Comenzó el diálogo para la transición en Venezuela

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El jueves de esta semana arrancó el diálogo entre el gobierno interino de Venezuela y un sector de la oposición venezolana, con el fin de lograr acuerdos para la reinstitucionalización democrática del país. Es una forma de nombrar la transición hacia la democracia de manera pactada.

Según la jefa de la delegación opositora, Dinorah Figuera, los primeros resultados del diálogo serán presentados formalmente en diciembre próximo, una vez concluida la primera etapa de trabajo prevista en la negociación.

El tema es de interés para los nicaragüenses, tanto los del exilio y la diáspora como los del interior del país, porque en Nicaragua también se tendrá que plantear en algún momento una nueva transición de la dictadura a la democracia.

Decimos nueva transición, porque en Nicaragua ya hubo una, la que comenzó en 1990 después de que los sandinistas fueron derrotados en las elecciones de febrero de ese año y terminó en noviembre de 2006, después de que el PLC de Arnoldo Alemán pactó con Daniel Ortega para facilitarle que recuperara el poder por la vía electoral. Y entonces se comenzó a restaurar la dictadura sandinista, en una segunda versión que es peor que la de los años ochenta.

La primera transición democrática de Nicaragua tuvo logros y reveses, pero en general dejó una valiosa experiencia que quienes deban conducir el nuevo tránsito de la dictadura a la democracia deberán aprovechar, sobre todo para no repetir los mismos errores.

En lo general todas las transiciones son iguales, por cuanto se trata de poner fin a un régimen autoritario y construir uno nuevo democrático. Pero al mismo tiempo cada transición es diferente, porque transcurre de acuerdo con la situación de cada momento histórico y depende de las peculiaridades políticas y culturales de cada país y su gente.

La transición democrática de Venezuela se hizo posible a partir de que el 3 de enero pasado Estados Unidos (EE. UU.) derrocó al dictador Nicolás Maduro, pero es hasta ahora que se comienza a negociar sus condiciones y es tan peculiar que muchos venezolanos dudan de ella.

La duda es comprensible, comenzando porque este es el noveno diálogo del régimen con un sector de la oposición de Venezuela, desde el año 2002 hasta ahora. Y en todos los casos anteriores los representantes del régimen autoritario solo dialogaron para ganar tiempo y mantenerse en el poder.

Otra razón de la desconfianza es que en este nuevo diálogo no participa la principal dirigente de la oposición, María Corina, ni Edmundo González, que en la elección presidencial del 28 de julio de 2024 derrotó con una abrumadora mayoría de votos al dictador Nicolás Maduro, ahora prisionero de Estados Unidos (EE. UU.).

Pero el gobierno interino de Venezuela, que es sucesor directo del régimen autoritario de Maduro y no vacila en declararse chavista, no es independiente ni soberano. Está sometido al Gobierno de EE. UU. y en los asuntos de importancia solo hace lo que los estadounidenses le indican o autorizan. Y si EE. UU. quiere realmente que Venezuela vuelva a ser un país democrático, como lo asegura el secretario de Estado, Marco Rubio, a eso tendrán que conducir las negociaciones del régimen interino con la oposición.

Al comenzar las negociaciones políticas en Venezuela ambas partes se han comprometido a negociar de buena fe, a partir del reconocimiento de la igualdad de derechos políticos y con el compromiso de que los acuerdos que se alcancen sean verificables y protejan los derechos humanos de todos los venezolanos.

En cuanto a los temas de la negociación, se trata en primer lugar de la recomposición del Consejo Nacional Electoral (CNE) —actualmente controlado por el chavismo— para que sea creíble y confiable”; la reinstitucionalización y saneamiento del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y la garantía de los derechos políticos y civiles para todos los venezolanos.

A partir de esos logros se procedería a la convocatoria y celebración de elecciones libres y competitivas, en las que podrá participar como candidata la señora María Corina Machado.

La garantía de las negociaciones políticas que comenzaron en Caracas el jueves recién pasado es el respaldo de EE. UU., cuyo Departamento de Estado las ha calificado como “una única oportunidad para la reconciliación y la transición en Venezuela”. Dejando claro su compromiso con la transición democrática de acuerdo con las condiciones particulares de Venezuela.

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