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Un día después del aniversario 47 de la revolución sandinista, cuando Daniel Ortega y Rosario Murillo suelen repetir sus viejas consignas antiestadounidenses, el Departamento de Estado ubicó a Nicaragua como una aliada histórica del castrismo en un informe publicado este lunes 20 de julio, bajo el título «Cuba, la capital del comunismo en el Siglo XXI«.
El informe de 100 páginas describe a Cuba como el principal motor de subversión marxista en el hemisferio e indica que Nicaragua sirvió como base de operaciones para lo que llamaron la «expansión cubana» durante la revolución sandinista (RS) entre 1979 y 1990. En esos años, Ortega gobernó el país por primera vez. La RS es vista, a la distancia por Estados Unidos, como «una de las grandes victorias de la Habana en el hemisferio».
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La influencia cubana es analizada a fondo por el Departamento de Estado. Estimaron que los cubanos nunca tuvieron la capacidad de derrotar militarmente a EE. UU., pero perfeccionaron un nuevo modelo para una larga guerra de desgaste. Así se organizaron en torno al espionaje, la infiltración, el sabotaje, las redes de agentes y «una infraestructura diseñada para enfrentar a Estados Unidos consigo mismo».
En ese contexto marcan la relación histórica del castrismo con el FSLN. Dicen que Cuba suministró armas, sirvió de centro de entrenamiento, refugio seguro y base de operaciones de miembros del Frente Sandinista de Liberación Nacional. La relación se estrechó todavía más cuando los sandinistas asumieron el poder, a juzgar por el documento de la diplomacia estadounidense.
Cuba suministró armas y entrenó a sandinistas
«Nicaragua se convirtió en la base de operaciones para la expansión cubana, creando un estado revolucionario que serviría de santuario, base de entrenamiento, canal de suministro de armas y modelo político para la siguiente generación de insurgencias castristas en El Salvador, Guatemala, Honduras y otros países», afirmó Estados Unidos.
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Estas relaciones políticas están bajo escrutinio del secretario de Estado, Marco Rubio. La semana pasada tomó una serie de medidas contra el «terrorismo de izquierda». Reunió en Washington a 66 líderes de la región para establecer estrategias conjuntas de intercambio de información, frenar la violencia política y ese tipo de terrorismo. La sesión tuvo nivel ministerial.
La congresista republicana María Elvira Salazar sostuvo que Cuba ha exportado más que el comunismo. En la lista incluye a operaciones de inteligencia, subversión política y «la máquina utilizada para construir dictaduras en todo nuestro hemisferio«. «Siempre lo he llamado la nave nodriza del mal», agregó en su cuenta de X.
Nueva política de restricción de visas
Con Cuba bajo la mira de EE. UU. desde hace meses, Rubio acusó a la dirigencia de la isla de ayudar a forjar la extrema izquierda en Estados Unidos y el hemisferio. Para lograrlo, los cubanos se valieron de una «vasta red ideológica de inteligencia». Washington no sólo reunió a los líderes mencionados. Horas después, la administración Trump aprobó una política de restricción de visas contra personas que consideren terroristas.
El Departamento de Estado explicó en un comunicado que restringirán la entrada a extranjeros «que financien, recluten, inciten o faciliten de cualquier otra forma las redes terroristas, violentas y delictivas de extrema izquierda, cerrando así las vías de obtención de visados que los terroristas de extrema izquierda y otros grupos afines explotan para amenazar vidas estadounidenses».
En ese momento, los opositores nicaragüenses dijeron que la medida parecía tener nombre y apellido: Cuba y Nicaragua. Pasó un hecho curioso en el plano internacional, que reforzó la crítica al régimen de Ortega y Murillo. La dictadura rompió relaciones diplomáticas con Italia. El viceprimer ministro italiano, Antonio Tajani, reclamó porque daba protección a Alessio Casimirri, un exmiembro de las Brigadas Rojas, señalado en el asesinato del exprimer ministro italiano Aldo Moro en 1978.
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La dictadura nicaragüense no dio ninguna explicación sobre la protección a Casimirri, quien fue nacionalizado desde 1988. Acusó a Tajani de «arrogancia europea» en una declaración pública. Ahora, el Departamento de Estado recordó la influencia de la Habana en los sandinistas, mencionando que fue un «nodo operativo» de la revolución sandinista. Es decir, organizó a radicales nicaragüenses en disputa. Estos se transformaron en un movimiento disciplinado y unificado.
«La lucha nicaragüense se convirtió en un importante campo de batalla indirecto en el contexto más amplio de la Guerra Fría. La victoria sandinista en esa lucha demostró el sorprendente poder de la estructura revolucionaria cubana. La Habana no solo armó al FSLN; había pasado años cultivando al grupo como parte de una red continental, entrenando cuadros en la isla, acogiendo a representantes sandinistas en La Habana y estableciéndose como el nodo operativo de la revolución», reiteró el informe.
EE. UU. señaló también que, gracias a los cubanos, los nicaragüenses conocieron a militantes de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). El sandinismo tampoco era entonces una insurgencia local, sino que se beneficiaron de una cadena de suministros «revolucionaria» hemisférica. Se nutrió de aliados, militantes y simpatizantes latinoamericanos.
Carlos Murillo ve «paso para tomar medidas con Nicaragua»
El especialista en relaciones internacionales de la Universidad de Costa Rica (UCR), Carlos Murillo, dijo que la administración Trump ha tratado a Nicaragua con «guantes de seda», si se compara con Venezuela o Cuba. Lo dice en referencia a la captura del tirano venezolano Nicolás Maduro en enero, y al bloqueo petrolero impuesto a la isla, inmersa en una crisis energética que ha forzado a la dirigencia a conversar directamente con Washington.
«Marco Rubio es secretario de Estado, pero además es asesor de seguridad nacional. Y es, en la práctica, la mano derecha de Trump en un montón de temas de la agenda de seguridad de los Estados Unidos. Había tardado mucho en tomar medidas en el caso de Nicaragua y creo que están dando ese paso«, opinó Murillo.

Para el experto costarricense, es importante destacar el título de la reunión ministerial en la capital estadounidense. Fue sobre el resurgimiento del terrorismo político. En ese sentido, Murillo explicó que la administración Trump está diciendo que no solo se trata de narcoterrorismo, crimen organizado, terrorismo islámico, sino que se está volviendo a un lenguaje propio de la guerra fría al incluir el terrorismo político.
«(Esto es) De atentados de grupos insurgentes de América Latina, básicamente vinculados a lo que se considera la izquierda. Están rescatando un lenguaje. Una política expresada claramente de qué acciones van a tomar. Ya no es sencillamente decir que el régimen de Ortega Murillo es comunista, de izquierda, violatorio a los derechos humanos, sino que es alguien que fomenta el terrorismo político como Cuba. Eso le cierra más el espacio a Nicaragua dentro de América y el mundo», afirmó Murillo.