Roger Stone, exasesor de Trump, repudia farsas electorales de Daniel Ortega y escultura de Castro

Dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo instaló escultura metálica de veinte metros en honor a tirano cubano. Se cumplen 100 años de su natalicio

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Roger Stone, un viejo asesor del presidente Donald Trump que lo vio como presidenciable hace cuatro décadas, cuestionó la tarde del 11 de agosto las farsas electorales de Daniel Ortega y la instalación ordenada por la dictadura de una escultura metálica de veinte metros de Fidel Castro en Managua.

Con una dosis de ironía e indignación, Stone anunció como «última hora» que el dictador «comunista» de Ortega, a quien describe como «títere de la inteligencia cubana», instaló la escultura del «asesino en masa» de Castro, tres semanas después de anunciar el fin de las elecciones.

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«OTRA VEZ: Lo que Ortega realmente quiere decir es que ya no celebrará elecciones FALSAS. Está terminando con la farsa», denunció Stone en su cuenta de X.

Stone se define en su perfil de X como un «ícono político, autor superventas del New York Times y leal a Trump». Tiene más de 927 mil seguidores. Su pronunciamiento sobre el caso de Nicaragua se suma a las críticas realizadas por el Gobierno de Estados Unidos sobre el anuncio antidemocrático de Ortega y las presiones que ejerce, a lo interno de la Organización de Estados Americanos, para que el hemisferio responda colectivamente a la dictadura nicaragüense.

A pesar de las críticas internacionales, los dictadores Ortega y su esposa Rosario Murillo ordenaron una consulta para reformar la Constitución y eliminar las elecciones competitivas, impidiendo la participación de la oposición en el exilio. Además, aumentarán de seis a siete años el período presidencial, que podrá ser otros siete años renovables. Es decir, un mecanismo que busca perpetuarlos en el poder.

Roger Stone, amigo y exasesor del presidente Trump. Foto/ Reuters

La escultura metálica de Castro mide veinte metros. La ubicaron en las cercanías de los semáforos de la Asamblea Nacional, junto a un árbol metálico color amarillo, conocido en el discurso oficialista como árbol de la vida. Es el principal símbolo de poder de Murillo.

Murillo dice que aprendió de Castro

La dictadora explicó en su alocución del 11 de agosto que la instalación la hicieron dos días antes de que se cumplieran los 100 años del natalicio de Castro, a quien llamó de manera grandilocuente «Jefe de las revoluciones nuestroamericanas y caribeñas», mientras destacó el «orgullo» de haberlo conocido y » haber aprendido» de él.

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«Entre los que se arrastran, los traidores y cobardes, los serviles y siervos, las jaurías, para ellos, como sabemos, que siempre muestran signos de oscuridad profunda, de maldades y malignidades, no hay orgullo posible. Sólo conocen el suelo», atacó Murillo.

La relación de Ortega y Murillo con los Castro fue histórica. La forjaron cuando los sandinistas se entrenaron en Cuba antes del derrocamiento de Somoza. La fortalecieron después que triunfó la Revolución en Nicaragua en 1979. Hubo colaboración del área de inteligencia en términos operativos. La figura del dictador cubano era vista como la de un gran mentor. En el fondo, se trató de un autoritarismo compartido. Los liderazgos de ambos países han sido denunciados por violaciones de derechos humanos.

En una imagen de archivo, los dictadores Fidel Castro, Daniel Ortega y Rosario Murillo. El cubano murió en 2016. Foto/Tomada de Medios oficialistas

El castrismo se ha aferrado al poder en la isla desde hace 67 años, mientras los dictadores nicaragüenses han permanecido en el mismo desde hace casi dos décadas. Parte de estos vínculos políticos entre Cuba y Nicaragua han sido denunciados recientemente por el Departamento de Estado, que describió la relación profunda de ambos socios políticos. Washington mantiene conversaciones y presiona a la dirigencia cubana, mientras la isla sufre una crisis energética tras décadas de ineficiencia estatal.

La tercera dictadura de la región, Venezuela, sigue en manos del chavismo, pero tutelada por Estados Unidos después de la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores en enero. Las últimas informaciones del país suramericano dan cuenta sobre el inicio del diálogo para una transición.

Stone, un personaje polémico

Roger Stone, el amigo de Trump que opinó sobre la tiranía de Nicaragua, es un personaje polémico. Un reportaje publicado por la BBC lo presentó como un embustero de la política en 2017. Además de considerarse leal a Trump, este informe indica que tiene tatuado el rostro del exmandatario Richard Nixon en su espalda.

Trump y él se conocieron a inicios de los años 80. El presidente republicano dijo en un documental sobre Stone, difundido en 2017 en Netflix, que «Roger siempre quiso que me postulara a la Presidencia». Dos de los principales temas, que recibieron el respaldo del amigo del presidente, según BBC, fueron la lucha contra la inmigración y la crítica a la élite política.

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«La experiencia política de Stone, un amante de las pesas y los trajes a medida, data de mucho antes que su relación con Trump. Militó en el Partido Republicano desde sus años de universidad, realizó ardides para descalificar a adversarios de Nixon y su nombre apareció mencionado tangencialmente en el escándalo Watergate que forzó la renuncia del presidente en 1974», explicó la nota de la cadena británica.

En 2019, Roger Stone fue condenado por haber mentido en la investigación de la trama rusa. Un caso relacionado con la supuesta interferencia de Rusia en las elecciones estadounidenses de 2016. La Fiscalía norteamericana sostuvo entonces que el asesor de Trump mintió sobre sus contactos con la plataforma Wikileaks, que tenía hackeados correos electrónicos del Comité Nacional Demócrata con información sobre Hillary Clinton.

Sin embargo, durante julio de 2020, Trump conmutó la pena de 40 meses. El republicano consideró que esa investigación era una farsa.

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