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Según análisis de LA PRENSA publicado este lunes 7 de septiembre, antes de que entre en vigencia la nueva reforma constitucional de la dictadura que extenderá el período presidencial de cinco a 7 años, Daniel Ortega ya es “el mandatario con más años en la presidencia. Solo detrás de Fidel Castro en Cuba”, que la ejerció más de 30 años.
Daniel Ortega, tiene más de 19 años de ser presidente de Nicaragua. Pero antes lo había sido cinco años, durante la primera dictadura sandinista y, además, fue cabecilla de la Junta de Gobierno que dirigió el país desde que cayó la dictadura somocista, en julio de 1979, hasta enero de 1985.
De manera que son más de 47 años los que hasta ahora Daniel Ortega ha detentado el poder en Nicaragua, que solo pudo vivir 16 años en democracia, de abril de 1990 a enero de 2007. Sin embargo, en esos 16 años de democracia tres presidentes electos libremente por los ciudadanos se turnaron en el poder presidencial.
Eso demuestra claramente la superioridad política, institucional y moral de la democracia sobre la dictadura.
La alternabilidad en el poder es una de las cinco características esenciales y virtuosas de la democracia como forma de gobierno. En la democracia, el ejercicio del poder de los funcionarios electos está sometido a límites o períodos de tiempos determinados constitucionalmente. Eso le permite a los ciudadanos designar y cambiar periódicamente a distintas personas, partidos políticos e ideologías, el ejercicio del mando gubernamental.
La alternabilidad es una característica virtuosa de la democracia, decimos, porque de esa manera se asegura que en cada período gubernamental el gobernante represente la tendencia ideológica predominante en la comunidad. Y al mismo tiempo evita que una sola persona permanezca en el poder por tiempo indefinido, que acumule demasiada influencia personal y familiar, y que caiga en la tentación de abusar del cargo y cometer actos de corrupción.
El politólogo y estadista ecuatoriano recientemente fallecido, Rodrigo Borja, explica en su monumental Enciclopedia de la Política, que la alternabilidad en el poder es una de las grandes conquistas de la democracia republicana, junto con la electividad de los gobernantes, la división de poderes, la imposición de límites legales al ejercicio de la autoridad pública, así como la publicidad de su gestión y la obligación de rendir cuenta de sus actos.
Por el contrario, en la dictadura el gobernante no solo es permanente sino también autoritario. A veces inclusive es vitalicio, y hace elecciones periódicas previamente arregladas solo como una formalidad para “legitimar” la continuidad del poder. A veces el dictador hasta simula dejar la presidencia por un tiempo, y hace elegir a otra persona que en apariencia ejerce el cargo, pero el tirano sigue detentando el poder real.
Esa fue una de las características de la dictadura dinástica somocista, que en los más de treinta años que imperó en Nicaragua realizó varias elecciones en las que fueron “elegidos” cinco presidentes, previamente designados y fieles al régimen. De manera que en ese período hubo cinco presidentes de Nicaragua, además de los tres miembros de la familia Somoza.
En la actualidad, según los analistas políticos y líderes de la oposición en el exilio, los codictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo pretenden con sus reformas constitucionales institucionalizar otra dictadura dinástica, esta vez peor que la somocista.
Pero eso durará solo mientras ellos permanezcan en el poder, lo que no podrá ser para siempre. Ahora mismo, a pesar de que liquidaron a la oposición dentro del país, desmantelaron a la sociedad civil y han golpeado severamente a la Iglesia católica, maltratándola como a un enemigo político, los dictadores no han podido consolidar y menos legitimar su régimen espurio y anacrónico.
Y el rechazo de la comunidad hemisférica a la dictadura es muy claro y todo hace indicar que muy pronto será aun más contundente y efectivo.