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El joven Axel Eliezer Olivas Cano, de 27 años, permanece en prisión preventiva en el Sistema Penitenciario de Chinandega desde hace cuatro meses. El Ministerio Público lo acusa del delito de asesinato en perjuicio de su tío, Pablo Absalón Cano Martínez, de 55 años, crimen ocurrido el pasado 31 de enero en la comunidad Bethel, municipio de Chichigalpa.
Desde el 22 de mayo, la Fiscalía ha presentado a múltiples testigos que señalan al acusado como responsable de la muerte de su familiar. Algunos de estos testimonios indican que el joven presuntamente consumía sustancias alucinógenas, lo que habría provocado que perdiera el control durante una discusión con su tío, la cual terminó en el crimen.
Ante el Juzgado Segundo de Distrito Penal de Juicio de Chinandega, la acusación fue presentada el pasado 2 de febrero. El Ministerio Público imputó a Olivas Cano por el delito de asesinato, el cual, según el Código Penal de Nicaragua, puede ser sancionado con hasta 30 años de prisión cuando concurren circunstancias agravantes como la alevosía y el ensañamiento.
Lo mató sin piedad
De acuerdo con la acusación del Ministerio Público, el crimen ocurrió aproximadamente a las 8:30 de la mañana del 31 de enero, cuando la víctima llegó de visita a la vivienda de su hermana, María de Jesús Cano, madre del acusado, en la comunidad Bethel, municipio de Chichigalpa.
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Según el libelo acusatorio, los tres se encontraban en la sala de la casa cuando se originó una discusión entre Axel Olivas y su tío. En cuestión de segundos, el joven tomó un cuchillo y se abalanzó sobre la víctima, propinándole varias heridas en el rostro con la aparente intención de acabar con su vida. Sin embargo, el arma se quebró en medio del ataque.
Pese a encontrarse gravemente herido, Cano Martínez intentó huir del lugar, pero no logró avanzar mucho. El acusado lo alcanzó en el patio de la vivienda y le asestó un fuerte golpe en la espalda con un trozo de madera aserrada que tenía clavos incrustados, derribándolo al suelo.
La agresión continuó mientras la víctima permanecía indefensa. Olivas Cano lo golpeó repetidamente en el rostro y la cabeza, provocándole múltiples fracturas que derivaron en su fallecimiento. Un vecino intervino para detener la agresión, pero el daño ya era irreversible. Según la acusación, la causa de muerte fue un trauma craneoencefálico acompañado de una hemorragia intracraneal.
«Sos un grosero»
Durante la audiencia de continuación del juicio, realizada el pasado 26 de mayo, el Ministerio Público inició la presentación de testigos, entre ellos un hijo y la esposa de la víctima, quienes, con visible dolor, relataron los últimos momentos de vida de Cano Martínez.

Según el acta judicial a la que tuvo acceso LA PRENSA, alrededor de las 8:00 de la mañana del 31 de enero, la víctima llegó a la vivienda de su hermana, María de Jesús Cano, en la comunidad Bethel, con quien residía a escasos metros. Fue en ese lugar donde se originó la discusión con el acusado, quien estuvo presente en la audiencia por videollamada.
Gregoria Mercedes Altamirano Torres, esposa de la víctima, fue una de las primeras en rendir testimonio. Contó que conoció a su esposo desde que ambos tenían 14 años. La mañana del crimen, relató, se encontraba desayunando cuando una vecina le informó que la hija de su cuñada había sido asesinada, lo cual no creyó porque sabía que la joven estaba trabajando.
Alarmada, acudió de inmediato a la vivienda de su cuñada. Sin embargo, al llegar, la escena que encontró fue distinta y profundamente impactante: quien yacía en el suelo, sin signos vitales, era su esposo. En medio de la desesperación, corrió a avisar a su hija y señaló al sobrino Axel como el responsable. Recordó que, en ese momento, le gritó: «Sos un grosero, si él no te hacía nada».
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La mujer intentó auxiliar a su esposo, cuyo cuerpo presentaba múltiples golpes, heridas en el rostro, la boca desfigurada y varias cortaduras. Lo sentó en una silla con la intención de reanimarlo y posteriormente fue trasladado en un camioncito al hospital de Chichigalpa. Sin embargo, según su testimonio, los médicos solo pudieron confirmar que ya no había nada que hacer.
Presumen que se drogaba
La esposa del ahora occiso describió al acusado como una persona que «consumía cosas», en aparente referencia al uso de drogas. Según su testimonio, Olivas Cano se ausentaba de su vivienda por varios días —»se perdía», relató— y en ocasiones salía de casa sin control, incluso afectando a su propia madre.
En su declaración también afirmó que el joven mostraba conductas agresivas dentro del entorno familiar. Indicó que, tras sus ausencias, regresaba con una actitud conflictiva, lo que —según la versión expuesta en audiencia— abre la posibilidad de que la víctima haya intervenido para defender a su hermana durante una discusión con el acusado, una versión que también circula entre vecinos del municipio, según confirmó LA PRENSA.
Por su parte, el hijo de la víctima, Julio César Cano Altamirano, reiteró ante el tribunal que su primo es el autor del crimen. Aunque dijo desconocer si existían conflictos previos entre su padre y el acusado, aseguró que el día de los hechos Olivas Cano habría consumido drogas.

«Le realizaron unos exámenes donde salió con algunas lesiones por el consumo de droga», testificó y añadió que su primo «era una persona normal» antes de 2019, cuando únicamente acostumbraba a fumar cigarrillos.
Vecinos también delataron al criminal
Otro testigo, identificado como Julio César Castro Hernández, vecino de la víctima, relató que esa mañana no salió a trabajar, ya que tenía el día libre. Indicó que se disponía a desayunar en familia, alrededor de las 8:00, cuando escucharon unos gritos provenientes del exterior.
«Era una voz de mujer», señaló. En ese momento, su esposa le dijo: «Están discutiendo». Después, escucharon el grito desesperado de una mujer que exclamaba: «¡Me lo mataba!». Al salir a la calle, Castro Hernández vio pasar a la esposa del fallecido, quien pedía ayuda y repetía: «¡Me lo mató a mi viejito, me lo mató!».
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Por su parte, el oficial Carlos Javier García Álvarez, perito de Auxilio Judicial de Chichigalpa, explicó que cuando llegó a la vivienda donde ocurrieron los hechos, la víctima ya no presentaba signos vitales. Detalló que, tras iniciar las investigaciones con los testigos, se ocuparon las presuntas armas homicidas: un trozo de madera con clavos metálicos y una hoja metálica con un extremo filoso, ambas con manchas de sangre en la cacha.
Según el oficial, el móvil del crimen fue una discusión, ya que el ahora occiso discutía por alimentos. Asimismo, refirió que el acusado era muy conocido en la localidad, donde incluso realizaba mandados.
Finalmente, el juez Juan de Dios González Quintana, titular del Juzgado Segundo de Distrito Penal de Juicio de Chinandega, reprogramó la continuación del juicio para el próximo 4 de junio.