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El Centro de Asistencia Legal Interamericano en Derechos Humanos (Calidh) publicó el libro Testimonios del horror, en que recoge los relatos de cinco excarcelados políticos y dos familiares de estos. Todos son víctimas de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Hablan desde el exilio.
Esta nueva publicación de distribución gratuita, y de reproducción y uso libre, recopila las vivencias de siete víctimas del régimen. Estuvo a cargo de Danny Ramírez-Ayérdiz, presidente de Calidh, y de la secretaria ejecutiva de la organización, Jazmín Sánchez Granera.
Entre las historias recogidas en el libro está el del líder estudiantil Max Jerez. Permaneció un año y siete meses en prisión, desde lo que él cataloga como su “secuestro” por parte de la Policía el 5 de julio de 2021. Este se prolongó hasta su excarcelación y destierro el 9 de febrero de 2023, cuando fue enviado a Estados Unidos junto a otros 221 presos políticos.

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“Una de las cosas más devastadoras que he vivido”
“El hecho de que no me dejaran ver a mi madre —y enterarme mucho después de su fallecimiento— fue una de las cosas más devastadoras que me ha acontecido. Viví el duelo solo. Nunca había vivido algo tan horrible, tan doloroso. Fue inhumano no despedirme de mi madre”, recuerda el líder estudiantil.
La última vez que Max Jerez vio con vida a su mamá, Heidi Meza, fue el día de su captura en julio de 2021. A los tres meses de estar en prisión supo que su madre estaba enferma, pero nunca le permitieron verla. Meza falleció el 17 de septiembre de 2021 tras padecer derrame pleural y neumonía, pero Max se enteró de su muerte hasta el 13 de octubre. Faltaban cuatro días para que se cumpliera un mes del deceso.
“En la celda de aislamiento era como sentir que me ahogaba en mis recuerdos, consumiéndome, pasaba llorando, no lo podía procesar, pero, insisto, el hecho de estar solo fue mucho más fuerte de lo que debió ser un proceso así”, relata Jerez, quien producto de esa situación y el encarcelamiento sufre estrés postraumático.

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Desde su destierro, el joven dice que trata de ser optimista para seguir viviendo y no dejarse abatir, pero acepta que sobrepiensa cada decisión diaria tras la partida de su madre. Aguarda la esperanza de volver a Nicaragua y visitar su tumba. “Aun así, no va a ser lo mismo”, lamenta.
Fanor Ramos: torturas y el caso de su madre
Una situación similar pasó el expolicía Fanor Alejandro Ramos, encarcelado el 19 de diciembre de 2019. Fue posteriormente desterrado a Guatemala el 5 de septiembre de 2024, junto a otros 134 excarcelados políticos. Él se enteró del fallecimiento de su madre más de un mes después, mientras era prisionero.
“Mi mamá murió mientras yo estaba encerrado y ni siquiera me permitieron conocer en tiempo y forma que había muerto”, cuenta el excarcelado que, durante sus casi cinco años de prisión, fue sometido a fuertes golpizas, quemas con cigarrillos en su cuerpo, extracción de uñas, golpes en los testículos y choques eléctricos. Organismos de derechos humanos han catalogado estos «métodos» como crueles, degradantes e inhumanos.

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Ramos dice que no fue el único preso político que perdió a su madre o un familiar, mientras estaba en prisión sin poder asistir a los funerales. “Esto fue un acto de crueldad, de total irrespeto a la humanidad, una desvalorización total de las mismas personas, porque negarte el derecho a conocer que un ser querido ha fallecido en su momento no es normal. Es sádico”, continúa su relato y resalta que hasta el momento no ha guardado el debido luto a su madre porque le ha tocado sobrevivir y subsistir, pero que “va a llegar su momento de guardar el luto, llorar y sentir”.
Vera, la madre y su hermano
Las historias de las madres que fallecieron mientras sus hijos estaban en prisión o en el exilio se relatan desde distintas perspectivas en el libro. El punto común es el dolor. Vera cuenta desde el anonimato cómo su madre falleció sola en la calle sin que ninguno de sus hijos pudiera estar con ella.
Vera y su hermano, a quien en el libro menciona como Rodríguez, estaban fuera de Nicaragua cuando su madre, que padecía de esquizofrenia, falleció de un infarto en la calle. “Me rompió mucho. Yo no supe a qué hora fue, qué persona tuvo compasión de ella y cómo la asistieron”, lamenta.
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Mientras ella se encontraba en el exilio, su hermano «Rodríguez» estaba a cargo de su madre hasta que fue detenido. Así él también se convirtió en un preso político del régimen. En una de las excarcelaciones masivas fue desterrado de Nicaragua.

Madre fue objetivo de un atentado
En medio de toda la situación, la madre de ambos tuvo que lidiar sola con sus enfermedades hasta que sucumbió, luego de lidiar por mucho tiempo con el hostigamiento y sobrevivir a un atentado perpetrado por fanáticos del régimen que incendiaron su casa una noche mientras ella dormía.
“(Mi mamá) gritaba: ‘Estoy aquí, sáquenme’… un vecino se saltó la valla y le abrió el portón para que saliera”, narra Vera. La hija cuestiona la actuación de los bomberos que, en ese momento, alegaron no tener suficiente agua y que la manguera no funcionaba. Al final, los vecinos apagaron el incendio.
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Según el relato de Vera, una vecina le informó a su hermano que el incendio había sido provocado por unos motorizados que tiraron botellas a la casa. “Escuché cuando se quebraban”, contó la mujer.
Ni Vera ni su hermano pudieron estar con su madre en los últimos días. Falleció un mes después de que él fuera desterrado de Nicaragua. Con su hija tampoco pudo reencontrarse en el exilio. “Tenía prevista una cita el 2 de febrero para ir a tramitar su pasaporte, porque se iba a venir a vivir acá conmigo”, lamenta.
En el libro de Calidh también está el testimonio de Julio César Dávila, un activista de la comunidad LGBTI que sufrió todo tipo de abusos, incluidos sexuales, mientras estuvo en prisión. También pueden leer el de Mildred Rayo, miembro de los grupos estudiantiles, quien quedó con secuelas corporales y emocionales por el tiempo que estuvo encarcelada. La historia del profesor Freddy Antonio Quezada y su hija Adriana también se lee en este texto. Son relatos que cuentan el sufrimiento de los encarcelados y sus familiares.