SOLO PARA SUSCRIPTORES.
Lista de reproducción
- No hay más artículos para escuchar
Estados Unidos considera a Cuba como un estado patrocinador del terrorismo y a su vez atribuye a los sandinistas de Nicaragua ser los apadrinados del régimen de los Castro. Tanto así, que a la Revolución Sandinista de 1979 la reconocen como «una de las grandes victorias de La Habana en el hemisferio».
Un informe publicado por el Departamento de Estado el pasado 20 de julio y titulado Cuba, la capital del comunismo del Siglo XXI, recoge señalamientos de cómo el régimen de los Castro ha apoyado, financiado y entrenado a grupos guerrilleros en América Latina desde el mismo momento en que llegaron al poder por las armas el 1 de enero de 1959.
«Las instalaciones militares cubanas han estado disponibles para el entrenamiento de terroristas desde los primeros años del régimen de Castro. Al menos 20,000 personas, incluyendo algunas de prácticamente todas las naciones latinoamericanas, habían recibido dicho entrenamiento en la isla. La práctica no hizo más que expandirse desde la victoria de la Revolución Cubana en el golpe sandinista» de 1979, cuando tomaron el poder, detalla el Departamento de Estado.

A criterio del sociólogo y exguerrillero, Óscar René Vargas, esto no es del todo así en el caso del Frente Sandinista. «El Frente tiene una raíz nacional. Nació en Nicaragua, no en Cuba. Se nos olvida que entre 1957 y 1962 en Nicaragua hubo 23 movimientos armados, entre ellos Olama y Mollejones, y su nacimiento nada tiene que ver con la Revolución Cubana en el sentido de lo que dice el Departamento de Estado», explica Vargas.
Lo que Vargas sí reconoce es que la Revolución Cubana de 1959 influenció en los sandinistas «en que era posible botar a una dictadura».
Cuba y el FSLN
La relación entre Cuba y el Frente Sandinista data desde el mismo nacimiento de la guerrilla nicaragüense, el 23 de julio de 1963. Para entonces, la Revolución Cubana ocurrida en 1959 maravillaba a los grupos de jóvenes que se oponían a las dictaduras militares de la región y hacían creer a muchos que era posible derrocarlas a través de las armas.
Así es como Carlos Fonseca Amador, Germán Pomares, Tomás Borge y otros crean el Frente Sandinista, primero inspirados en la lucha antimperialista de Augusto C. Sandino y en la victoria armada de los cubanos sobre el régimen de Batista. Los sandinistas, tras varias visitas a la isla, luego serían respaldados por Cuba para darle forma a su guerrilla y derrocar a los Somoza.
Los cubanos les garantizaron entrenamiento militar a los sandinistas, además de la instrucción política y el refugio de estos después de hacer asaltos bancarios, ejecutar acciones guerrilleras dentro del país o al ser liberados de las cárceles somocistas.
El actual dictador Daniel Ortega fue uno de tantos de esos guerrilleros que pasó por Cuba. Según el periodista Fabián Medina, en su libro El Preso 198, Ortega llegó a la isla por primera vez en junio de 1966 para participar en el Cuarto Congreso Latinoamericano de Estudiantes, que se realizó en La Habana, del 28 de julio al 18 de agosto.
«En la isla permanecería unos seis meses, en los cuales recibió clases de tiro al blanco en polígonos con pistolas y fusiles, y en enero de 1967 regresa a Nicaragua», se lee en el libro.
Lea también: El vínculo de Raúl Castro con los sandinistas en Nicaragua
Ese mismo año, en agosto, Ortega participa en la ejecución del sargento de la Guardia Nacional, Gonzalo Lacayo, y en noviembre cae preso, aunque fue acusado por el robo a una sucursal bancaria, y no por el asesinato de Lacayo. Estuvo en prisión hasta diciembre de 1974, cuando el Frente Sandinista ejecutó el asalto a la casa de Chema Castillo y obligó a Somoza a liberar a varios guerrilleros presos, incluido Ortega. Todos fueron enviados a Cuba.
Para entonces la relación del Frente Sandinista con los cubanos ya estaba consolidada y los sandinistas formaban parte de una red de estructuras guerrilleras que Cuba apadrinaba en el exterior, detalla el Departamento de Estado. «Dicha red abarcaba todo el hemisferio y operaba a través de terceros países, gobiernos afines, células guerrilleras, redes clandestinas y organizaciones izquierdistas transnacionales capaces de trasladar combatientes, armas, fondos y mensajes por toda América Latina», se lee en el informe.

Todas estas guerrillas se relacionaban entre sí. En el caso de los sandinistas establecieron mucha cercanía con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), una agrupación también considerada como terrorista por Estados Unidos.
«Gracias a los cubanos, los sandinistas entraron en contacto con militantes de la OLP y, según se informa, viajaron a Oriente Medio para recibir instrucción en los campamentos de dicha organización», dice el Departamento de Estado.
Con los palestinos
El contacto entre sandinistas y palestinos nació en La Habana en 1966, durante una Conferencia de Solidaridad con los Pueblos de África, Asia y América Latina, conocida como la “Tricontinental”.
En agosto de 1967, el Frente Sandinista sufrió una derrota militar contra la Guardia Nacional en las montañas de Pancasán. Esto dejó a la guerrilla reducida a casi nada, seguida por una feroz cacería que emprendió la Guardia y que dejó a varios guerrilleros detenidos. Para esas fechas es que cayó preso Daniel Ortega.
El Frente Sandinista tuvo que buscar apoyo con sus aliados cubanos. Según Alejandro Bolaños Geyer, en su libro El Iluminado, Fidel Castro propuso que los palestinos le echaran una mano a los sandinistas. Fue así que, en 1969, José Benito Escobar, que para entonces era miembro de la Dirección Nacional, se reunió con representantes de la OLP en México.
Ahí se acordó que los palestinos brindarían entrenamiento militar a los sandinistas en Argelia y Líbano, y estos participarían en algunas operaciones palestinas. Además, algunos sandinistas también aprendieron defensa personal y a moverse en las dunas del desierto del Sahara.
El investigador Carlos Fernando López en su artículo Encuentros solidarios en épocas revolucionarias, expone que pudo haber hasta 150 guerrilleros sandinistas entrenados por los palestinos. Algunos de ellos fueron: Enrique Schmidt, René Vivas, Leticia Herrera, Eduardo Contreras, Pedro Arauz Palacios, Juan José Quezada, José Valdivia y Jacobo Marcos Frech, entre otros.
Lea también: El nuevo Mint: el ente con que Ortega declaró “la guerra” en Nicaragua
En su libro Guerrillera, mujer y comandante de la revolución sandinista, Leticia Herrera relata que para ella no tenía sentido que los palestinos le dieran entrenamiento a los sandinistas en el desierto. “Eran árabes los que nos iban a dar instrucción militar. No le miraba sentido. Pero, bueno, eso era lo único que teníamos a mano”.
“Los árabes, que eran los instructores, eran gente del pueblo. Ellos sabían el inglés porque habían sido colonizados por ingleses. O sabían francés, porque en algún momento fueron colonia francesa. Imagínate lo que podía tardarse una explicación sobre un movimiento táctico militar. Cansadísimo. Ahí estuvimos casi tres meses”, detalla.
Los palestinos mantuvieron a los sandinistas en cuevas frías por las noches, y calurosas durante el día. “Salíamos hediondos a cabros”, describe Herrera. Se bañaban cada 15 días en un pueblo donde sus habitantes sufrían por la escasez de agua. “Nos llevaban a ese pueblecito y pasábamos allí todo el fin de semana. Generalmente era el domingo, porque el sábado para ellos es sagrado”, relata Herrera.
Así se explica que los palestinos tienen a un nicaragüense como uno de sus mártires. Se trata de Patricio Argüello Ryan, quien nació en Estados Unidos y fue criado en Nicaragua. Era un guerrillero sandinista hijo de una nicaragüense y un estadounidense. Se unió al Frente Sandinista después de la derrota en Pancasán en 1967 y fue enviado por Óscar Turcios a entrenar con los palestinos.
Argüello Ryan murió el 6 de septiembre de 1970 durante el secuestro de un avión de la línea aérea israelita El Al, en el que participó con la guerrillera palestina Leila Khaled. El avión partió de Israel con destino a Nueva York, realizando una escala en Ámsterdam, donde fue abordado por los dos guerrilleros.
Una vez en el aire, asaltaron la cabina de los pilotos con la intención de desviarlo hacia Jordania, pero agentes de seguridad israelíes que se encontraban en el mismo vuelo frustraron el atentado. Hirieron a Khaled y dieron de baja a Argüello Ryan. Hasta estos días es considerado un «héroe» por la causa palestina.

Los años de la revolución
«En la fase final de la lucha nicaragüense, los sandinistas no eran una simple insurgencia local; se beneficiaban de una cadena de suministro revolucionaria de alcance hemisférico, nutrida por un amplio elenco de aliados, militantes y simpatizantes latinoamericanos que operaban dentro del espacio político y logístico que La Habana había dedicado dos décadas a construir», detalla el Departamento de Estado para referirse al triunfo de la Revolución Sandinista, el 19 de julio de 1979.
Poco antes del triunfo de la revolución, Fidel Castro envió a varios guerrilleros cubanos para combatir al lado de los sandinistas. Uno de ellos fue Renán Montero, cuyo verdadero nombre era Andrés Barahona López y estaba vinculado con Nicaragua desde 1959, cuando participó en la acción armada del Chaparral y luego, en 1979, en el Frente Sur contra las tropas de Somoza.
Y antes de eso, el mismo Fidel Castro se reunió con una delegación oficial del Frente Sandinista en marzo de 1979 para mediar entre las tres tendencias que estaban divididas y obligarlos a unirse.
Tras el triunfo de la revolución, esa Nicaragua bajo el poder de los sandinistas le dio a Cuba la facilidad de entrenar a más «potenciales guerrilleros de toda Centroamérica». Eran tiempos donde las guerrillas en El Salvador, Honduras y Guatemala buscaban replicar el ascenso al poder por las armas.
Por otro lado, si la relación entre el Frente Sandinista y los cubanos ya era fuerte cuando eran una guerrilla, pues al ser gobierno se estrecharía mucho más. Hubo varias cosas que los sandinistas aplicaron en Nicaragua y que eran una especie de copia del modelo cubano, como el Ministerio del Interior y los aparatos de inteligencia, por ejemplo.

Manuel Piñeiro, mejor conocido en el régimen cubano como “Barbarroja” y operador de Fidel Castro, fue quien exportó desde Cuba hacia Nicaragua la creación de los aparatos de seguridad especializados en espionaje, interrogación, tortura y contrainteligencia.
El New York Times llegó a describir a Barbarroja como “el principal enlace en Cuba y dispensador de armas y dinero en efectivo para los agradecidos y admirados grupos guerrilleros latinoamericanos. Sus adversarios en la Agencia Central de Inteligencia (CIA), sin embargo, lo consideraban un enemigo astuto y peligroso, el equivalente cubano del mago del espionaje de Alemania Oriental, Markus Wolf”.
Otro hombre de Castro que estuvo en Nicaragua dando asistencia a los sandinistas fue el general de división, Arnaldo Ochoa, quien dio asesoramiento para enfrentar la guerra con la Contrarrevolución. El mismo Castro le dijo a los sandinistas que Ochoa era su mejor hombre.
«El general Humberto Ortega, el coronel Antenor Rosales, el general Joaquín Cuadra, el coronel Javier Pichardo, el coronel Carlos Brenes, entre muchos otros, llegaron a admirar a Ochoa por sus conocimientos y capacidades militares, pero también por su personalidad, el carisma, un jefe muy cercano a las tropas», detalla un reportaje de la Revista Magazine publicado en 2024.
El apoyo cubano no estaba limitado al ámbito militar, resalta Óscar René Vargas. «La influencia de Cuba fue fuerte en los años ochenta, estoy de acuerdo. Pero en la medida que pasa el tiempo su influencia es menor por la misma crisis interna de Cuba. En los ochenta llegaron muchos médicos, muchos maestros y tal vez no haya sido la mejor cooperación si querés decir, pero sí se dio esa cooperación».
Uno de los proyectos más recordados de la Revolución Sandinista fue la Cruzada Nacional de Alfabetización, lanzada en 1980. Los sandinistas tomaron como referencia la misma que se desarrolló en Cuba en 1961.
La Cruzada representó para los sandinistas uno de sus principales logros sociales, pero también constituyó un instrumento para difundir la ideología sandinista entre la población, pues enseñaban a leer con consignas de ese partido, vivas a Sandino y a contar fusiles y granadas.
Lea también: La caída de Arnaldo Ochoa, «el hombre de Castro» en Nicaragua
A Nicaragua también llegaron cientos de médicos, maestros, ingenieros y técnicos cubanos para trabajar en diferentes rubros y muchos estudiantes nicaragüenses fueron becados para estudiar en Cuba o en países soviéticos. Además, de varios militares que fueron a recibir entrenamiento y cursos a la isla.
Redes «intactas»
Para Estados Unidos, «la arquitectura de esas redes permanece intacta» y le preocupa también la relación que tienen los sandinistas con Rusia e Irán.
«En los últimos años, las empresas tecnológicas rusas se han expandido rápidamente en Cuba, utilizando la isla como plataforma de lanzamiento para penetrar en otros países de América Latina. En gran medida gracias a esta asociación, las empresas tecnológicas rusas se encargan ahora de proporcionar capacidades avanzadas de vigilancia a varios países latinoamericanos, lo que refuerza las relaciones militares y de inteligencia de Moscú con regímenes antiamericanos en Nicaragua y Venezuela», detalla el Departamento de Estado.

Y en el caso de Irán, Estados Unidos señala que desde 2019 grupos terroristas de Hezbolá, Hamás y otros ya «habían viajado a Venezuela y a otras partes de América Latina, incluidas Bolivia y Nicaragua».
En enero de 2021, la administración de Donald Trump designó a Cuba como un estado patrocinador del terrorismo. Por décadas había sido considerado de esta manera, pero en 2015, Barack Obama levantó esta designación.
Por su parte, Vargas expresa que el vínculo con Cuba se ha ido desvaneciendo con los años. Ahora es más que todo el apoyo político porque la isla, en medio de su propia crisis, no tiene capacidad de apoyo como la tuvo en los ochenta.
«El problema ahora es que Estados Unidos está marcando el relato y a veces queremos que el relato de Nicaragua sea lo que dicen Estados Unidos, y no necesariamente es que lo que dice Estados Unidos sea el verdadero relato del país», critica.
SOLO PARA SUSCRIPTORES.