árbitros nicaragüenses

Los árbitros nicaragüenses Henri Pupiro y Tatiana Guzmán. LA PRENSA/ CORTESÍA

Historia de los dos árbitros nicaragüenses que pitarán en la Copa Mundial 2026

Tatiana Guzmán y Henri Pupiro representarán a Nicaragua en el Mundial FIFA 2026, el torneo más grande de la historia, con 48 selecciones y un cuerpo arbitral sin precedentes.

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Los dos, Tatiana Guzmán y Henri Pupiro, no llegan como árbitros a la Copa Mundial 2026 como sorpresa, sino como resultado de un proceso sostenido que los ha llevado desde las competiciones más humildes que se puedan recordar en Nicaragua, hasta el escenario más exigente del fútbol internacional.

El Mundial de 2026 será el más grande en la historia del torneo, con 48 selecciones participantes y 104 partidos distribuidos en varias sedes de Norteamérica.

La FIFA convocó a 52 árbitros centrales, 88 asistentes y 30 oficiales de video, en lo que define como el equipo arbitral más amplio y competitivo hasta la fecha, con base en criterios de rendimiento y regularidad.

En ese grupo, Guzmán y Pupiro forman parte de una generación que ha acumulado experiencia en escenarios de alto nivel y que ahora tendrá participación en el principal evento del fútbol mundial.

Estas son sus historias.

De los patios de Catarina

A Henri Antonio Pupiro Esquivel el rigió por el fútbol le empezó como empiezan casi todas las historias de chavalos en Catarina: a la brava y por diversión. Un cardumen de chavalos corriendo en las canchas improvisadas del pueblo, entre el polvazal y las lluvias vespertinas, el tiempo medido hasta que se agotara la luz del día.

Ahí, en ese ritmo desordenado pero constante, aprendió a jugar y, sin saberlo, a mirar.

Nació el 13 de diciembre de 1988 en ese municipio de Masaya donde el fútbol siempre ha sido menos seguido que el béisbol, pero él y una generación de jóvenes nacidos en los finales de los años 80 se enamoraron del deporte y decidieron, a contracorriente social, irse por los goles en vez de los jonrones.

Fue mediocampista, de los que corren mucho y malabarean poco. El estilo del “jogo bonito brasileño”, dicen cronistas deportivos que han seguido su trayectoria, nunca fue su fuerte.

No era el más vistoso, pero sí uno de los más ordenados. Le gustaba ubicarse bien, anticipar la jugada, cortar el avance del rival y darle salida limpia al balón. Ese misión de leer las jugadas antes que reaccionar terminaría marcando su camino.

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Los dos árbitros mundialistas de Nicaragua, Tatiana Guzmán (centro) y Henri Pupiro (extremo derecho), ya como miembros del Colegio Nacional de Árbitros de Fútbol, en un juego en Masaya. LA PRENSA/CORTESÍA.

Sin magia, pero con disciplina

En Catarina lo recuerdan como un futbolista resistente, metódico y disciplinado, de madrugar para entrenar y enemigo de vicios propios de la chavalada. Su último título de campeón fue en 2015, en la liga municipal categoría libre mayor de Masaya, con un equipo llamado FC Arsenal X.

Para entonces, sin embargo, su vida ya había tomado otro rumbo: el arbitraje. Ya lo llamaban para pitar juegos de patios en Catarina y otros municipios de Masaya.

De acuerdo con cronistas deportivos de Managua, a los 20 años Pupiro decidió entrar a la escuela de árbitros en Managua.

El arbitraje le ofrecía otra perspectiva: seguir vinculado al fútbol, pero desde la responsabilidad de ordenar el partido. Empezó desde abajo, como todos. Pitó en ligas de barrio, en canchas rurales, en partidos amistosos de ligas municipales.

Su crecimiento fue progresivo y silencioso, dice un periodista deportivo radial que, asegura riendo, nunca ha podido sacarle una entrevista “a fondo” porque “a Pupiro no le gusta la farándula”.

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Henri Pupiro, como campeón con el FC Arsenal en 2015, en categoría mayor libre municipal en Masaya. LA PRENSA/CORTESÍA.

El juez de Messi

Una vez en la academia de arbitraje, Pupiro participó en cursos, clínicas y capacitaciones hasta que en 2014 obtuvo el gafete oficial FIFA.

A partir de entonces, empezó a aparecer en torneos internacionales, primero en Centroamérica y luego en competiciones más amplias de la Concacaf.

El 2023 fue un punto de inflexión. Ese año estuvo en el Mundial Sub-20 de Argentina y en la Copa Oro en Estados Unidos.

En medio de ese calendario, vivió una escena que resume el alcance de su carrera: integró el cuarteto arbitral en un partido oficial donde jugó el astro Lionel Messi, durante la Leagues Cup con el Inter Miami.

Desde entonces, su presencia internacional se ha vuelto constante. Ha trabajado en la Liga de Campeones de la Concacaf, en eliminatorias mundialistas y en torneos de selecciones.

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Entre astros y «monstruos»

También ha sido convocado para arbitrar en la liga profesional de Arabia Saudita, donde coinciden figuras de alto perfil como Ronaldo y otros astros.

En 2025 formó parte del equipo arbitral del Mundial de Clubes, un torneo que reunió a 32 equipos con super estrellas en ascenso y que confirmó su consolidación.

En marzo de 2026 participó en el repechaje internacional rumbo al Mundial y poco después recibió la noticia más importante de su carrera: la FIFA lo designó como árbitro asistente para la Copa Mundial de 2026. Es, hasta ahora, uno de los puntos más altos para un árbitro nicaragüense.

Pero más allá de los torneos, según la prensa deportiva: hay una rutina que Pupiro no cambia: sus hábitos.

Entrena con disciplina, cuida su estado físico y revisa constantemente el reglamento. No se confía en la experiencia y siempre está buscando actualizarse, dice una periodista deportiva desde Managua.

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Tatiana Guzmán, junto a Henri Pupiro, previo a un juego de 2013 en Managua. LA PRENSA/CORTESÍA.

Una “máquina” de precisión

En los juegos de alto nivel, como asistente, a Pupiro se le ve correr y señalar una posición adelantada, ya sea por un pie fuera de línea o un hombre completo.

Las imágenes de repetición lo muestran moverse con una calma práctica.

Hay una imagen que ayuda a entenderlo. Pitó de principio a fin un partido en la UNAN Managua en 2014, bajo una lluvia intensa, con la cancha convertida en un lago de barro.

Mientras los jugadores luchaban por mantenerse en pie, Pupiro seguía la jugada con la misma línea, sin perder el ritmo ni obstaculizar la posición. No se detuvo y terminó el partido como lo empezó: concentrado y empapado de pie a cabeza.

Fuera del campo, su vida es más bien discreta dicen los cronistas consultados por Domingo.

¿En qué es bueno Pupiro? Preguntamos. Pues que entiende el ritmo del juego, anticipa conflictos, se coordina con el árbitro central con una precisión que muchas veces pasa desapercibida para el público. Y como árbitro asistente se limita a lo suyo: a hacer bien su trabajo sin que se note demasiado.

Henri Pupiro, arbitrando bajo lluvia juegos oficiales de primera división en Nicaragua. LA PRENSA/TOMADA DE FENIFUT NICARAGUA.

Tatiana antes del silbatazo

A Tatiana Guzmán la memoria siempre le regresa en movimiento: corriendo detrás de un balón en las calles polvorientas de Batahola Norte, calculando trayectorias invisibles mucho antes de que supiera que ese instinto de medir las jugadas sería su oficio.

Creció soñando con jugar primera división, con pertenecer al ritmo colectivo de un equipo oficial. Pero en su historia, como en los partidos que hoy analiza desde el VAR, las jugadas decisivas ocurrieron lejos del foco que hoy la destaca como la mujer que más alto ha calado en el arbitraje deportivo de Nicaragua.

Nació en Managua en 1987, en una familia tradicional y unida. Su madre, Claudia Alguera, vigilaba con discreta firmeza que el deporte no desplazara los estudios; mientras su padre, Guillermo Guzmán, acompañaba con esfuerzo y responsabilidad ese equilibrio entre pagarle estudios y permitirle jugar avituallada con algunos recursos básicos.

Su adolescencia no fue distinta a la de muchos jóvenes de barrio: juegos improvisados, competencias callejeras, entretenimiento físico. Cuando era adolescente pasó de la afición al béisbol callejero con los chavalos de su barrio al fútbol de “perreras” y de ahí a cualquier disciplina que exigiera actividad física.

Tatiana Guzman
La árbitro nicaragüense Tatiana Guzmán, reconocida como la mujer que más ha escalado en el futbol nicaragüense. LA PRENSA/TOMADO DEL PORTAL OFICIALISTA 19 DIGITAL

Mediocampo en la UCA

Pero fue en la universidad donde su relación con el deporte adquirió forma de proyecto de vida. En la Universidad Centroamericana, donde estudió Ingeniería en Calidad Ambiental, el fútbol volvió a cruzarse en su camino cuando abrieron un equipo femenino. Se apuntó sin dudarlo.

Jugaba como defensora, aunque a veces el entrenador la adelantaba al mediocampo.

Ahí aprendió a interceptar, cuándo retrasar, cuándo iniciar la transición del balón. Esa capacidad de leer lo que otros apenas perciben se convertiría más tarde en su principal herramienta como árbitra. Pero entonces no lo sabía. Solo jugaba y estudiaba su carrera.

Su paso por el deporte universitario fue exigente, según contó a Magazine en un perfil de 2025. Madrugaba para entrenar, asistía a clases, viajaba a partidos con lo justo.

A los veinte años ya jugaba en equipos de primera división femenina, alternando entre la Academia Las Segovias, la UAM y luego la UNAN-Managua. Sin embargo, en ese trayecto también aprendió una lección que la puso a pensar: el fútbol femenino en Nicaragua no ofrecía futuro económico.

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árbitro nicaragüense
La primera y única mujer árbitro de Nicaragua, Tatiana Guzmán, que va como juez a un juego de Copa Mundial. LA PRENSA/CORTESÍA.

Los años “aburridos” de Tatiana

Ese límite marcó una ruptura. A los 23 años, recién graduada, dejó de jugar y aspirar a hacer carrera como jugadora.

Entró a trabajar como inspectora de campo en ENACAL. Era un trabajo técnico que exigía observación y precisión. Sin saberlo, estaba entrenando otra forma de mirar: una mirada atenta al detalle.

En lo personal, esa etapa la obligó a reconfigurarse. Pasó de la intensidad del deporte a la rutina laboral, del colectivo universitario a la soledad de las tareas técnicas.

Pero no abandonó del todo esa necesidad de movimiento. Algo en ella, quizás la disciplina heredada, seguía buscando un cauce que ella buscaba en los gimnasios haciendo cardio y fuerza.

“Mamá, quiero ser árbitro”

El arbitraje apareció como una oportunidad fortuita, como una ventana para volver a los deportes: vio a mujeres arbitrando y empezó a investigar, para descubrir que ahí, en la escuela de arbitraje de Managua, había un espacio posible.

Cuando decidió intentarlo se enfrentó a un mundo exigente y, en muchos sentidos, hostil. Era la única mujer en entrenamientos diseñados para hombres.

Aunque ella sabía mucho del juego, no conocía a profundidad las reglas del deporte: estudió desde cero hasta aprobar las pruebas y exámenes.

Según narró Magazine en 2025, el arbitraje le produjo su transformación más profunda después de la universidad: aprender a decidir con rapidez y conciencia.

Su entorno familiar volvió a ser clave en ese proceso. Sus padres, que antes habían condicionado su carrera deportiva a los estudios, ahora respaldaban una apuesta menos evidente, ya que no había garantías de ingresos estables o desarrollo profesional.

A los árbitros nicaragüenses Henri Pupiro y Tatiana Guzmán, la Asociación de Cronistas Deportivos de Nicaragua les reconoció el mérito como jueces destacados en 2021. LA PRENSA/CORTESÍA.

La época de fulgor con la FIFA

Con el tiempo, Tatiana desvaneció ese temor familiar. Acumuló experiencia en torneos nacionales e internacionales, se formó en el sistema VAR y encontró en esa especialización un espacio donde su capacidad analítica destacó con más claridad.

Eso lo destacó en 2025 el propio presidente de la Comisión de Árbitros de la FIFA, Pierluigi Collina, considerado uno de los mejores árbitros de todos los tiempos.

“Si puedo mencionar un ejemplo, una de las mejores oficiales de videoarbitraje es una mujer proveniente de Nicaragua, Tatiana Guzmán ¡Oh, vaya! Ella tiene, diría yo, un talento importante. Su habilidad es muy, muy buena, así que está con nosotros”, destacó Colina en conferencia de prensa.

Ahora, en lo personal, Tatiana mantiene una vida discreta, alejada del ruido mediático, de las redes sociales y más enfocada en su familia y vida profesional.

La última vez que habló para un canal de televisión en Nicaragua dijo que lo que persigue hoy, más bien, es la consistencia: mantenerse al más alto nivel, seguir aprendiendo, no perder la capacidad de autocrítica.

En el fondo, Tatiana Guzmán sigue haciendo lo mismo que hacía de niña en Batahola Norte: observar el juego, anticiparse, decidir y dictar. Solo que ahora lo hace en escenarios donde cada decisión puede cambiar una historia.

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