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El Banco Mundial (BM) ha reportado que desde el año 2005 Nicaragua se mantiene estancada en la categoría de países con ingreso medio-bajo, el que va de 1,176 a 4,635 dólares por persona.
Señala el reporte del BM que de los 42 países de América Latina y el Caribe solo 5 están en la categoría de ingreso medio-bajo. Los otros cuatro, además de Nicaragua, son Bolivia, Venezuela, Honduras y Haití.
Indica el BM que Guatemala y El Salvador se encuentran en la categoría de países con ingresos medios-altos, que van de 4,636 a 14, 375 dólares; mientras que Panamá y Costa Rica figuran entre los países de ingresos altos, o sea arriba de los 14,375 dólares.
La buena noticia para Nicaragua es que a pesar de la gestión económica corrupta de la dictadura familiar de Ortega y Murillo, el país no cayó a la categoría de ingresos bajos, que son aquellos donde el ingreso es de 1,175 dólares o menos, categoría deplorable en la que está la mayoría de los países africanos. Decimos que es buena noticia porque la primera dictadura sandinista (1979-1990) con su experimento socialista arruinó la economía nacional y empobreció a toda la población, salvo la capa revolucionaria dirigente.
La diferencia, ahora, radica en que a pesar de que los dictadores hablan de que Nicaragua es socialista, y hasta lo han “constitucionalizado”, la verdad es que básicamente la economía nacional sigue siendo capitalista, aunque con graves defectos de competencia y mercado. Además, porque la verdad hay que decirla, el régimen ha hecho un manejo bastante responsable de la macroeconomía, por lo que ha habido un modesto crecimiento económico. Eso a pesar de las distorsiones estatistas y corruptas para favorecer el desmedido enriquecimiento de la familia gobernante y sus allegados.
Al informar sobre el reporte del BM, LA PRENSA ha advertido que a pesar del “crecimiento económico que pregona Ortega no acerca a Nicaragua a los países más ricos”. Lo cual es absolutamente cierto, y habría que agregar que Nicaragua podría ascender a la categoría de ingresos medios-altos, y luego a la de ingresos altos (o sea de los países ricos), solo si además del sistema capitalista y el manejo responsable de la macroeconomía, hubiese libertad, democracia y Estado de derecho. Como en Panamá y Costa Rica, para no ir más lejos.
Según economistas, para que Nicaragua pudiera salir de la pobreza necesitaría crecer económicamente a un ritmo anual del 7 al 10 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Y eso acompañado de políticas públicas que promuevan la modernización de la producción y las exportaciones, que el crecimiento sea inclusivo, que generen empleo masivo, que reduzcan la informalidad laboral y la desigualdad en la distribución de los ingresos.
Los economistas dicen que si una economía crece al 7 por ciento anual, el PIB y el ingreso per cápita se duplican en unos 10 años. Este efecto multiplicador permite sacar a grandes masas poblacionales de los umbrales de pobreza, como lo ha demostrado la experiencia histórica.
Explican además que cada punto porcentual de crecimiento del PIB reduce la tasa de pobreza de 4 a 5 por ciento, dependiendo de cómo se administre la economía y se maneje el Estado. O sea que haya libertad, seguridad de la propiedad y las inversiones, economía de mercado sin distorsiones y se evite la corrupción o se le combata sin contemplaciones de ninguna clase.
En el siglo pasado, el problema fundamental de Nicaragua con el somocismo no era económico. Era político, o sea falta de democracia, de elecciones libres, de Estado de derecho y alternancia en el poder.
Ahora es básicamente lo mismo. De manera que al terminar la dictadura de Ortega y Murillo y se restablezcan la libertad, la democracia y el Estado de derecho, y que se formen gobiernos con personas competentes, eficientes y honradas, la economía nacional podrá florecer y el país salir de la categoría de ingreso medio-bajo. Y por lo tanto salir de la pobreza.