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El exembajador de Estados Unidos en Nicaragua, Kevin Sullivan, dijo que «nadie esperaba elecciones libres, ni siquiera mínimamente competitivas». Esa fue su reacción al anuncio del dictador Daniel Ortega sobre la abolición de las elecciones realizado durante el acto del 47 aniversario de la Revolución Sandinista.
Sullivan, el último diplomático que tuvo rango de embajador en Nicaragua hasta su salida en 2023, ofreció sus puntos de vista a la revista estadounidense Americas Quarterly (AQ) con una perspectiva crítica sobre Ortega, la situación democrática de Nicaragua y con el Gobierno de Estados Unidos.
Dijo que la administración estadounidense ha demostrado en Venezuela, y en cierta medida en Cuba, que está dispuesta a «tomar medidas autoritarias para alterar el statu quo en los bastiones autoritarios de la región. ¿Logrará Ortega, al rechazar las elecciones, que Managua deje de ser una prioridad secundaria?«, preguntó.
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El diplomático conoce a fondo la dictadura de Ortega. Llegó a Nicaragua en 2018 y tuvo un papel esencial para que 222 presos políticos fueran excarcelados por el régimen en febrero de 2023. La dictadura los desterró a Estados Unidos.

La farsa electoral de 2021
«En el período previo a las últimas elecciones presidenciales del país, el régimen de Ortega encarceló no a uno, sino a siete posibles candidatos de la oposición, clausuró o exilió a medios de comunicación independientes y cerró otras instituciones de la sociedad civil. La administración Biden calificó entonces lo que quedó del proceso electoral de ese año como una farsa», explicó el diplomático.
Sullivan agregó que la situación no ha mejorado desde entonces y no hay espacio para la «actividad humana organizada» que no esté bajo el control de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo. Sin embargo, el exembajador reconoce que el anuncio de las elecciones resulta impactante.
Describe a Ortega, de 80 años, como un anciano debilitado con un proyecto político que buscaba perpetuarse contra viento y marea.

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El dictador, de 80 años, cerró las puertas al cambio cívico con su discurso el 19 de julio. Aseguró que no dará cabida a los opositores que intentan “atrapar el poder” y que la Asamblea Nacional trabajará leyes que “les pongan un muro, un bloque a los golpistas, a los vendepatrias”. Una orden que los legisladores se mostraron dispuestos a acatar, por supuesto.
El exembajador ratificó que los procesos electorales han sido una farsa en los últimos 15 años, destinada a satisfacer a la «audiencia democrática occidental» y añadió que, mientras escaló la represión en 2021, el régimen se alejó de Estados Unidos y Europa. En su lugar, se acercó a China. Sullivan reconoce que la influencia económica y política china ha crecido drásticamente. También el apoyo de Rusia al Estado de vigilancia de Ortega.
Crítica a comunidad internacional
A pesar de que el secretario de Estado, Marco Rubio, solicitó a la comunidad internacional que sumaran esfuerzos para oponerse al autoritarismo descarado de Ortega, como lo llama Sullivan, el exembajador considera poco probable que «tenga efecto».
«Los gobiernos occidentales tienen menos influencia sobre Ortega que antes y, en gran medida, se han resignado a mantener las distancias. Las múltiples rondas de sanciones que tanto Biden como Trump impusieron al régimen nicaragüense en los últimos años no han tenido ningún efecto, y el equipo de Trump II no parece haber logrado avances en las negociaciones con Managua«, afirmó a la revista AQ.
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Hendrix observa debilidad de Ortega
Steven Hendrix, exdirector en Nicaragua de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) entre 2005 y 2007, dijo a la misma revista norteamericana que aprecia en las declaraciones de Ortega “una confesión de debilidad” y ve a un dictador con la ambición de “hacer de Nicaragua una nación más pequeña que él mismo”.
“Esto es una confesión de debilidad. Los gobiernos que confían en su control pueden tolerar incluso la limitada incertidumbre inherente a unas elecciones controladas. Ortega y Rosario Murillo, al parecer, no pueden”, sostiene Hendrix.
En conclusión, el exdirector de USAID observa a una Nicaragua que “ya no está gobernada simplemente por un caudillo anciano, sino por una empresa familiar que busca la permanencia”.
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Vicesecretario de Estado reitera respaldo a pueblo
El vicesecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, comentó el anuncio de Ortega, reafirmando que su país «apoya al pueblo nicaragüense y sus aspiraciones democráticas”.
También Albert Ramdin, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), cuestionó a Ortega, uniéndose a distintas voces. Una de ellas fue la del politólogo y jurista Daniel Zovatto, quien propuso que Estados Unidos, Canadá y las democracias latinoamericanas y del Caribe, apoyadas por las europeas, “impulsen una estrategia coordinada de máxima presión sobre el régimen” de Nicaragua.
Zovatto planteó en su cuenta de X que la comunidad internacional debe establecer “un plazo claro” para exigir la reversión de las medidas que han “liquidado” la competencia electoral, el restablecimiento de las libertades fundamentales, el respeto a los derechos humanos y el desmantelamiento del Estado policial en Nicaragua.
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Régimen debe recular
Si el régimen no recula en su decisión de eliminar las elecciones, el politólogo sugiere que deben activarse medidas políticas, diplomáticas y financieras para presionar a los Ortega Murillo. Dichas medidas deben ser implementadas en organismos regionales como la OEA, el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) e instituciones financieras como el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM).
“Si la comunidad internacional permite que el régimen despótico de Ortega y Murillo consolide su dictadura sin consecuencias, el daño trascenderá con creces sus fronteras: sentará un precedente profundamente corrosivo para la democracia no solo en Centroamérica, sino en toda América Latina”, advierte Zovatto y señala que no solo está en juego el futuro político de Nicaragua, sino “la credibilidad misma del compromiso regional con los principios democráticos”, afirmó el prestigioso politólogo.