Rosario Murillo

Rosario Murillo en el acto del 46 aniversario de la Revolución, 19 de julio 2025. Foto tomada del portal oficial El 19 Digital

Más cinismo de Rosario Murillo, días antes de aniversario de Rebelión de Abril

Murillo insiste en que la "paz es un don de Dios", pero ella dio la orden de reprimir en 2018. "País está en manos de mentes criminales", dice analista

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La dictadora Rosario Murillo llamó este 14 de abril a sus militantes a resguardar la paz, la que considera un «don de Dios», cuando faltan cuatro días para que se cumplan ocho años de la rebelión cívica que su régimen reprimió durante meses, causando centenares de muertes en 2018.

El régimen, liderado por Daniel Ortega y Rosario Murillo, se sostiene en un sistema de represión que han fortalecido sumando a paramilitares como «policías voluntarios», incrementando los presupuestos estatales a la Policía y el Ejército, y desplegando distintas herramientas para perseguir a opositores, incluso en el exterior, las cuales han sido parte de reportes de organismos de derechos humanos internacionales.

Es un falso discurso que Murillo orientó a todas las estructuras del sandinismo. Para el analista y ex preso político, Oscar René Vargas, «las atrocidades que mandan o toleran, bajo el pretexto de luchar por la paz y tranquilidad del país, no elimina sus responsabilidades en las torturas, violaciones, represiones y otros crímenes perpetrados por sus paramilitares, policías y los jueces a su servicio«.

El sociólogo Óscar René Vargas en una entrevista en Costa Rica. Foto/Cortesía Realidades

Discurso oficialista ante aniversario de rebelión cívica

Recientemente, el diputado sandinista Filiberto Rodríguez, presidente de la Comisión de «Paz» de la Asamblea Nacional, acusó a las víctimas de abril de haber violentado la armonía, paz y tranquilidad de los nicaragüenses como si el orteguismo no hubiese sido el ejecutor de una represión sistemática contra los ciudadanos.

En un intento de proyectar una imagen de pacifista, Rosario Murillo dijo: “Vivimos en un mundo convulso donde cada día vamos viendo lo difícil que es trabajar por la paz, pero al mismo tiempo seguimos convencidos de que la paz es el único camino para la familia humana. El consenso, la paz, los acuerdos para las rutas de derecho en el mundo entero”.

Sin embargo, Vargas expresó contundente que «el país está en manos de mentes criminales», mientras describió a la dictadora como un personaje tragicómico, envenenada en sí misma y ansiosa por exterminar a los disidentes.

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Del discurso de odio a la manipulación de la religión

La dictadora Rosario Murillo anunció que están preparando en abril actividades principalmente religiosas, que incluyen la participación de la hija del evangelista Yiye Ávila. Ella llegará a Nicaragua este fin de semana acompañada de su hijo.

“Hoy es martes, estamos a 14 de abril, mes de la paz, estamos preparándonos para celebrar en grande esa bendición suprema del padre celestial, la paz, como don de Dios que debemos custodiar, cuidar y resguardar… Preparamos eventos en todo el país, hay mucha actividad de fe… realizaremos reuniones, encuentros y actividades religiosas celebrando que vivimos en una paz que el mundo entero es llamado a custodiar”, continuó Murillo.

El supuesto discurso de paz y fe de Murillo contrasta con las denuncias de la prohibición de más de 28 mil procesiones de la Iglesia católica desde 2019, la mayoría de estas en tiempos de Cuaresma. Lo que ha sido cuestionado por sacerdotes que han denunciado la falsedad de sus palabras e incluso han dicho que la dictadora en realidad no cree en Dios.

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Las dos caras de Rosario Murillo

En el contexto de las protestas de 2018, según la OEA, 355 personas fueron asesinadas y hubo miles de heridos. El discurso de odio de Rosario Murillo entonces fue constante. “¡Es increíble cómo la normalidad, la tranquilidad, la seguridad les irrita, les molesta, les enloquece! Los comparo con los vampiros que no pueden ver la luz… ¡Qué terrible! y ¡cuánto tóxico debe de haber en esas almas! ¡Cuánto odio! ¡Cuánto veneno! en esos ‘puchitos’ que quedan por ahí que quieren ver a nuestro pueblo infeliz”, dijo Murillo el 13 de agosto de 2018 a los medios oficialistas.

A partir de esa alocución se desprendieron una serie de calificativos y ofensas hacia los manifestantes que desde entonces llegaron a ser llamados “chupasangre”, “minúsculos”, “chingaste”, “vandálicos”, “golpistas”, “diabólicos”, “comejenes”, “hongos” y “bacterias”. Un diccionario de insultos, con los cuales alentó la violencia oficial desarrollada desde el Estado.

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Las ofensas se sumaron a los encarcelamientos, persecución, exilio y a una larga lista de violaciones a los derechos humanos, por la que funcionarios y empresas de Gobierno, e incluso la misma Murillo y algunos de sus hijos, fueron sancionados por Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea y Reino Unido. Según testimonios, la dictadora fue quien dio la orden de atacar a los manifestantes en 2018.

Oscar René Vargas: ciudadanía insatisfecha

El régimen nicaragüense está bajo presión de Estados Unidos. El Departamento de Estado ha denunciado la ilegitimidad del ejercicio del poder de Murillo, quien optó por rebajar su retórica antiestadounidense, desde que el tirano venezolano Nicolás Maduro fue capturado la madrugada del 3 de enero en una operación militar en Caracas, junto a su esposa Cilia Flores.

Esto, además de las conversaciones entre la dirigencia cubana y Washington, van dejando sin sus aliados en la región a la dictadura Ortega Murillo. Pero, a veces, ella estalla. El 24 de febrero llamó “arrastrados” y “entregados” a los desnacionalizados, víctimas de una de las políticas represivas del régimen. Para Vargas, sin embargo, existe una debilidad política económica de la dictadora y mucha inconformidad de la ciudadanía, en especial de los más jóvenes.

«Hay un elemento poco contado: las nuevas generaciones de jóvenes. Cada vez más críticas de la sociedad que las gobierna, enojadas por la falta de oportunidades, de empleo y de educación de calidad. Jóvenes difíciles de organizar porque no reconocen las estructuras tradicionales, como los centros sociopolíticos de antaño, como espacios propios. Pero cuando se movilizan se convierten en ese excedente que marca la diferencia para tumbar al régimen como se demostró en el 2018», agregó el analista.

Según Vargas —antiguo asesor de la Dirección Nacional del FSLN— las protestas de 2018 no fueron sólo una gran movilización contra Ortega y Murillo, sino la prueba de que no era sólida la relación entre la dictadura y sectores amplios de la sociedad.

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