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Venezuela sufrió este miércoles 24 de junio el impacto de dos poderosos terremotos consecutivos, uno de 7.2 y el otro de 7.5 grados en la escala sismológica de Richter. La inmediata valoración oficial de daños humanos cifró en casi 200 las víctimas mortales y alrededor de mil las personas heridas.
Sin embargo, por la magnitud de la destrucción causada por los terremotos los expertos calculan que las víctimas pueden ser muchas más, y los daños materiales incalculables. Al respecto el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) aseguró que “es probable que haya un elevado número de víctimas y daños extensos, y que el desastre sea de gran alcance”.
La catástrofe material y humana de los terremotos en Venezuela ha ocurrido cuando el país comenzaba a salir del desastre causado por el también poderoso terremoto económico, social y humano de la revolución socialista bolivariana o chavista.
De manera que los planes de reordenamiento político democrático tutelado por Estados Unidos (EE. UU.), puestos en marcha desde enero del presente año cuando fue derrocado y capturado el dictador Nicolás Maduro, seguramente tendrán que postergarse.
Además, los proyectos de recuperación y reconstrucción de la economía venezolana conforme al modelo capitalista —que según diversos analistas es el principal interés y objetivo del Gobierno de EE. UU. que ejerce en Venezuela una especie de protectorado de nuevo tipo—, inevitablemente también tendrán que sufrir por lo menos un estancamiento temporal.
Se conoce que, como consecuencia del socialismo chavista, entre 2014 y 2021 el Producto Interno Bruto (PIB) de Venezuela sufrió una contracción de más del 70 por ciento, lo mismo que una desmesurada hiperinflación, la destrucción casi total de la industria petrolera, así como expropiaciones y confiscaciones masivas y una cruda represión política, que en conjunto causaron la salida del país de millones de venezolanos y la mayor crisis migratoria del continente americano.
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La alucinante crisis económica causada por el socialismo chavista en Venezuela —muy parecida a la que en los años ochenta del siglo pasado provocó en Nicaragua el socialismo sandinista—, se combinó con la destrucción de las instituciones democráticas y el sistema de libertades individuales y públicas, sumiendo al pueblo venezolano en una tragedia diversiforme de gigantescas proporciones y dañinas consecuencias.
En realidad, el peor y principal daño que causan todas las catástrofes, sean naturales como los terremotos, o políticas y sociales como las revoluciones socialistas, es el humano. Las casas y edificios, así como las infraestructuras destruidas por los terremotos se pueden reconstruir, aunque se tengan que invertir cuantiosos recursos. Pero las vidas humanas que se pierden o inhabilitan son mucho más valiosas que los bienes materiales y nunca se les puede recuperar. Y los daños personales y familiares que provocan las revoluciones sociales son irreversibles.
Los nicaragüenses sabemos muy bien de eso porque hemos sufrido tanto las catástrofes naturales de los terremotos y los huracanes, como las catástrofes políticas de las revoluciones, las dictaduras y los irresponsables experimentos económicos y sociales de la revolución y el socialismo.
De manera que, por experiencia propia y sufrimientos compartidos, nos solidarizamos sinceramente con el pueblo venezolano en las circunstancias trágicas que está viviendo. Con la confianza en que no pasará mucho tiempo para que salga adelante y victorioso en la reconstrucción material, económica y social, política y democrática de su gran país.