Hay que desenmascarar a los impostores enmascarados

Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

El FSLN, que oficialmente es el partido político de la dictadura de Nicaragua, celebrará el próximo domingo 19 de julio el 47 aniversario de la Revolución Sandinista de 1979. Y lo hará levantando como siempre la bandera del “antiimperialismo”, que inscribió en su programa histórico de 1969.

“Defensa de la soberanía nacional frente a la intervención extranjera y establecimiento de relaciones con todos los países bajo el principio de autodeterminación”, proclamó el FSLN como su valor ideológico y político esencial, en aquel programa de 1969.

Y hasta ahora el FSLN se sigue declarando antimperialista. En el artículo 1 de su programa político actual, que está registrado en el Consejo Supremo Electoral (CSE), el FSLN se autodefine como “un Partido Revolucionario, moderno, popular, solidario, democrático, socialista y antiimperialista”.

Pero el “antiimperialismo” del FSLN es falso. Igual de falso que su autoproclamado “socialismo”, pues en la práctica lo que promueve desde el poder autoritario es una variedad rústica, distorsionada y corrupta de capitalismo.

Para comprobar que el antimperialismo del FSLN es tan solo una máscara, basta comparar lo que es realmente el antimperialismo con la práctica política del FSLN y la dictadura sandinista de Ortega y Murillo.

Por definición histórica, política y jurídica, el antimperialismo “trata de liberar a un país de la dominación de otro país más fuerte. Se dirige a romper la dominación generalizada que sobre una región del mundo o sobre todo un continente, ejerce o pretende ejercer alguna gran potencia, con capacidad económica y militar para tamaño intento”.

La definición es del maestro de Ciencias Jurídicas y Políticas, Guillermo Cabanellas, en su autorizado Diccionario Enciclopédico de Derecho Usual, que además advierte que “en las muletillas de la propaganda comunista este vocablo (antiimperialismo) es sinónimo de ´antinorteamericano´”.

Eso, precisamente, son el Frente Sandinista y la dictadura de Ortega y Murillo. No son antimperialistas sino antiyanquis, o antiestadounidenses, y lo son porque Estado Unidos —con todos los defectos que pueda tener— representa los valores de la libertad y la democracia.

Realmente, no puede ser antimperialista quien respalda la agresión y anexión territorial de una gran potencia imperialista contra un país que no tiene la misma fuerza militar, como es la que perpetra Rusia contra Ucrania desde hace más de cuatro años. Ni puede ser antimperialista el que sirve de instrumento para la penetración y expansión en Centroamérica de una gran potencia comunista e imperialista, como es China, que amenaza la seguridad de todo el hemisferio occidental.

Si fueran antimperialistas, el FSLN y la dictadura sandinista deberían de repudiar y condenar la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, y su anexión de extensos territorios ucranianos. Pero con el mayor descaro la respaldan y justifican esas anexiones imperialistas en los organismos multilaterales.

Como lo dejó claro el maestro Cabanellas, los comunistas se apropiaron de la bandera del antimperialismo para encubrir sus aviesos propósitos totalitarios, siendo en la práctica defensores de aquel imperialismo que por ideología e intereses políticos es afín a ellos.

No fue por casualidad ni por error histórico que los sandinistas cuando tomaron el poder en Nicaragua en julio de 1979 erradicaron la influencia de Estados Unidos al que llaman imperialismo yanqui. Pero a cambio sometieron el país a la influencia ideológica y política del imperialismo soviético. Y convirtieron a Nicaragua en una ficha de la estrategia soviética en el tablero de la Guerra Fría.

Un antimperialismo genuino es el que propugna por la independencia nacional, la igualdad jurídica de los Estados independientemente de su tamaño y poder, al mismo tiempo que por la creación de repúblicas independientes, soberanas y democráticas. Como era el objetivo de Sandino, quien era política e ideológicamente liberal y no luchó contra la ocupación militar de Estados Unidos para subordinar Nicaragua a la Rusia Soviética, sino para que fuera un país independiente y soberano, al mismo tiempo que libre y democrático.

Quienes han subordinado a Nicaragua a las grandes potencias totalitarias de Rusia y China no pueden ser antimperialistas de acuerdo con lo que predicaba Sandino. Ni lo son conforme a la definición histórica, política y jurídica del antimperialismo.

Por la verdad histórica y la decencia política hay que desenmascarar a los impostores enmascarados.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí