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Atlanta, 1996. La selección de béisbol de Nicaragua aterriza en los Juegos Olímpicos con la etiqueta de “competidor tradicional”, decidida a disputar las medallas frente a una aún dominante Cuba, un sólido equipo amateur de Japón y un conjunto universitario de Estados Unidos.
Completaban la competencia Corea del Sur, entonces un feroz competidor asiático, además de Italia, Países Bajos y Australia, selecciones que combinaban peloteros nacionalizados y jugadores considerados «prospectos» a ojos de buscadores de talento, que luego buscaban abrirles paso hacia el béisbol profesional estadounidense.
Nicaragua cumplió un torneo competitivo y disciplinado. Avanzó hasta las semifinales, donde cayó 8-1 ante Cuba, y luego disputó la medalla de bronce frente a Estados Unidos, que se impuso con claridad 10-3.
El balance final fue de cuatro victorias y cinco derrotas, incluidas las dos decisivas en la fase final. Aun así, el cuarto lugar significó una actuación histórica y confirmó a Nicaragua como “una potencia emergente” en el béisbol amateur de la época.

Treinta años después…
Han pasado tres décadas desde entonces. Treinta años que, según el exgrandesligas venezolano Omar Vizquel, exmánager de los Gigantes de Rivas en 2025 y 2026, representan el rezago acumulado del béisbol nicaragüense.
“Ellos están como 30 años atrasados en lo que respecta a la evolución de su béisbol”, dijo Vizquel al evaluar su participación en el torneo nicaragüense.
Pese a que Vizquel luego se disculpó por sus declaraciones de febrero pasado, al causar polémica y rabia entre la crónica deportiva y directivos del deporte local, la comparación sobre el béisbol de Nicaragua y otros países, 30 años después, resultó inevitable.
En el Clásico Mundial de Béisbol más reciente Nicaragua no logró ganar un solo partido y quedó por detrás de selecciones que, en 1996, estaban a su alcance competitivo.
Italia, por ejemplo, a quien Nicaragua derrotó 8 carreras a 2 en 1996, mostró un nivel impresionante y competitivo. Países Bajos, que hace 30 años cayó 5-1 ante Nicaragua, confirmó su crecimiento sostenido al derrotar a la selección nicaragüense.
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Mientras, Corea del Sur y Australia, las otras dos víctimas de Nicaragua en 1996, cerraron sus participaciones con registros equilibrados en una competencia altamente exigente.
Esos equipos son, en esencia, los mismos rivales a los que Nicaragua enfrentó y en algunos casos derrotó en Atlanta 1996.
El contraste resulta más evidente si se considera la tradición. Nicaragua acumula más de 125 años de historia de béisbol, mientras que países como Italia y Países Bajos consolidaron sus programas apenas entre finales de los años setenta y comienzos de los ochenta.
Sin embargo, tres décadas después, el mapa competitivo ha cambiado: aquellos perseguidores han tomado la delantera, y Nicaragua, que una vez rozó el podio olímpico, enfrenta ahora el desafío de reconstruir su lugar en la élite internacional.
Béisbol recreativo
¿Qué ocurrió entre 1996 y 2026?
El cronista deportivo Edgard Rodríguez no solo le da la razón a Vizquel, sino que va más allá y pone en duda el cálculo de 30 años de rezago en el deporte de las bolas y strikes.
“Creo que Vizquel tiene razón. No sé si el retraso es de 30 años o más o menos, pero los resultados en torneos como el Clásico indican que nos falta mucho para competir y ganar, que es lo fundamental”.
Según Rodríguez, parte del retraso está en la visión con que se juega y en la estructura del sistema.
“¿Para qué jugamos? ¿Para desarrollar talentos y exportarlos o se hace con un fin recreativo? El Pomares es un proyecto gubernamental con fines recreativos, para entretener a la gente”, señala.
Para él, el país necesita ver el béisbol con una visión más orientada a la inversión, como se hace en los ámbitos empresariales.
“Necesitamos un proyecto con fines de negocio. Buscar talento, desarrollarlo y venderlo. Los jugadores que firman para las organizaciones de Grandes Ligas se hacen mejores jugadores. Unos pocos de ellos llegarán a las Grandes Ligas (4 de cada 100 firmados) y los demás aprenderán a jugar béisbol técnicamente bien y eso eleva el nivel de la Selección Nacional”, observa Rodríguez.
Para él, el desarrollo del béisbol nacional pasa necesariamente por la firma de jugadores y la formación de instructores profesionales para pulirlos y promoverlos.
“En Nicaragua hay talento, no en grandes cantidades, pero hay. Lo que nos falta es instrucción profesional para desarrollarlo”, observa.
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¿De cuál talento hablamos?
A diferencia de Rodríguez, otro especialista en béisbol que pide reserva con su nombre, exasesor de la selección nacional y cronista deportivo, pone en duda la existencia de talento suficiente en Nicaragua.
“¿De cuál talento hablamos?”, cuestiona.
“El problema del béisbol es la escasez de talento. Y es un problema que tiene 125 años. No hemos tenido el material humano requerido para que nuestro béisbol consiga verdaderos niveles competitivos, y eso seguirá siendo una asignatura pendiente”, dice.
Menciona, por ejemplo, como señal de esa sequía de talentos, la ausencia de peloteros nicaragüenses establecidos hoy en las Grandes Ligas.
Y al hurgar en los antecedentes del béisbol décadas atrás, dice que ni cuando había ligas fuertes en el país, de 1950 a 1970, y los campeonatos mundiales eran de equipos amateurs, Nicaragua nunca ganó uno.
“Tan pobre de victorias somos que seguimos recordando la derrota a Cuba en 1972”, dice.
“Lo más duro es que ni siquiera en décadas anteriores, los años 50, 60, 70, 80 y 90, cuando los mejores peloteros de Nicaragua enfrentaban a rivales de nivel medio en el ámbito aficionado, se logró ganar uno de aquellos torneos llamados mundiales, en los que, además, rara vez participaban selecciones centroamericanas sin tradición como Costa Rica, Guatemala, El Salvador u Honduras. Se han hecho múltiples esfuerzos, pero mientras Nicaragua avanza poco, las potencias siguen lejos”, señala.
Sequía de big leaguers
El cronista recuerda que hubo épocas en que Nicaragua contó con cuatro grandesligas simultáneamente, como a inicios de los años 80 con Dennis Martínez, Porfirio Altamirano, Albert Williams y David Green.
Luego ocurrió algo similar hace casi 20 años con Wilton López, Everth Cabrera, Vicente Padilla y Marvin Benard. Hoy, la producción es limitada, pese al número de peloteros en ligas menores que regresan sin marcar diferencia, señala.
Apunta que de la selección se puede destacar, actualmente, el coraje y motivación con que suelen presentarse algunos jugadores a unos partidos con desventajas técnicas y físicas visibles, pero nada más.
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“Se pueden rescatar actuaciones dignas, como competir ante Países Bajos o plantar cara a República Dominicana, pero ese ha sido el balance en ocho juegos de dos Clásicos Mundiales: cero victorias y ocho derrotas”, observa.
Para él, Nicaragua incluso ya no tiene dominio ni en Centroamérica, donde Panamá destaca desde hace décadas a nivel internacional.
“Incluso hay quienes creen que, si Costa Rica decidiera apostar por el béisbol, en diez años podría competir a este nivel, apoyada en más recursos y el talento migrante de cubanos, venezolanos, nicas, colombianos y chinos en su país. Pero su prioridad es el fútbol. Y eso marca la diferencia, pero si ellos quisieran, en 10 o 15 años podríamos enfrentarlos y qué doloroso sería que nos derrotaran”, reflexiona.

Más circo que deporte
El exlanzador de Grandes Ligas Dennis Martínez, también exmánager de la selección nacional y actual analista deportivo en Estados Unidos, lo asume sin rodeos: el béisbol de Nicaragua arrastra un estancamiento de al menos tres décadas.
Martínez explica que las causas son múltiples, pero coinciden en un mismo punto: la falta de visión. A su juicio, las autoridades no han entendido el béisbol como una industria que requiere inversión sostenida, planificación y retorno económico, sino como un espectáculo inmediato, casi circense, que se consume en el corto plazo. “Se ha priorizado gastar en otras áreas antes que en el deporte, y eso pasa factura”, sostiene.
A esa debilidad institucional se suma, según el exgrandesligas, la pobreza estructural del país, que limita la creación de academias, la formación de entrenadores, la incorporación de tecnología y el desarrollo de programas a largo plazo. “Sin estructura, no hay evolución”, insiste.
Señala que la diferencia de Nicaragua con otros países que hace 30 años no existían en esos escenarios internacionales, como Israel, Brasil, República Checa o Países Bajos, es que en esos países han apostado fuerte por contratar a jugadores internacionales y entrenadores que han transmitido sus conocimientos a nuevas generaciones que reciben todo el apoyo estatal para entrenar y aspirar a las Grandes Ligas o torneos exigentes como los de Japón, México, República Dominicana y Puerto Rico.
Martínez coincide con los diagnósticos duros expresados por figuras del béisbol nacional.
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El nocivo conformismo
Recuerda, por ejemplo, las palabras del exjugador de Grandes Ligas y exmánager de la Selección Nacional, Marvin Benard, quien alguna vez calificó el nivel del béisbol local como propio de “ligas campesinas”, y respalda también la afirmación de Vizquel sobre el retraso de 30 años en el desarrollo del béisbol nicaragüense.
Desde su experiencia, Martínez asegura que ha planteado soluciones en distintos momentos y ante varios gobiernos.
“Siempre propuse crear academias, establecer un modelo de autosostenibilidad económica, atraer inversión privada y generar un clima favorable para que empresas extranjeras inviertan en el béisbol como lo hacen en otros sectores”, explica.
Sin embargo, afirma que esas propuestas nunca se tomaron en serio. “Lo de la infraestructura sí ha mejorado, los estadios son lindos y adecuados, pero no es suficiente. El béisbol se sigue viendo como entretenimiento casero, no como una oportunidad de desarrollo”.
El exmánager también cuestiona la falta de autocrítica en la crónica deportiva nacional, que, según dice, evita profundizar en las fallas estructurales del sistema “por intereses políticos, económicos, orgullo o miopía”.
Y apunta, además, a un problema de formación en los propios peloteros, que está profundamente arraigado en la cultura deportiva nicaragüense: el conformismo.
“Muchos muchachos talentosos han emergido, firmaron contratos iniciales y recibieron ingresos de miles de dólares, algunos contratos muy altos, pero, al no contar con una formación, con una visión de competencia para sostener una carrera profesional, se han terminado apagando”, señala.
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Un viejo debate
A raíz de las declaraciones de Vizquel en febrero pasado, el veterano cronista deportivo Edgar Tijerino escribió una columna en Facebook donde recordó que, en 1987, tras la eliminación del equipo en un torneo en Indianápolis con dos derrotas catastróficas, se armó el mismo debate sobre el béisbol de Nicaragua.
“Al regresar, decidí conversar con varios de los managers y entrenadores caseros sobre ¿Qué se puede hacer con nuestro béisbol?, y pienso publicar un par de esas notas escritas hace casi 40 años. Ha sido ese un viejo debate, abordado por entrenadores como Luis Tiant, ‘El Borrego’, Van Tassell y otros. Siempre se desemboca en que aquí se juega un béisbol todavía verde”, escribió.
“Ciertamente, nunca hemos tenido un gran nivel en nuestro béisbol, ni siquiera en el nivel amateur, pese a los subcampeonatos conseguidos, el último en 1990 contra equipos que han desaparecido y jugadores solo por nosotros recordables”, dijo.
“Siempre hemos estado claros que nos hace falta, y más todavía después de la apertura a los profesionales en 1999 (…) Y así, entre destellos y escombros, hemos estado transitando a lo largo de nuestra historia”, escribió Tijerino, dando una pausa entonces de casi cinco semanas para conocer los resultados de la selección en el Clásico Mundial, con Dusty Baker como mánager y luego de ello discutir la polémica desatada por Vizquel ¿Ha retrocedido Nicaragua 30 años en su béisbol?”.
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