Moisés Hassan tenía 45 años de casado con su esposa Rebeca Martínez. LA PRENSA/Hans L. Ramírez

La última trinchera de Moisés Hassan, el guerrillero solitario

No le falta nada material. Lo que le hace falta son los suyos. Después de que el cáncer le arrebatara a su esposa, Moisés Hassan quedó solo, enfermo, confiscado, sin pensión y sin el amor de su vida.

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En una pequeña terraza de frente a un jardín interno está Moisés Hassan. Solo. Lo acompañan un andarivel, una silla de ruedas, su celular y su taza de café. A sus espaldas está la habitación que se ha vuelto la última trinchera de este veterano guerrillero. 

Rebeca, su esposa, lo acompaña desde un cuadro con su fotografía al lado de una caja de madera que contiene sus cenizas. Hassan las atesora como el último recuerdo físico que le queda de ella, pero el más preciado está en su corazón, dice. 

A Moisés Hassan lo anda rondando la muerte. Tres miembros de su familia han fallecido en menos de un año. Primero fue su hermano Anuar, el 22 de marzo de 2025. Después su hermana Sara, el 19 de agosto de ese mismo año. Y más recientemente su esposa Rebeca Martínez, con quien Hassan vivió los últimos 45 años. 

Moisés Hassan junto a su esposa Rebeca en octubre de 2024, poco antes de que a ella le detectaran un cáncer hepático. LA PRENSA/Hans L. Ramírez

Su amada Rebeca era su única compañía en la residencia de adultos mayores donde vive Hassan desde 2021, en Costa Rica. Un cáncer hepático se la arrebató el 26 de febrero pasado. “En once meses tuve tres pérdidas. Ha sido terrible”, dice este veterano guerrillero. 

Su dura corteza se resquebraja cuando habla de los suyos. Hace silencio. Traga gordo. Trata de disimular la lágrima que sale de su ojo izquierdo y con sus dedos alcanza a interrumpir su recorrido por su mejilla. Con entereza se acomoda sus anteojos culo de botella y sigue hablando de lo maravillosa que era su esposa para él. 

Desde aquel trágico jueves está solo. Sus tres hijos viven en otros países. Son dos mujeres y un varón que ya tienen sus vidas hechas, pero se encargan de todo lo que le hace falta a su padre. Los tres viven fuera de Nicaragua “por suerte, porque no estaría tranquilo si vivieran en Nicaragua con ese par de hijos de puta (Daniel Ortega y Rosario Murillo)”. 

Desde 2021 Moisés Hassan permanece desterrado, desnacionalizado, confiscado y sin pensión. “Aquí vivo mantenido por mis hijos. Yo quisiera estar en Nicaragua viviendo con mi pensión y el trabajo de mi vida”. 

Está muy enfermo. “Me encuentro mal. Tengo una lesión en el cerebro que me impide mantener el equilibrio para caminar y tampoco puedo hablar bien”, explica. 

No está muy seguro, pero él atribuye sus dolencias a una golpiza que le dieron policías el 17 de marzo de 2019 cuando fue detenido y llevado aal Chipote tras una manifestación en contra de la dictadura Ortega Murillo. “Me golpearon en la cabeza y más o menos después de eso me empezó a afectar el equilibrio. Estoy jodido, pero primero se muere Daniel Ortega antes que yo”. 

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Fuera de sus complicaciones para hablar y desplazarse, Hassan no tiene ningún otro padecimiento. Él puede caminar sostenido de su andarivel o de las paredes. No es que esté inmóvil, pero se maneja con mucha fragilidad como si fuera un bebé. Tampoco tiene restricciones en su dieta y mucho menos necesita de tantos medicamentos. A sus 84 años sigue siendo un hombre lúcido que recuerda detalles de su juventud, y por supuesto, de cuándo conoció a su amada Rebeca. 

En la entrada a su habitación, Hassan conserva esta ilustración de él y su esposa. LA PRENSA/Hans L. Ramírez

Matemáticas 

Hubo un tiempo en que Moisés Hassan era un fornido joven que usaba camisas de una talla más baja para que se le resaltaran los músculos del pecho y los de sus brazos se asomaran por debajo de las mangas. 

También era un prometedor físico y matemático que a sus 30 años ya contaba con una maestría hecha en Estados Unidos. Muy pocos tenían los estudios que tenía Hassan en aquel entonces en Nicaragua. Era un hombre inteligente y musculoso que generaba sex appeal en las jóvenes estudiantes de la UNAN Managua, a finales de los sesenta e inicios de los setenta. 

Rebeca Martínez era una de sus alumnas de Matemáticas. Hassan la recuerda como una muchacha delgada, de tez blanca y cabello castaño claro. Activa, alegre, atractiva, pero pésima para las ecuaciones. “Salió aplazada y después hizo un examen y salió bien baja”. Entonces, Hassan decidió darle un consejo como su maestro. 

—Señorita Martínez, ¿qué carrera está estudiando usted? —preguntó Hassan. 

—Economía, profesor. 

—En Economía se requiere un cierto manejo de matemáticas. Yo le voy a dar un consejo, mejor búsquese una carrera donde no haya matemáticas porque a usted en esto le va mal. 

—¡Que jodido usted profesor! 

Con el tiempo, Rebeca le tomó el consejo a su maestro y se cambió a Periodismo. 

Hassan y ella quedaron como amigos después de eso. Se saludaban en los pasillos, comían juntos, hablaban de sus familias, de problemas personales, de la vida. Y como una cosa lleva a la otra, terminaron siendo novios para noviembre de 1972. 

Él le llevaba 11 años, pero la edad no era un problema. “A mí me gustó la chavala físicamente y yo a ella le caí bien. ¿Cuál era el problema?”, dice Hassan. 

Para aquellos años Hassan también empezaba a coquetear con la guerrilla del Frente Sandinista. Era colaborador en la UNAN y también hacía incidencia en la zona urbana de Managua. Su sorpresa fue cuando su novia Rebeca lo llevó a conocer a su padre, un diputado somocista llamado Alejandro Martínez Talavera. 

“Era buena gente. No era ladrón, ni criminal ni andaba matando. Era simpático. El hecho de que fuera somocista ya después no le puse mente”, recuerda Hassan. 

“Suelten a ese hombre” 

Días después de triunfo de la Revolución Sandinista del 19 de julio de 1979, el suegro de Moisés Hassan estaba en el aeropuerto con algunos de sus familiares para irse a Estados Unidos. Hassan llegó a despedirlos y de repente su cuñado lo toma del brazo desesperadamente y le dice: “Moisés, se llevan preso a mi papá”. 

Hassan vio a lo lejos que dos guerrilleros sandinistas se estaban llevando de los brazos a su suegro, así que impuso su autoridad como miembro de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional para hacer que lo liberaran. 

—¿A dónde llevan a este hombre? —reclamó Hassan. 

—Va preso por somocista. 

—No, no, no. Me lo sueltan ya mismo. Él está limpio y no es criminal. 

Los guerrilleros no pudieron hacer más que obedecer. Soltaron al hombre y poco tiempo después se fue rumbo a California, en Estados Unidos. 

Rebeca ya se encontraba allá desde 1978, cuando la guerra entre sandinistas y la Guardia Nacional de Somoza se había intensificado. Para entonces, Hassan ya era un guerrillero urbano y su comunicación con Rebeca era a través de cartas que iban y venían. 

En 2024, Rebeca contó a la revista Magazine que hubo un momento en que las cartas dejaron de llegarle y alguien le dijo que su novio Moisés había caído en combate en una zona de la capital. Pasó varios meses angustiada porque no sabía si él había logrado recibir la última carta que quizás era la más importante hasta ese momento: le aceptaba la propuesta de matrimonio. 

Finalmente, un día de tantos llegó una nueva misiva de su novio y ahí fue donde se dio cuenta de que el Hassan que había muerto era Omar, su cuñado, en una masacre que cometió la Guardia Nacional en mayo de 1979. 

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Tras la caída de Somoza, Rebeca regresó a Nicaragua y al poco tiempo se casaron, en diciembre de 1979. Permanecieron unidos por el matrimonio durante 45 años hasta que la muerte de ella los separó. 

Hassan, como miembro de la Junta de Gobierno, fue uno de los firmantes de los decretos de confiscación a propiedades de funcionarios somocistas. Él asegura que a su suegro le quitaron una finca y una casa en donde “ya se habían metido unos jodidos vividores”. Eso sí, su suegro nunca le reclamó a él, dice. 

Gorilita 

Antes de su esposa, la muerte de sus hermanos Anuar y Sara ya habían golpeado a Hassan el año pasado. El primero era el mayor de los seis hijos que tuvo el palestino Musa Ahmed Hassan con la nagaroteña María Elsa Morales. El segundo es Moisés Hassan. 

Como hermanos mayores y con solo un año de diferencia, eran muy unidos, recuerda Hassan. Jugaban beisbol en las calles polvosas y hacían travesuras de jovencitos. Al crecer cada quien tomó su camino. Anuar se hizo periodista, mientras que Moisés se dedicó al fisicoculturismo, a la Física y a la lucha contra Somoza. 

Anuar Hassan trabajó en LA PRENSA a finales de los sesenta y fue allí donde conoció a Rosario Murillo, la actual dictadora de Nicaragua y con la que Anuar sostuvo una relación. Se casaron y tuvieron un hijo llamado como su padre. 

“Yo le decía Gorilita a ese niño porque era todo gordito, cachetoncito”, recuerda Moisés. Él llegó a cargarlo, a jugar con él y a cuidarlo en un par de ocasiones. “Lo quería mucho yo a ese niño. Era mi sobrino. Al final él no tenía la culpa de lo que se convirtió su madre después”, detalla. 

Rosario Murillo y Anuar Hassan durante su boda. En la foto aparecen acompañados por el director de LA PRENSA Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y los padres de Murillo, Zoilamérica Zambrana y Teódulo Murillo. ARCHIVO

A ese bebé, Moisés recuerda que incluso lo llevó donde la familia de Rebeca para que lo conocieran. Poco después, el terremoto de 1972 terminó con la vida del pequeño porque una pared de taquezal le cayó encima. Rosario Murillo y Anuar Hassan se separaron después de eso y Moisés volvió a saber de ella hasta que en la Junta de Gobierno se encontró con Daniel Ortega y Murillo ya era su pareja. 

De los hermanos Hassan ya solo quedan dos: Moisés y Foad Hassan. 

Anuar murió de insuficiencia renal crónica y otros padecimientos en marzo de 2025. En agosto del mismo año murió Sara, de enfermedades propias de su edad. Anteriormente, en 2012, el quinto de los hermanos llamado Amín murió de cáncer. Y en 1979, el cuarto llamado Omar murió asesinado por la Guardia Nacional. 

El cáncer y Ortega 

En mayo de 2021, Hassan fue a Estados Unidos a visitar a una de sus hijas y a vacunarse contra el covid-19 porque no quiso que lo apuntaran con el dedo cuando llegara a un centro de salud de Managua por ser crítico de Ortega. 

Cuando intentó regresar, no le permitieron entrar al país y se tuvo que quedar en Costa Rica. Desde entonces vive en una residencia de adultos mayores pagada por sus hijos. En este mismo lugar vivía con su Rebeca. Ella era “la chavalita” del lugar. Tenía 72 años. “El que le seguía tiene como 80 ya”, comenta Hassan. 

Ambos eran la compañía del otro y ella lo asistía a la hora de movilizarse. Luego, en 2023, el régimen Ortega Murillo lo despojó de su nacionalidad, le confiscó su casa en Belmonte y le robó su jubilación de 2,800 dólares, la cual recibía tras más de 40 años trabajando como maestro en la UNAN, pero también como ingeniero civil y algunos cargos públicos como ministro de Construcción o alcalde de Managua en los años ochenta. 

Moisés Hassan camina con dificultad debido a un problema neurológico, pero él se siente fuerte y lúcido. LA PRENSA/Hans L. Ramírez

Su casa en Belmonte asegura que no fue piñateada. Se golpea el pecho con la mano derecha para decir que él la compró con sus propios recursos y el sudor de su frente. “No pueden decir que yo me robé o que me quedé con algo. No señor”, insiste. 

Fue en el exilio y tras haber sido despojado de todo lo que había trabajado en su vida cuando llegó la noticia del cáncer de su esposa, en noviembre de 2024. Rebeca optó por operarse, pero “fue un fracaso”, detalla Hassan. 

Durante el procedimiento los médicos se dieron cuenta de que si extirpaban el tumor cancerígeno también podían afectar otras funciones del hígado. No hubo de otra que echar marcha atrás, cerrar la herida y probar con la quimioterapia hasta que su cuerpo no resistió y cedió. 

Desde entonces, Hassan pasa sus días solo. Lee algún libro durante el día. Por ahora está leyendo Historia de un amor escabroso, de un autor costarricense llamado Freddy Miranda. También se pierde horas viendo las redes sociales en su celular y procura estar actualizado con el acontecer nicaragüense. 

Las enfermeras que lo asisten le garantizan sus comidas y meriendas diarias. No le falta nada material, pero sí le hacen falta los suyos. Las personas que se encargan de su cuidado tratan de no hacerlo sentir solo. “No es igual que estar con la familia, pero mitiga un poco”, agradece. 

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COMENTARIOS

  1. Hace 3 meses

    Superb Lectura de la comparativa figura de Moises Hasan y el Energúmeno de DOS salido de las letras de Ralp Smith . Solamente que los padres de la Revolución e Independencia Americana : Washington, Jefferson y Adam eran patriotas escogiendo la emancipación de este gran pueblo, siento vistos estos dos ultimos actores como enanos en el escenario de los estadistas.

  2. Hace 3 meses

    No tengo vela en este entierro, pero su referencia a los co-dictadores como ‘hijos de puta’ me provocó risa. En serio, ¿quién le roba la pensión del seguro social a alguien que ha cotizado? Solo un degenerado mal nacido haría tal acción. También me causó risa cuando afirmó que primero muere Ortega antes que él. Esto es como la rivalidad entre Thomas Jefferson y John Adams. Ambos estaban agonizando al mismo tiempo en diferentes estados de la Unión americana. Jefferson preguntaba constantemente, «¿Ya se murió Adams?» «No, Señor Jefferson, Adams todavía sigue vivo», la sirvienta contestaba. Finalmente, ambos murieron el mismo día, es decir, el 4 de julio de 1826, en el día del 50 aniversario de la independencia de los EE.UU a la cual ambos personajes habían contribuido. Jefferson siendo el autor de la Declaración de Independencia y Adams como embajador en Europa tratando de conseguir fondos en Europa para el ejército continental luchando contra los ingleses.

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