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Hasta marzo de 2014, la mayor referencia sobre ser reprimidos que tenían los campesinos de El Tule, en San Miguelito, Río San Juan, eran los relatos de sus padres, quienes les contaban cómo los sandinistas los perseguían y los obligaron a irse al exilio en la década de 1980, cuando hubo una guerra entre sandinistas y contras en las montañas del país.
Sin embargo, a partir de ese marzo de 2014 comenzaron a ver la represión frente a frente, hasta protagonizar una desigual batalla de casi nueve horas el 24 de diciembre de ese año, cuando policías y antimotines les cayeron de sorpresa cerca de las 5:00 de la madrugada y los atacaron “parejo” con balas de goma.
Imágenes de campesinos heridos dieron testimonio de la brutalidad con que fueron agredidos por órdenes de los dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo, iracundos porque los campesinos habían levantado un tranque en la carretera a El Tule para impedir que la maquinaria llegara a las comunidades y realizara trabajos de cara a la supuesta construcción de un canal interoceánico pactado con el empresario chino Wang Jing.
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José María Calderón, uno de los agredidos, originario de la comunidad El Dorado 2, recibió un balazo de goma en el ojo izquierdo y lo perdió.
Casi 10 años después, en 2024, esa agresión de los policías de los Ortega Murillo terminó por costarle la vida a Calderón. Como no veía bien tras perder un ojo, pasó cerca de una serpiente terciopelo, a la que rozó del lado sin visión; el animal lo mordió y no lograron trasladarlo a tiempo a un centro asistencial.
Así como Calderón, aunque de muchas otras maneras, casi todos los campesinos de El Tule siguen viviendo con las secuelas de aquellos ataques.

Germán Murillo, un campesino mejor conocido como “Pilín”, recibió un balazo de goma en el labio superior izquierdo, que se le abrió e inflamó, además de perder mucha sangre. Poco después tuvo que abandonar El Tule, irse lejos, para no seguir siendo víctima de acoso y represión.
La mayoría de los campesinos de El Tule se mantuvo en pie, protestando contra las pretensiones de construir el canal interoceánico de los Ortega Murillo y el chino Wang Jing, y llegaron a realizar casi 100 marchas contra el canal y su ley, la 840, con la que los dictadores pretendían despojarlos de sus tierras y entregarlas al proyecto canalero.
Se mantuvieron así hasta que estallaron las protestas cívicas de abril de 2018, a las que se unieron y ayudaron a levantar el tranque de San Pedro de Lóvago, uno de los más fuertes de aquellas protestas, pero nuevamente fueron reprimidos.
La llamada Operación Limpieza que los dictadores ejecutaron en julio de 2018 para eliminar los tranques acabó también con la resistencia de los campesinos “anticanal”, como se les conocía.
Los líderes campesinos tuvieron que huir de El Tule y marcharse al exilio. Los que se quedaron tuvieron que hacerlo en silencio, firmando “cartas de compromiso” con la Policía y el Ejército de la dictadura Ortega Murillo.
Primera resistencia contra el canal
Desde junio de 2013, cuando la Asamblea Nacional, obediente a los Ortega Murillo, aprobó la ley del canal interoceánico, los campesinos comenzaron a capacitarse sobre lo que significaba esa norma, especialmente porque la ruta anunciada indicaba que sus tierras serían afectadas.
Los campesinos se alarmaron al descubrir que el Gobierno estableció que las tierras serían indemnizadas a valor catastral: 500 dólares, unos 12 mil córdobas de la época, por cada manzana. Quien se opusiera, simplemente sería desalojado.
Por eso, cuando los campesinos de Quebrada Seca, en El Tule, vieron a un grupo de chinos, policías y funcionarios merodeando, midiendo y colocando mojones, se agruparon y fueron a pedirles que se marcharan, porque de lo contrario “iban a tener problemas”.

Así lo recuerda José de Jesús Sequeira Ramírez, hoy de 44 años y exiliado en Estados Unidos. “Les dijimos que se marcharan porque el Gobierno no tenía tierras ahí”, dice hoy Chepito Sequeira, como es conocido este campesino.
Los chinos dijeron que no querían problemas.
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Ese mismo día, cerca de las 11:00 de la mañana, convocaron por teléfono a todos los campesinos de la zona y permanecieron reunidos en Quebrada Seca hasta cerca de las 2:00 de la tarde, cuando acordaron conformar un comité de emergencia, que luego se replicó en otras comunidades de El Tule.
Cuando la Policía supo que los campesinos se habían organizado, empezó a buscar formas de intimidar a la población de El Tule, y la situación se extendió a otras zonas del país, como Nueva Guinea y Rivas, especialmente en la isla de Ometepe, cuyas tierras también serían afectadas.
Ataque de diciembre 2014
Las tensiones se acumularon a lo largo de 2014, cuando lo del canal interoceánico no pasaba de palabras.
Sin embargo, en diciembre de ese año, los campesinos supieron que por la carretera estaban trasladando maquinaria hacia El Tule.
De inmediato levantaron el primer tranque en la carretera.

Durante siete días impidieron el paso. Organizaron transporte y alimentación, pero el 24 de diciembre, a las 5:00 de la mañana, fueron sorprendidos por la Policía de los Ortega Murillo.
“Nos cayeron de pronto y estábamos descuidados”, recuerda Sequeira. Una lluvia de balas de goma cayó sobre los campesinos entre las 5:00 de la mañana y las 2:00 de la tarde. “Nos agarramos con ellos”, dice.
Finalmente, los líderes decidieron retirarse al ver que los disparos eran indiscriminados y que ya había muchos heridos.
“Nosotros solo machetes teníamos”, concluye Sequeira.
Sin apoyo
Los campesinos, agrupados en el Movimiento Campesino Anticanal, realizaron casi 100 marchas de protesta entre 2014 y 2018 y se mantuvieron firmes en su demanda: que se derogara la Ley 840.
Durante esa lucha, sintieron que la población en general se mantuvo ajena, se queja un líder campesino en el exilio que pidió anonimato.
Fue hasta abril de 2018, cuando los adultos mayores protestaron contra las reformas al Seguro Social que les recortaban el cinco por ciento de sus pensiones, que el país se levantó contra los Ortega Murillo.
Los campesinos se sumaron de inmediato. Marcharon hasta Managua para apoyar a los jóvenes que también se alzaron en defensa de los adultos mayores golpeados por turbas de la dictadura el 18 de abril de 2018.

Al retirarse de Managua, ya no regresaron a El Tule, sino que se integraron al tranque de San Pedro de Lóvago, que obstaculizaba una de las principales vías productivas del país, y lo fortalecieron con su experiencia.
En esas protestas, el 7 de junio de 2018, murió Juan Francisco Zeas Orozco, campesino de San Miguelito, asesinado por paramilitares de los Ortega Murillo.
El tranque de San Pedro de Lóvago fue atacado el 14 de julio de 2018. Ese día también fueron sorprendidos por paramilitares con armas de guerra, en medio del cansancio acumulado de semanas sin dormir.
El Tule en “silencio”
Tras el ataque al tranque de San Pedro de Lóvago, los campesinos de El Tule regresaron a sus casas y firmaron “cartas de compromiso” para que la Policía y los paramilitares los dejaran vivir en sus tierras.
Ahora, explica Freddy Mairena, uno de los líderes del MovimientoAnticanal, los campesinos se mantienen “en silencio”, además de estar bajo constante vigilancia.
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Un líder campesino exiliado en Estados Unidos regresó a Nicaragua para intentar vivir en su finca, pero tuvo que salir nuevamente porque la Policía buscaba mantenerlo bajo arresto domiciliario, o “casa por cárcel”, señala Chepito Sequeira.

Mairena añade que la represión fue tan dura que muchos campesinos huían a las montañas para protegerse y luego regresaban. Pero la situación era insostenible y la mayoría de los líderes terminó en el exilio.
Hoy, El Tule es una comunidad campesina “silenciada” por los Ortega Murillo.
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