembra de postrera
Esta ausencia de precipitaciones provocó resequedad en los suelos de muchas zonas agrícolas y entorpeció el desarrollo de los cultivos de la siembra de postrera. Además, junto a la humedad que se registró en otras zonas, propició el desarrollo de plagas y enfermedades en los cultivos.
El boletín detalla que registraron la incidencia del gusano cogollero en plantaciones de maíz en los municipios de Somoto, Yalagüina, Totogalpa, Cusmapa, Murra, Las Sabanas, El Jicaral, León, La Paz Centro, Achuapa, Telica, Quezalguaque, El Sauce, Larreynaga y Santa Rosa del Peñón. Mientras que en Achuapa las plantaciones de maíz también sufrieron afectaciones por la presencia de mosca blanca y langosta medidora.
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Otro grano básico afectado por las plagas es el frijol, sin embargo, en este caso la afectación está localizada en comunidades de Nueva Segovia y León, donde hay plantaciones de frijol afectadas por la presencia de trips, maya, babosas, antracnosis, mosca blanca y langosta medidora.

Gran parte de Occidente afectada por la sequía
También en Occidente, que es de las zonas más afectadas por la escasez de lluvia y concentra varios cultivos de agroexportación como el maní y la caña para la producción de azúcar, reportan daños en plantaciones de caña de azúcar, provocados por la cochinilla; en el sorgo rojo, blanco y millón, por la presencia de langosta, gusano cogollero y pulgón amarillo; en ajonjolí por la incidencia de la mosca blanca y langosta medidora; y en las plantaciones de soya y maní por la presencia del falso medidor.
Finalmente, las plantaciones de café, que desde el inicio del periodo lluvioso han reportado incremento de la incidencia de la roya, el ojo de gallo y la antracnosis, en octubre reportaron focos de estas plagas en comunidades de Macuelizo, Nueva Segovia. Mientras que el ganado sigue expuesto a la presencia del gusano barrenador, que en este periodo reportó incidencia de casos en la zona de Río San Juan.
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Mientras las afectaciones provocadas por la escasez de lluvia siguen causando daños en la siembra de postrera, que inicia entre agosto y septiembre, y concluye entre noviembre y diciembre, el Ineter confirmó la semana pasada que las proyecciones indican que El Niño se está intensificando hacia la categoría de muy fuerte que se extenderá hasta marzo del otro año.
Bajas en los rendimientos pondrán en riesgo la seguridad alimentaria
Según Ineter, existe una probabilidad del 100 por ciento para que entre los meses de noviembre y diciembre El Niño evolucione hacia un evento de intensidad «muy fuerte». Este pronóstico se conoció desde el año pasado cuando varios organismos especializados advirtieron que se desarrollaría un super-Niño.
Finalmente, Muhammad Ibrahim, director general del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), aseguró esta semana que «El Niño se presenta esta vez con características diferentes y más severas que en ocasiones anteriores y requiere respuestas territoriales diferenciadas, preparación y acción anticipatoria».
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Teniendo en cuenta que El Niño provoca condiciones diferentes en la región, sequía en Centroamérica y el Caribe y mucha lluvia en algunos países de América del Sur, en Centroamérica y el Caribe se proyecta un fuerte impacto en la productividad agropecuaria. «Se espera que en Centroamérica caigan los rendimientos de cultivos como maíz y arroz. Mientras que en Argentina podrían elevarse las cosechas de trigo, maíz y oleaginosas», señaló Ibrahim.
La caída de los rendimientos reducirá los volúmenes de producción. Según el director del IICA, los efectos de El Niño, que podría extenderse hasta junio o julio de 2027, son positivos para Brasil y Argentina, pero generarán pérdidas en países, productos y hogares que dependen de la agricultura de secano, es decir, la que no usa sistemas de riego. Estas pérdidas se reflejarán en los precios de los alimentos, los ingresos de los agricultores, los medios de vida e incluso, la seguridad alimentaria de las comunidades afectadas.
