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Con la eliminación de miles de abogados recientemente decretada por la dictadura a través de su brazo jurídico, la Corte Suprema de Justicia, se le ha dado un nuevo zarpazo al Estado de derecho cuando ya parecía que no quedaba nada en pie en la deriva totalitaria del régimen, que no ha perdonado todo vestigio de la sociedad organizada.
Así lo advirtió el abogado Reed Brody, miembro del Grupo de Expertos en Derechos Humanos de la ONU sobre Nicaragua en una reciente entrevista a la agencia española EFE, reproducida por el medio Confidencial. Brody argumenta que el mensaje que envía la dictadura de Managua al mundo es “que se puede desmantelar el Estado de derecho sin tanques y sin decretos dramáticos: basta con una base de datos”.
El afamado jurista reconocido mundialmente como “el cazador de dictadores” alerta que en este caso “un Estado decide por la vía administrativa quién puede ser abogado y quién no, no tiene Estado de derecho; tiene un instrumento de castigo”.
Es así que muchos abogados que han defendido a los presos políticos se encuentren ya en el desempleo junto con su equipo de asistentes y secretarias.
La represión desde el 2018 ha seguido escalando in crescendo: primero cayeron los dirigentes juveniles que protestaron en los tranques; luego cayeron los líderes políticos y precandidatos presidenciales; los medios de comunicación independientes; luego la Iglesia católica y sus sacerdotes; luego perdieron la personería los partidos políticos de oposición; las más de 5,000 organizaciones de la sociedad civil que tenían un nivel de independencia, y ahora son eliminados de un plumazo en la base de datos más de dos mil abogados.
Y como si todo eso no bastara, han desaparecido desde hace semanas a monseñor Abelardo Mata, un obispo anciano de 80 años que paga las consecuencias de haber oficiado una misa en Estelí en la que pidió desde el púlpito oraciones por la Iglesia perseguida. Me sumo a las voces que exigen una prueba de vida para monseñor Mata: si está en su casa, como dicen, que lo presenten en su casa.
No se sabe cuándo terminará este calvario de la sociedad nicaragüense que cada día nos sorprende con una nueva e inesperada estación, pero un día terminará, como terminan todas las dictaduras.
Sobre la medida dictatorial contra los profesionales del Derecho, Reed Brody sentencia: “Cada abogado eliminado son familias que se quedan sin quien presente un recurso, sin quien reclame por un detenido, sin quien firme una escritura. Cuando los abogados no pueden ejercer, los ciudadanos se quedan sin defensa”.
El próximo domingo 19 de julio la dictadura familiar Ortega-Murillo “celebrará” el aniversario 47 de una la revolución traicionada por quienes han convertido el poder en idolatría, en la razón misma de su existencia.
Los pocos comandantes guerrilleros que encabezaron aquella Revolución contra Somoza hace 47 años y que están vivos como Mónica Baltodano, Dora María Téllez, Moisés Hassan, Álvaro Baltodano y Bayardo Arce están en el exilio o presos. Ellos se sienten traicionados por aquellos que un día fueron sus compañeros de armas. Dictadura sobre dictadura, traición sobre traición, Nicaragua gira en círculos históricos concéntricos.
El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos heredados” y “Un cauce hacia la democracia”. Fue codirector de LA PRENSA de 1981 a 1984.