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Hay una cosa que el padre Benito Martínez Gamboa añora más que a nada en este momento de su vida: regresar a Nicaragua y cantar el himno “sin ver esa maldita bandera roja y negra”. No quiere saber nada que tenga con ver Daniel Ortega o Rosario Murillo.
En Estados Unidos, a donde fue desterrado en 2023, Martínez está dedicado a su sacerdocio, pero también asumió la responsabilidad de tratar de unificar a los diferentes grupos opositores que tras ocho años de crisis política han sido incapaces de formar un bloque unitario contra la dictadura Ortega Murillo.
Dice que no está interesado en la política. Mucho menos en un cargo público. Lo único que quiere es ayudar a los opositores a unificarse. “Es mi obligación como nicaragüense y cristiano”, asegura.

Desde las protestas de 2018, este sacerdote de 66 años ha tenido un discurso fuerte e influyente. El 30 de mayo de 2018 motivó a protestantes a enfrentar la represión policial y llamó a no tener miedo. Fue encarcelado por la dictadura el 13 de octubre de 2022 y cuatro meses después lo subieron en un avión para enviarlo a Washington sin nacionalidad.
Es de los pocos miembros de la Iglesia católica que todavía alza fuerte su voz en público. En esta entrevista habla sobre eso, la autocensura de la alta jerarquía católica nicaragüense, además de sus esfuerzos para que opositores se unan en medio de la presión que ejerce Estados Unidos sobre ellos.
También habla sobre “el día después”, es decir, lo que se viene una vez que caiga la dictadura Ortega Murillo. “El perdón es una obligación de todo cristiano que no se contradice con la justicia”, comenta.
¿Qué resultó de la reunión entre opositores que organizó usted el fin de semana pasado?
El encuentro fue un éxito. Yo no me esperaba la respuesta tan positiva a mi llamado. Fueron 40 agrupaciones opositoras entre plataformas y personas que fueron invitadas a título personal. Fue un ambiente muy agradable, muy fraterno y ese fue un trabajo en conjunto que vino preparándose desde hacía dos meses de antelación. Para esto nombré yo a cinco asesores, entre ellos, el asesor principal es Álvaro Briceño, un destacado miembro que incluso trabajó para el gobierno de Venezuela en un tiempo y tiene muy buenas cartas credenciales en cuanto a estrategia. En el Banco Mundial también trabajó. Es un hombre muy experimentado.
También estaba Douglas Lee y otras personas destacadas que fueron llevando adelante este esfuerzo. Hubo una buena cantidad de asistentes. El sábado por la noche yo conté a 82 personas, representantes políticos. Hicimos mesas de trabajo. Trabajamos todo el día y al final tuvimos cinco conclusiones que son el fruto de este esfuerzo común que hicimos en Miami.
Vimos esos cinco puntos que menciona, pero ¿qué nuevo o qué diferente se va a hacer ahora de lo que ya se viene haciendo?
Bueno, cada organización ha hecho lo que ha podido y ha creído conveniente hacer y se ha hecho bastante, hay que reconocerlo, pero nunca se había llegado a este punto.
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¿Cuál es este punto?
Que todas las grandes agrupaciones de oposición, la mayoría de los grupos, han llegado o están llegando y otros llegaran a un consenso general. Esta es la propuesta nuestra que se interrelacionará con las propuestas de otras agrupaciones y en conjunto este entretejido va a sacar lo que es la unidad opositora. Esto es lo que tanto esperábamos. Esto es lo que tanto Nicaragua nos había exigido y con justa razón. Está esta propuesta que encabeza este esfuerzo común. Vendrán otras agrupaciones a presentar sus puntos también.
Haremos una agenda común entre todos y esa será la ponencia que presentaremos ante el gobierno de los Estados Unidos, ante la comunidad internacional para obligar al gobierno nicaragüense a abrirse a la democracia, a la libertad de Nicaragua. Este momento nunca antes se había vivido en la oposición nicaragüense.

¿Quién faltó en esa reunión? De CxL no llegó nadie, por ejemplo.
Yo creo que no hay que hacer hincapié en los que faltaron. Tendríamos que pensar en los que se hicieron presentes. Como yo dije en el discurso inaugural, este es el momento de decirle a Nicaragua presente. Aquí estoy, Nicaragua, porque soy tu hijo y porque necesitas de mí en este momento. Yo quedé muy tranquilo porque se invitó a todo mundo. La inmensa mayoría aceptó. 40 organizaciones dijeron sí.
Otros dijeron que no.
Los que no asistieron yo respeto su punto de vista, pero yo quiero trabajar más bien con la gente positiva, con la gente que sí se hizo presente.
¿Se reunirán nuevamente?
Esto es un proceso. Aquí no hay un “llegamos y ya”. Estamos trabajando aceleradamente, pero con paso firme y lógicamente habrá más reuniones en cuanto a la reunión de las cúpulas, digamos, los grupos que están al frente de la oposición para interrelacionarse, intercambiar estos puntos que ya tenemos los nuestros de parte de la Gran Confederación, y ponerlos en común, armar un solo bloque y presentarlo sobre todo a Estados Unidos, que nos está pidiendo desde hace tiempo la unidad.
Se están uniendo por presión de Estados Unidos entonces.
El Departamento de Estado no quiere trabajar con gente aislada. El que se aísla pierde porque es mentira que un grupito de 20 o de 30 van a hacer algo por Nicaragua. Si no nos unimos, es falso que vamos a deshacernos de la dictadura. El Departamento de Estado concretamente me dijo: “Queremos resultados”. Y eso es lo que estamos presentando y vamos a presentar los resultados que hemos realizado en este esfuerzo, que repito, fue un esfuerzo fuerte. Con las diferentes formas de pensamientos llegamos a un acuerdo y son puntos que han costado mucho trabajo.
Creo que esto es un esfuerzo que vale la pena presentarlo y que seguro será tomado en cuenta. Este y lo que presenten las otras agrupaciones, entre todas hay que conformar este entretejido común para presentarlo, pero en común, no un grupo aislado de otro lo cual sería totalmente absurdo.
Padre, ¿ por qué usted asumió la responsabilidad de buscar esta unidad entre opositores?
Porque soy nicaragüense. Porque es deber de conciencia de toda persona que tenga dos dedos de frente, pensar que ese país no puede hundirse en la pobreza, en la miseria, en el despotismo ni en el nepotismo. Un nicaragüense que no sienta un deber moral para salvar a Nicaragua de una estructura férrea, bárbara, salvaje como la que se vive en el país, ese no es nicaragüense, no es hijo de Nicaragua.
Ante los diferentes invasores y diferentes grupos, hoy nos toca la invasión china y rusa e iraní. Pues hay que dar la cara, y un nicaragüense que no da la cara en este momento es un cobarde. Como nicaragüense, como cristiano y como sacerdote siento la obligación moral de apoyar a la oposición nicaragüense porque tiene todo el derecho de no coincidir con la panorámica que presenta o el futuro turbio que presenta un régimen ya acabado como el que desgobierna Nicaragua. Un nicaragüense que nunca ha hecho nada creo que sentirá vergüenza de vivir en una Nicaragua por la cual él no ha hecho nada absolutamente. Por eso estoy trabajando.
¿Tiene interés en algún cargo público?
Yo soy sacerdote, no soy político, ni me interesa la política. Yo no busco ningún puesto político. No puedo ser presidente porque me lo prohíbe la misma legislación de la Iglesia. No puedo ser diputado, no puedo ser ministro, no puedo ser canciller, no puedo ser embajador. No puedo ni quiero. Lo que quiero es servir a Nicaragua en este momento histórico como es característica de la Iglesia. Creo que es mi obligación como nicaragüense y cristiano, como sacerdote, apoyar este proceso.
Precisamente por ese hecho de que usted es sacerdote, ¿eso no le impide participar en política?
Es que yo no participo en política partidaria. A mí no me interesa un partido, no me interesa ser de este u otro partido. Yo no estoy ni milito en ningún partido. Estoy apoyando a la oposición en general. Una oposición que está en contra del desgobierno, del despotismo en el cual se encuentra Nicaragua. Yo no trabajo para ningún partido político ni me interesa. Sería vergonzoso para mí estar afiliado a un partido político.

Cambiando un poco de tema, ya estamos en Semana Santa prácticamente y en Nicaragua la persecución religiosa no ha cesado.
Nicaragua vive en las catacumbas ahorita. Vivimos un cristianismo silenciado, un cristianismo de catacumbas, un cristianismo que, en el fondo es un gran favor el que la dictadura le está haciendo a los cristianos, a la Iglesia.
¿Cuál es ese gran favor?
Decían los primeros cristianos, lo dice Tertuliano, una frase muy importante: “La sangre de mártires es semilla para nuevos cristianos”. A la Iglesia cuando más se le hostiga, cuando más se le persigue, cuando más se le calumnia, cuando más se le ataca, es cuando más florece.
Los más grandes siglos de la Iglesia, los siglos que ha producido a los más grandes santos han sido en los años de persecución. Por ejemplo, en los primeros siglos de la Iglesia, con Diocleciano, con Nerón, ahí están los grandes cristianos de ese tiempo. Y a lo largo de la historia de 2,000 años de Iglesia, hemos visto que los mejores años no son cuando está instalada, acomodada, amiga de los gobiernos, sino cuando es una iglesia pobre, una iglesia evangelizadora, una iglesia que se dedica a lo que el Señor la llamó, que es a evangelizar y no a estar contemporizando con la idea de este mundo.
A propósito de eso, el cardenal Brenes y los demás obispos han estado callados en los últimos años. Algunos quisieran ver a los líderes católicos pronunciándose contra las injusticias que sufre la misma Iglesia en Nicaragua
Yo respeto la postura de los señores obispos en Nicaragua porque está claro que la Iglesia tiene que continuar la misión evangelizadora. Si ellos, los obispos y sacerdotes que están en Nicaragua levantaran la voz, inmediatamente los van a expulsar, como expulsaron a los obispos que tenemos fuera de Nicaragua. Eso no conviene a la Iglesia. Yo sé que hay muchos sacerdotes que están en contra de esa dictadura, pero que no pueden hablar abiertamente porque inmediatamente los sacarían. Creo que es muy respetable la postura de ellos. No es cobardía, sino inteligencia.
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Los obispos que están fuera del país también permanecen en silencio. Usted es de los pocos que habla abiertamente. ¿Existe una orden de silenciarse para no perjudicar a los que están adentro?
En lo personal jamás he recibido ninguna amonestación. Mis superiores han sido muy respetuosos de mi actuar en cuanto al acompañamiento que estoy haciendo a la oposición nicaragüense. Ellos saben que eso es ser nicaragüense, que eso es ser cristiano. Apoyar a su patria, a su gente, a los desposeídos cuando más lo necesitan.
¿Pudo retomar su ministerio sacerdotal en Estados Unidos?
Sí, yo ejerzo mi sacerdocio igual que cualquier otro sacerdote con una responsabilidad a mi cargo, con una comunidad a mi cargo. La Iglesia en Estados Unidos ha sido muy comprensiva, muy abierta y ha apoyado mucho a los sacerdotes que fuimos expulsados después de estar en la cárcel hacia Estados Unidos. Todos los sacerdotes que vinimos aquí a Estados Unidos fuimos ubicados en diferentes diócesis y todos estamos trabajando igual que como lo hacíamos en Nicaragua.
Usted está en Miami. ¿Cómo es la comunidad de nicaragüenses allá?
Hay gran apertura aquí. A mí me encanta encontrarme con los nicaragüenses siempre alegres, optimistas. No hemos perdido la seguridad que vamos a regresar a Nicaragua pronto y hoy cuando Venezuela ya ha caído y que Maduro está en la cárcel. Ahora que Cuba está cerca de lograr su libertad y lógicamente quien viene detrás es Nicaragua. Eso es de cajón.
¿Cree que Estados Unidos debería llevarse a Ortega y a Murillo al igual que se llevaron a Maduro de Venezuela?
Son un par de ancianos ya decrépitos. ¿Qué van a meter una cárcel a una persona así? El gobierno de Estados Unidos tendrá que ver la forma de cómo quitarlos de en medio. Si van a la cárcel o no van a la cárcel ya más adelante se verá, pero hay que quitarlos de en medio para dar paso a la libertad y a la democracia. Como se lo vayan a llevar es lo de menos. Del pelo no creo que se lo lleven porque ya no tiene el pobre, pero con que los aparten de en medio ya sería una gran bendición para Nicaragua.

¿Qué extraña de Nicaragua?
Mi gente, mis amigos, mi comida, mi Iglesia. Todo. Estoy seguro de que el sacrificio que estamos pasando aquí en un país extranjero, aún con todo lo que hemos recibido de ayuda, ese sacrificio será recompensado cuando regresemos los nicaragüenses y nos abracemos como una sola familia y volvamos a salir por nuestras calles cantando nuestro himno, sin ver esa maldita bandera roja y negra que ha sido el insulto, la vergüenza para los nicaragüenses.
Lo más importante de esto es el día después. Estamos ya comenzando la gran transición que la iniciamos el fin de semana pasado en Miami y que esperamos que las demás agrupaciones eh participen en este bloque común.
A propósito del día después, Dios manda a perdonar a quienes hacen daño al otro, pero ¿es posible perdonar a Daniel Ortega?
El perdón es una obligación de todo cristiano que no se contradice con la justicia. Por ejemplo, el papa Juan Pablo II, aquel 13 de mayo de 1981 fue abatido por las balas de un matón que en su momento se supo era pagado por la Unión Soviética. En la Plaza de San Pedro lo abatió al papa y lo mandó prácticamente en agonía al hospital Gemelli. El papa, siendo un cristiano, fue a la cárcel y lo perdonó. Entró a su celda y le dio el perdón. Él lo perdonó, pero la justicia se encargó de tenerlo años y años preso a este criminal.
Los cristianos podemos perdonar (a Ortega), pero no vamos a evitar que se le aplique la justicia. La justicia no se contrapone con el perdón. La justicia es un deber, una obligación que tiene que aplicárseles a todos ellos.
Qué difícil se escucha perdonar a quien le ha provocado tantas desgracias al país.
Sí, es que el daño no ha sido hecho a una sola persona. Ha sido hecho a miles de nicaragüenses. Casi 1 millón de nicaragüenses andamos fuera de nuestra patria. Hasta antes del gobierno de doña Violeta había muerto en el famoso servicio militar obligatorio más de 50,000 jóvenes. ¿Cómo va a pasar eso desapercibido? ¿Cómo va a olvidarse? Esa gente merece que la justicia humana aplique la ley independientemente de la justicia divina que tiene que aplicarse también.
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