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Las protestas contra la reforma inconsulta a la seguridad social sorprendieron en abril de 2018 a algunos cuando se dirigían a actividades pastorales o preparando la maleta para un viaje. Doce personajes consultados por LA PRENSA recuerdan el inicio de las protestas pacíficas que se convirtieron en un parteaguas para la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
En los meses siguientes, después del 18 de abril, miles de ciudadanos se sumaron a las protestas. Estaban indignados con el tema de las pensiones. Sumaron una larga lista de reclamos cívicos. Sin embargo, el Estado respondió a balazos. Según la Organización de Estados Americanos, al menos 355 personas fueron víctimas mortales en el contexto de las manifestaciones entre abril de 2018 y julio de 2019.
El régimen convirtió a la muerte, el encarcelamiento injusto y el exilio en métodos de represión. Con el tiempo construiría el relato de que era víctima de una campaña de injerencia externa, que les habían intentado dar un golpe de Estado, pero lo que ocurrió es que se cometieron delitos de lesa humanidad, tal como documentaron los organismos de derechos humanos y nunca rindieron cuentas. Prevalece la impunidad.
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La sociedad resultó golpeada por esa violencia. “Ha dañado la convivencia, alterado la vida cotidiana y profundizado la polarización social. La violencia ejercida ha generado profundas huellas de dolor e indignación, que se entrelazan con las huellas dejadas por los enfrentamientos anteriores, y han producido el distanciamiento y la desconfianza de amplios sectores de la población con las instituciones del Estado. Las heridas serán muy difíciles de sanar”, advirtió el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) que investigó los hechos de violencia ocurridos entre el 18 de abril y el 30 de mayo de 2018.
Ana Quirós, feminista: «Fui de las primeras golpeadas»

El 18 de abril, yo estaba en Camino de Oriente desde como las 4:00 p.m. Me fui del trabajo al lugar con unas compañeras. Estuvimos esperando que fueran las 5:00 p.m. para hacer el plantón sobre la carretera. Salimos a la Carretera a Masaya con una manta. La cruzamos dos veces y de pronto aparecieron los motorizados. Eran muchos, tal vez unas 50 motos, todos con cascos oscuros y directo a atacar.
Fui de las primeras golpeadas. Tratando de defender a una joven que la estaban atacando y queriendo quitar el teléfono, alguien me identificó y se vino contra mí con un palo. Me dio en la cabeza y yo metí la mano para protegerme porque me siguieron golpeando. Soltaron a la muchacha y la agarraron conmigo. Eran unos 8.
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Me hicieron dos heridas en la cabeza de ocho y diez centímetros, me quebraron los dedos y la muñeca. La cabeza sanó bien, pero la mano requirió cuatro operaciones y más de un año de fisioterapia para quedar sin movimiento los dos dedos.
Lesther Alemán, líder estudiantil: «En minutos llegaron las turbas»

El 18 de abril nos correspondía impartir reforzamiento en El Crucero a un grupo de clases, pero debíamos apresurarnos con los niños. La cita era a las 4:00 de la tarde en Camino de Oriente. No superábamos las 10 personas, entre ellas estaba Ana Quirós.
El ambiente era sofocante por la caída del sol, el bullicio del tráfico y lo que parecía haber mil ojos sobre esa esquina de zapatos Luzma sin que notáramos de dónde nos observaban. Gritábamos consignas.
En minutos llegaron las turbas, acompañadas de motorizados que cargaban bates, tubos de metal, piedras, o lo que se veía como objetos para golpear. Entre gritos de “ladrones” nos fueron acorralando y nos movimos hacia Carretera a Masaya. Nos agredieron e insultaron. Hubo gente a la que le fue peor.
Támara Dávila, activista: «Marchas reprimidas a balazos»

Estaba en Camino de Oriente. Cuando entré por la UAM en mi vehículo, miraba cómo mucha gente salía corriendo por ese lado, corriendo de los garrotazos, balas de goma y gases lacrimógenos. Unos cargando a otros. Identifiqué a varios, subí a los que pude a mi vehículo. Los saqué a Rosti Pollos, que quedaba ahí frente a la Lotería en Camino de Oriente. Volví, siempre en mi vehículo, para ayudar a otros. Y ahí me encontré con Ana Quirós, y otros jóvenes más, entre ellos a Luis Blandón, el presidente de mi partido, Unamos.
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Los que estaban bien, bajaron del vehículo y se quedaron. No volví a entrar, porque salí directo para el Hospital Militar con Ana Quirós que sangraba mucho de su cabeza y de su mano. Y estuve y amanecí, hasta que llegó el 19 de abril. Es historia de heridos, de marchas reprimidas a balazos y a punta de violencia.
Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua: «¡Sean sensatos!»

Me preparaba para ir a una actividad pastoral en el Hogar Zacarías Guerra a las 5:30 p.m. Como tenía tiempo, antes de salir, decidí ver 100% Noticias en la televisión. Quedé conmocionado. Estaban transmitiendo imágenes de la represión violenta de grupos sandinistas contra ciudadanos que protestaban contra las reformas del Seguro Social en Camino de Oriente. Vi rostros ensangrentados, gente golpeada y otras personas que corrían buscando protección. La Policía observaba desde lejos sin intervenir ni proteger a las personas agredidas.
En ese momento, se me ocurrió publicar este tuit: «Hago un llamado a Daniel Ortega y a su esposa para que detengan la violencia y la represión. ¡No pongan en riesgo la paz del país! Sepan escuchar, dialoguen, tengan la madurez de rectificar tantos errores por el bien de Nicaragua. ¡Sean sensatos!»
Martha Patricia Molina, investigadora: «Policía capaz de todo»

Me encontraba en una actividad religiosa. De repente nos dijeron que se suspendía porque había protestas y el obispo no iba a poder pasar. Nos iban a informar la reprogramación de la actividad. Inmediatamente escuché las noticias y me trasladé a la UCA. Después de ese momento comencé a participar más activamente en los piquetes, marchas, reuniones.
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Me asusté porque no había pasado mucho del caso de Juan Lanzas y sabía que la Policía iba a ser capaz de todo. Recuerdo que en ese momento Cirilo (Otero) me dijo “que no se atrevan a tocar a los jóvenes porque todo el pueblo saldrá, de ser así”.
Paulo Abrão, exsecretario de la CIDH: «Sentí preocupación»

El día en que comenzaron las protestas en Nicaragua me encontraba desempeñando mis funciones como secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
Me enteré de los primeros acontecimientos a través de reportes iniciales de organizaciones de la sociedad civil y del monitoreo permanente que realiza la Comisión sobre la situación de derechos humanos en la región.
Desde ese momento fue evidente la gravedad de lo que estaba ocurriendo, lo que activó de inmediato los mecanismos de respuesta por parte de la CIDH ante posibles violaciones a los derechos humanos. En mi rol, he decidido una atención prioritaria para la defensa del derecho a las protestas de la población y para registrar y documentar a las situaciones de represión.
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En lo personal, sentí una profunda preocupación y un sentido de urgencia histórica: la intuición, confirmada poco después, de que estábamos ante una escalada que podría derivar en graves vulneraciones de derechos fundamentales y exigiría una respuesta firme de los mecanismos internacionales de protección.
Edwing Román, párroco Masaya: «Escuché estruendos»

Había escuchado un día antes, por la noche, un parlante invitando a la marcha de los señores ancianos del INSS en Masaya. Se me vino la idea cómo quería ir a esa marcha. Pero al día siguiente iba a celebrar misa a un colegio privado, de las monjas españolas de El Pilar, y escuché estruendos en la mañana.
Tal vez 9:00, 10:00 de la mañana, pensé que era una actividad religiosa, porque en Masaya siempre hay bombas, cohetes y chicheros. Cuando terminé la misa me fui caminando a San Miguel y veo un ambiente raro. Poca gente en la calle, la iglesia estaba cerrada, cuando llego a la casa cural me doy cuenta de que era la Policía que había tirado bombas lacrimógenas a la manifestación de señores.
Medardo Mairena, líder campesino: «Nos autoconvocamos»

Me encontraba trabajando en la finca cuando llegué a mi casa y al escuchar las noticias en la radio Corporación me enteré y luego revisé las redes, la televisión, y fue cuando empecé a llamar a mis hermanos campesinos del Consejo Nacional. Algunos ya se habían enterado, otros no.
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Así nos autoconvocamos y decidimos llamar a los líderes territoriales y luego hicimos el llamado al pueblo en general para respaldar a los jóvenes.
Félix Maradiaga, académico: «El despertar de la ciudadanía»

Me encontraba regresando de Rancho Grande hacia Managua. Venía de un trabajo de campo vinculado a uno de los temas que desde el Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp) habíamos venido investigando desde años atrás: la explotación corrupta de los recursos naturales, particularmente en zonas protegidas como la Reserva Indio Maíz y la Reserva de Biosfera Bosawas.
Comencé a recibir información sobre nuevas protestas que estaban siendo reprimidas. Lo que inicialmente parecía un episodio más de descontento social, rápidamente se transformó en algo mucho más profundo: el despertar de una ciudadanía, especialmente de una generación joven, que ya no estaba dispuesta a callar.
Ese día marcó un punto de inflexión. Lo que siguió ya es parte de la historia que todos conocemos: una represión brutal y sistemática, pero también el surgimiento de una esperanza colectiva que trascendió el miedo.
Sergio Ramírez, escritor: «Sentí indignación»

Estaba en España para recibir el Premio Cervantes en Alcalá de Henares de manos del rey Felipe el 23 de abril. La noche anterior asistí a una manifestación de nicaragüenses en la Puerta del Sol y una joven me dio un lazo de luto que me puse en la solapa para la ceremonia, y comencé mi discurso dedicando el premio a los jóvenes asesinados en las calles. Sentí indignación e impotencia cuando me di cuenta de lo que estaba ocurriendo.
Mónica Baltodano, historiadora: «Una verdadera carnicería»

Desde que se denunció el incendio que devastaba la Reserva Indio Maíz nuestra hija Mónica López, directora de Popol Na e integrante del Grupo Cocibolca, se involucró activamente en la denuncia. Incluso fue parte de la delegación de organizaciones ambientalistas junto a Amaru Ruiz, de Fundación del Río y medios de comunicación que llegaron hasta El Castillo, Río San Juan, intentando acercarse a la Reserva, y fueron impedidos por el Ejército de Nicaragua.
Así que nosotros estábamos dando seguimiento a todo el tema, las movilizaciones de los jóvenes, en particular los estudiantes de la UCA. Luego comenzaron las protestas por la reforma de la Seguridad Social.
El día 18 nosotros volábamos a México a un evento de la Fundación Rosa Luxemburgo, y por las imágenes en las redes vimos las agresiones que habían sufrido los que se concentraron a protestar en Camino de Oriente. La actividad de RLS se celebraba a miles de kilómetros de la capital y tendría una duración de una semana así que los días 19, 20, 21, recibía en mi teléfono las noticias de los primeros asesinados. Recordar que el día 19 se reportaron 6 muertos, el 20, llegaron a 24, el 21 llegaron a 31… una verdadera carnicería. Cada nuevo chat me estrujaba el corazón.
Juan Sebastián Chamorro, economista: «Algo inusual»

Estaba preparándome para un viaje que realicé el 19 de abril a Washington. Iba a un encuentro como Funides para presentar los resultados de una investigación de que veníamos realizando con relación a productores de café en pequeñas fincas en Nicaragua. Vi las noticias. Me llamó la atención el nivel de violencia, pero como había ocurrido en episodios similares en los miércoles de protesta, pensé que era algo similar.
Pensé que eran estudiantes sandinistas apoyando al Gobierno. Tomé el vuelo y no le puse mucha mente. Y no fue sino hasta cuando llegué a Houston que me di cuenta de que esos estudiantes estaban protestando en contra del Gobierno y ahí este se me prendió la luz y pensé que estaba realmente frente a algo completamente inusual. Adelanté el vuelo (de regreso), por obvias razones tenía que estar en Nicaragua.
Cuando llegué de noche, como había dejado la camioneta en el aeropuerto, me tocó manejar por toda la ciudad de Managua que estaba en protesta. Me llamó mucho la atención el nivel generalizado que había de protestas en la Carretera Norte.