Lista de reproducción
- No hay más artículos para escuchar
El dictador Daniel Ortega aseguró este domingo en el acto del 47 aniversario de la Revolución que en Nicaragua no volverá a haber elecciones, porque estas le otorgan la posibilidad a los opositores de recuperar el poder. Las declaraciones de Ortega se produjeron durante la celebración del 19 de julio, fecha en que los sandinistas celebran la caída del dictador Anastasio Somoza Debayle y el ascenso al poder del sandinismo.
«Aquí decretamos por ley que la educación era gratuita, que no se podía cobrar ni la de primaria, ni la de secundaria, ni la de universidad. Y estamos construyendo más escuelas con toda la tecnología. Pero allá están ellos a agazapados. Ya quisieran ellos ganar elecciones para hacer riales con las escuelas. Pero que se olviden. Aquí no volverán a haber elecciones. No volverá a haber elecciones para que por ahí intenten ellos atrapar el gobierno, atrapar el poder», aseguró Ortega durante su discurso.
Puede leer: Dictadura receta agua y caramelos a empleados públicos que asistirán al acto del 19 de julio
Añadió que trabajará con la Asamblea Nacional y con las organizaciones correspondientes las Leyes necesarias. «Porque hay que hacer las leyes que les pongan un muro, un bloque, a los golpistas, a los vendepatrias, y que por mucha plata que les den los yanquis, ¡no podrán, ¡no podrán! ¡no podrán!», insistió Ortega.
Según Ortega aunque el país no está en guerra tampoco está en paz. «¡No! ellos viven conspirando ahí, organizando, buscando cómo organizar partidos (políticos), para que en una elección que ellos se suponen, entonces que esos partidos ganen las elecciones. Y aquí se acabó la historia de que los partidos puestos por los yanquis, puestos por los somocistas, volverán a llegar al Gobierno… ¡Jamás, jamás, jamás!», vociferó Ortega durante su discurso.
La mentira de los Ortega Murillo
El dictador no aclaró si la suspensión de elecciones es solo para impedir la participación de los dirigentes opositores a los que después encarcelar, quitarles la nacionalidad, confiscarles sus bienes y desterrar no puedan participar en los procesos electorales, o si tampoco volverá a realizar procesos electorales con los llamados partidos zancudos, que desde 2011 vienen avalando los fraudes electorales con su participación.
Como lo han hecho en la mayoría de los años desde 2007, cuando retomaron el poder, Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo llenaron la Plaza de la Fe con miles de empleados públicos a los que obligaron a asistir al acto y llevar un acompañante. También con miles de jóvenes a los que entretuvieron con artistas menores de 20 años (misma cantidad de años que Ortega lleva en el poder), que entonaron las tradicionales loas al sandinismo.
Estos jóvenes solo conocen una cara de la historia de Nicaragua, desde que tienen uso de razón Ortega y Murillo han estado en el poder por tanto no tienen punto de comparación. Además, desde que iniciaron sus estudios el sistema de educación pública los aleccionan para «admirar y agradecer» los beneficios que implica la permanencia de los Ortega y Murillo. Los sandinistas retomaron el poder en 2007 luego de una pausa de 16 años tras la pérdida de las elecciones en 1990 después de gobernar desde 1979.
Lea también: CIDH exige a Ortega informar sobre paradero de monseñor Abelardo Mata
Además, por convicción o conveniencia muchos de los asistentes a la Plaza de la Fe han aceptado la versión del supuesto golpe de Estado; o simplemente prefieren ignorar las graves violaciones a los derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad que cometieron los Ortega Murillo desde 2018 para poner fin a las protestas sociales que paralizaron el país.
Dice que los empresarios lo traicionaron
Lo que sí dijo Ortega durante su discurso, fue que las protestas llenaron de tranques todo el país en 2018 y que no quedó de otra que «responder con ira» y nuevamente acusó a los empresarios de apuñalarlo y de organizar el supuesto golpe de Estado con financiamiento de Estados Unidos.
«Aquí hemos venido haciendo enormes esfuerzos para que el país tenga paz, pero recordemos cómo en el año 2018, estando nosotros en acuerdos con los empresarios, con los somocistas, que eran empresarios, teníamos un gran acuerdo ahí por la paz; y venía caminando el acuerdo y de repente la puñalada, organizaron el golpe, utilizaron fondos de los Estados Unidos para llevar a jóvenes y adultos, para prepararlos, entrenarlos, armarlos, y derrocar al Gobierno legítimo del Frente Sandinista», señaló Ortega.
La supuesta «ira del pueblo» con la que Ortega dijo que respondió a las protestas sociales, según organismos especializados de derechos humanos, entre ellos los de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la Organización de Naciones Unidas (ONU), más de 350 asesinados, cientos de heridos, miles de encarcelados, y empujó al exilio a casi un millón de nicaragüenses.
La supuesta «ira del pueblo»
«Lo intentaron. Aquí corrió sangre de jóvenes, de adultos, de mujeres, de niños, se derramó sangre, y al final no quedó más camino que responderles con la contundencia de la ira del pueblo. Cuando tenían paralizado el país, tenían tranques por todos lados, entonces no hubo más camino que la policía, con los policías voluntarios, con los jóvenes, fuesen a destruir esos tranques, y no quedó un solo tranque», expresó Ortega sin reconocer que para destruir los tranques asesinaron e hirieron a cientos de personas.
Solamente añadió que después de la destrucción de los tranques los supuestos organizadores del golpe se quejaron y lloraron, y les atribuyó a ellos los asesinatos y la destrucción que provocó la Operación Limpieza con la que neutralizaron las protestas sociales.
«Ahí salen quejándose, ahí salen quejándose, desde los Estados Unidos salen quejándose que están detenidos los pobres inocentes, cuando son sinvergüenzas, cuando son realmente delincuentes, cuando son asesinos, y con las pruebas de los asesinatos, ni aun así entienden», expresó el dictador Ortega.
La celebración de antes y la de ahora
El anciano dictador concluyó su discurso insistiendo en la necesidad de «defender la paz» para «garantizar la continuidad del trabajo, de las obras, de los hospitales, de las universidades, de las viviendas, de todos los proyectos que estamos desarrollando y seguiremos desarrollando», afirmación que contrasta con la precariedad del mercado laboral nicaragüenses que es mayoritariamente informal. «Aunque el diablo se nos ponga en frente, le vamos a hacer las cruces al diablo, le vamos a hacer las cruces, y ahí va a salir huyendo», afirmó.
Lea además: «No hay nada que celebrar». Cómo los Ortega Murillo traicionaron la revolución para instaurar su dinastía
Durante el acto que se transmitió en cadena nacional de radio y televisión, imágenes tomadas desde el espacio aéreo, reflejaban una congregación debidamente ordenada. Un orden casi perfecto que contrastó con el desborde de la población que caracterizaba esas celebraciones cada 19 de julio en la década de 1980, cuando la algarabía de los jóvenes ilusionados por una revolución despertaban esperanza entre parte de la población de un país que 47 años después compite por mantenerse entre los tres primeros lugares de los más pobres del continente.
Durante el acto, la arrogancia de Rosario Murillo no podía faltar. En un momento, mientras su hija Camila alumbraba con una lámpara el texto que ella leía, la tomó del brazo para hacerle sentir que no estaba haciendo bien el trabajo. ¡Qué difícil debe ser el ejercer el cargo de asistente de Murillo!