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El exencargado de negocios de la embajada de Estados Unidos en Nicaragua, Kevin O’Reilly dice que preocupa el apoyo de Rusia a la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo en materia de seguridad e inteligencia. El exfuncionario estadounidense sostiene que los gobiernos de Europa, Sudamérica y el Caribe consideran al régimen Ortega-Murillo “una tediosa molestia”.
A finales de abril, el Senado de Rusia ratificó un acuerdo de cooperación militar con Nicaragua que había sido firmado por ambas partes en Moscú en septiembre de 2025. Ese pacto tiene una vigencia de cinco años prorrogables e incluye entrenamiento conjunto, intercambio de inteligencia y el tránsito o sostenimiento de tropas y armamento ruso en territorio nicaragüense. Además, ambos países han firmado más de una decena de acuerdos en otros ámbitos.
O’Reilly ve a Rusia con “recursos limitados” para establecer su influencia en Centroamérica y el Caribe. Ejemplifica con la captura de Nicolás Maduro en Venezuela en enero pasado y la presión por parte de Estados Unidos a Cuba que desembocó en conversaciones entre la administración de Donald Trump y el régimen cubano. En ambas situaciones, el presidente ruso Vladimir Putin no hizo nada más que emitir pronunciamientos de respaldo a esos regímenes.
Preocupa relación entre Rusia y Nicaragua
Sin embargo, el exencargado de negocios de la embajada de Estados Unidos en Nicaragua expone en un artículo en su blog personal que la relación entre Rusia y el régimen de Nicaragua es “preocupante”.
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“Los rusos ofrecen a Ortega y Murillo un apoyo real y preocupante en materia de seguridad e inteligencia que les ayuda a reprimir a los opositores y a detectar la disidencia”, expone O’Reilly en un análisis publicado el sábado 11 de julio.
El exfuncionario estadounidense resalta que el régimen Ortega-Murillo “basa gran parte de su aparato de seguridad interna en lo que sus matones de línea dura, como el viceministro del Interior, Luis Cañas, han aprendido de sus protectores rusos”.
Y añade: «A cambio, ponen su país a disposición de Rusia como plataforma operativa para la «dezinformatsiya» y la propaganda de Sputnik y RT dirigidas al público latinoamericano, así como para otras actividades de inteligencia menos manifiestas públicamente».
«Al mismo tiempo, Ortega, Murillo y sus colaboradores que los mantienen en el poder saben que el exdictador sirio Bashar al-Ásad vive en un lujoso exilio aislado en Moscú y que Maduro se encuentra bajo la incómoda custodia estadounidense en Nueva York», recuerda.

Cañas fue sancionado por Estados Unidos el 18 de abril de 2026, por su participación directa en graves violaciones de derechos humanos, la represión ciudadana y el control de la maquinaria de destierros y persecución política del régimen Ortega-Murillo.
Ortega y Murillo solos
“La mayoría de los gobiernos de Europa, Sudamérica y el Caribe —ya sean de derecha, izquierda o centro— consideran a Nicaragua una triste decepción y a la dictadura una tediosa molestia”, subraya O’Reilly, en referencia al aislamiento de la dictadura por las graves violaciones a los derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad señalados por organismos internacionales como las Naciones Unidas y distintos países y sectores de la comunidad internacional.
Pero el exdiplomático a la vez cuestiona a los países de América Latina. «Podrán desear que Ortega y Murillo desaparezcan, pero tienen pocos intereses esenciales que proteger en Nicaragua. Votan para condenar el comportamiento nicaragüense en foros internacionales, esperan a que el tiempo y los achaques de la vejez saquen a Ortega y Murillo del poder, y esperan que sus partidas puedan traer algún cambio positivo».
«La mayoría de los centroamericanos se ven obligados a prestar atención a Nicaragua y simplemente tratan de minimizar las perturbaciones que la dictadura impone a sus ciudadanos, a sus economías y a sus modestos intentos de cooperación regional», menciona.
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En América Latina, los codictadores Ortega y Murillo se han quedado solos. Sus antiguos aliados también han sido críticos de los crímenes cometidos. Con el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, la situación escaló a tal punto que ambos retiraron a sus embajadores.
Con Gustavo Petro de Colombia, la situación se ha manejado tensa porque el presidente colombiano se ha solidarizado con presos políticos y desnacionalizados nicaragüenses. En tanto, el canciller designado por el presidente electo de ese país ha dicho que no tendrá representante diplomático en Nicaragua.
Los gobiernos de Argentina y Bolivia han dado giros hacia la derecha. Y en el caso de Venezuela y Cuba, se encuentran bajo presión estadounidense. Por estas razones, los Ortega-Murillo intentan buscar refugio en aliados externos como Rusia, China e Irán, según han analizado distintos expertos consultados por LA PRENSA.