El Pinocho con la nariz más larga de la historia

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No le importa al presidente Donald Trump afirmar hoy una cosa y mañana decir lo contrario, por su megalomanía él cree que está por encima de la mentira y la verdad, y que todo obedece a lo que en cada momento considere conveniente. En su enfrentamiento con Irán ha mentido una y otra vez, ha sido manipulador y cínico. Un hecho categórico es haber “terminado” varias veces con la guerra.

Trump inició el conflicto con objetivos militares concretos —misiles, Armada, industria militar, organizaciones aliadas y programa nuclear—, pero simultáneamente expresó su deseo de que los propios iraníes derrocaran al régimen. Aunque la Administración presentó inicialmente el cambio de régimen como algo secundario respecto de los objetivos militares, Trump posteriormente lo incorporó abiertamente a su discurso y llegó a hablar de un “cambio de régimen productivo”.

El objetivo político más importante era impedir que Irán obtuviera un arma nuclear. El presidente estadounidense afirmó que Estados Unidos garantizaría que Irán: “Nunca pueda obtener un arma nuclear.” (The White House). Este objetivo venía además de una política estadounidense anterior a la guerra. En febrero de 2025 Trump había establecido formalmente que Estados Unidos debía negar a Irán todos los caminos hacia un arma nuclear y detener su programa de misiles balísticos. (The White House).

El tercer objetivo era destruir el programa de misiles balísticos de Irán, no solo los existentes, sino también la capacidad industrial para fabricarlos. La Casa Blanca resumió el objetivo como: “Aniquilar el arsenal de misiles balísticos de Irán y su capacidad de producción”. (The White House). Esto incluía lanzadores, arsenales, fábricas y la infraestructura industrial necesaria para reconstruir el programa.

Trump exige “rendición incondicional”

Destruir la Armada iraní, era el cuarto objetivo. Trump llegó a decir “Estamos aniquilando su Armada” (The White House). Cortar el apoyo iraní a las organizaciones armadas aliadas, era el quinto objetivo. Se trataba de impedir que los ayatolas continuaran: “Armando, financiando y dirigiendo ejércitos terroristas fuera de sus fronteras” (The White House).

El 28 de febrero dijo que en cuatro o cinco semanas terminaría la guerra, y resulta que las hostilidades ya tienen medio año, y no se avizora una solución. “No habrá ningún acuerdo con Irán, excepto una rendición incondicional” (Truth Social), aseguró el 6 de marzo el presidente de los EE. UU., y agregó que después de la derrota iraní habría una selección de nuevos dirigentes y que Estados Unidos ayudaría a reconstruir ese país.

Ese mismo 6 de marzo, Trump se tomó la molestia de explicar qué entendía por “rendición incondicional”: “La rendición incondicional podría consistir en que los iraníes la anuncien. Pero también podría ser que ya no puedan seguir combatiendo porque no tengan a nadie ni nada con qué luchar” (Trump’s Truth)

En una de las expresiones más claras del subjetivo triunfalismo militar de Trump, el 11 de marzo declaró: “Los hemos golpeado más fuerte que prácticamente cualquier país en la historia, y todavía no hemos terminado” (AP News).

EE. UU. ha destruido al ejército de Irán

Más tarde, Trump comenzó a recular, cuando dijo: “No hemos ganado lo suficiente” (AP News). Luego, ensoberbecido, el presidente estadounidense expresó en los primeros días de abril: “Victoria total y completa. 100 por ciento. No hay ninguna duda” (Reuters). Además, afirmó que Estados Unidos había alcanzado y superado sus objetivos militares (PolitiFact).

Consecuente con su triunfalismo, el 6 de abril el mandatario manifestó: “Estados Unidos ha destruido completamente el ejército de Irán, incluida toda su Armada y Fuerza Aérea, y todo lo demás” (The Guardian). “Destruido completamente”, lo repetirá. El discurso del presidente Donald Trump ha pasado por cuatro etapas: Primera etapa: amenaza; segunda, devastación; tercera, victoria; y cuarta, destrucción.

Mientras, Irán lo contradecía con hechos: muertos y cientos de heridos entre militares estadounidenses; daños al menos de 228 estructuras o equipos militares de EE. UU.; inutilización temporal de un importante centro de operaciones aéreas en Al Udeid; afectaciones a instalaciones de inteligencia estadounidenses; y daños en infraestructura de varios países aliados.

Mientras Trump “sacaba pecho” con sus supuestas victorias militares e incluso la aniquilación de la capacidad destructiva de Irán, “The Washington Post” publicó un análisis de imágenes satelitales identificando “al menos 228 estructuras o piezas de equipo dañadas o destruidas” en 15 instalaciones militares estadounidenses en Medio Oriente, entre ellas: hangares, barracas, depósitos de combustible, aeronaves, radares, equipos de comunicaciones y sistemas de defensa aérea.

Ciento setenta y dos ataques a infraestructuras no militares

El “Washington Post” no se basó simplemente en declaraciones iraníes: analizó más de 100 imágenes satelitales de alta resolución, verificó 109 de ellas mediante imágenes de Copernicus y otros servicios especializados privados.

Además, Irán asestaba 172 ataques a infraestructuras no militares en Medio Oriente entre el 28 de febrero y el 30 de julio, según ACLED, una organización independiente que recopila, verifica y analiza información sobre conflictos y violencia política. En Emiratos Árabes Unidos hubo 49 ataques, y el detalle en otros cinco países es el siguiente. Kuwait 43, Bahréin 34, Arabia Saudita 27, Qatar 11, Omán 8. Este organismo especifica que esas arremetidas iraníes fueron contra instalaciones energéticas, aeropuertos, puertos, infraestructura comercial, edificios gubernamentales, etc.

A mediados de julio, el Pentágono había informado de 14 militares estadounidenses muertos y 427 heridos desde el inicio de la guerra. En una actualización posterior, que después fue retirada de la base de datos del Pentágono, aparecieron 18 muertos y 447 heridos. El “Washington Post” señaló que, con los heridos adicionales reportados por el Pentágono en julio, la cifra podía superar 500. Este 29 de agosto, “Reuters” informó que han muerto 18 militares estadounidenses y más de 750 han resultado heridos.

“En la mente convulsa del victorioso Trump parecía no caber la posibilidad de que su anuncio de terminar la guerra con Irán en cuatro o cinco semanas (CNN Transcripts), no solo no se cumpliría, sino que llegaría al medio año, sin ninguna solución a la vista.

Una y otra vez, las palabras de Trump se las llevó el viento

La primera variación, aunque pequeña, ocurrió el 26 de marzo, cuando Trump dijo que de cuatro a seis semanas era la estimación inicial y que estaban “muy adelantados” respecto del calendario de finalización de las hostilidades. (Senado Demócrata). El 31 de marzo, ofreció el final para dentro de dos a tres semanas. (CNN Transcripts), lo que repitió el 1 de abril (Al Jazeera).

El 7 de abril, el presidente anunció una suspensión de los ataques durante dos semanas, afirmando que EE. UU. ya había cumplido y excedido sus objetivos militares. (The American Presidency Project). Pero transcurrió casi un mes, y siguió el conflicto, así que el 4 de mayo hizo una nueva promesa: que la paz llegaría en dos o tres semanas. Quince días después, se abstuvo de dar una fecha, pero dijo que la guerra terminaría “muy pronto”. (Senado Demócrata). En dos o tres días, expresó el 9 de junio. (Senado Demócrata). El 11 de junio Trump dijo “hoy terminamos la guerra con Irán”. (Senado Demócrata). El 6 de agosto, manifestó que sería “Muy pronto”.

Una y otra vez, las palabras de Trump se las llevó el viento. Entramos a septiembre, y el conflicto sigue.

Nunca en la historia, ni en cuentos ni obras de teatro ni películas ni en la vida real, ha habido alguien al que, por su cantidad de mentiras, le haya crecido tanto la nariz como al presidente Donald Trump.

La credibilidad del presidente está por los suelos.

El autor es exiliado político nicaragüense. Artículo elaborado con datos suministrados por la Inteligencia Artificial.

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