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Si el capítulo más grande de la historia de Nicaragua es la independencia que se logró en 1821, tras tres siglos bajo el dominio español, el segundo podría ser la reincorporación de la Costa Mosquita al territorio nicaragüense en febrero de 1894.
Las autoridades españolas de la Colonia nunca dominaron ese territorio debido a muchos factores, entre los que destacaron los constantes ataques en la región de piratas y corsarios ingleses y los problemas internos que tuvo la corona española en esos siglos. La Costa Atlántica, a como se le conoció después, hoy llamada Caribe, se mantuvo en esos siglos bajo la disputa de las dos más grandes potencias de la época, España e Inglaterra.
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Tras la independencia de España, empezó el interés por anexar la Costa Mosquita a Nicaragua y, tras varios esfuerzos del gobierno nicaragüense, en 1860 se firmó un tratado con Gran Bretaña mediante el cual Inglaterra se retiró de la Mosquitia y reconoció definitivamente la soberanía nicaragüense sobre estos territorios, produciéndose el fin de la monarquía local que Inglaterra había establecido desde 1687 bajo la figura del rey mosco.
Sin embargo, de facto, Inglaterra mantuvo un protectorado sobre la Mosquitia, pues eliminó la monarquía, pero implantó una reserva de la Mosquitia que tuvo un autogobierno. Inglaterra abolió el cargo de rey y estableció el de “jefe”, el cual debía ser ocupado por alguien de la etnia miskita.
Durante el periodo conocido como los 30 años conservadores, presidentes como Tomás Martínez, Pedro Joaquín Chamorro, Vicente Cuadra, Evaristo Carazo y Roberto Sacasa, intentaron ejercer la soberanía nicaragüense y amonestaron al jefe mosquito, pero este último se burlaba de las autoridades nicaragüenses, escribió el historiador José Dolores Gámez en su libro Historia de la Costa de Mosquitos.

Fue hasta en 1894, tras la llegada al poder del dictador liberal José Santos Zelaya que se logró la reincorporación efectiva de la Costa Mosquita a Nicaragua. Años después, los conservadores aseguraron que el verdadero héroe de la reincorporación fue el general Rigoberto Cabezas, un periodista que en 1893 fue nombrado por Zelaya como inspector general de la Mosquitia, pero los liberales aseguraron que la prueba de que fue Zelaya el principal reincorporador es un telegrama que le envió a Cabezas diciendo:
General Rigoberto Cabezas
El Rama
Ocupe militarmente Bluefields, deponga al Rey Mosco y déjeme las consecuencias.
Comandante general
Zelaya
La historia oficial registra hoy que fue Zelaya el que dirigió todo desde su despacho en el Campo de Marte.
Un total de 132 años han transcurrido desde que Rigoberto Cabezas ocupó militarmente Bluefields, entre la noche del 11 de febrero de 1894 y la madrugada del día 12. “Viva Nicaragua”, gritaron los soldados leales a Zelaya, mientras quitaban la bandera de Gran Bretaña e izaban la Azul y Blanco de Nicaragua.
Los indígenas del Caribe, antigua Costa Mosquita, lograron que se les reconociera autonomía sobre esos territorios en 1988, pero hoy se quejan de que la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo no les deja ejercer esa autonomía y denuncian que, por el contrario, a través de concesiones mineras, les están entregando esos territorios a los chinos.
Contrabando y conspiraciones
Sobre la reincorporación de la Costa Mosquita a Nicaragua se han tejido múltiples versiones sobre cómo ocurrió, y una de las más llamativas fue la que escribió, el 20 de julio de 1933, en el periódico El Correo de Granada, un hombre llamado Federico Quiroz.
Quiroz aseguró que el verdadero origen de la Reincorporación de la Mosquitia tuvo lugar en la jungla de la Costa del Atlántico, donde el náufrago alemán Gustavo Schultz, convertido en el rey del contrabando del hule en esa región, para defender su contrabando de la fiscalización de las autoridades del Rey Mosco, hizo propaganda activa entre los indios a los cuales dominaba económicamente, para infundirles la idea de que ellos a quien debían obedecer era al Gobierno de Nicaragua y, cuando creyó madura la situación, con Quiroz envió el recado al entonces presidente Roberto Sacasa, “que ya era tiempo de proceder a la Reincorporación de la Mosquitia”.

Pero en esos días, Sacasa fue derrocado por una revolución libero conservadora y poco después se produjo una siguiente revolución, la liderada por José Santos Zelaya.
Luego, Quiroz, siempre cumpliendo orientaciones de Schultz, llegó a Managua acompañado de un hombre llamado Celedonio Morales y hablaron con José Dolores Gámez y después se reunieron con Zelaya.
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Fue entonces que Zelaya habría decidido enviar a la Costa Atlántica a Rigoberto Cabezas como inspector general.
Zelaya le habría dicho a Cabezas: “Deponga al Rey y déjeme las consecuencias”. Según este testimonio de Quiroz, usado después por algunos sectores, especialmente conservadores, para restarle méritos al dictador, supuestamente no hubo telegrama enviado por Zelaya a Cabezas.
Toma a la medianoche
La historia oficial dice que uno de los primeros pasos del dictador José Santos Zelaya como gobernante, en 1893, fue enviar a la Costa Atlántica como representantes de su gobierno a Carlos Alberto Lacayo, como comisario en la Mosquitia; al general Rigoberto Cabezas, como inspector general de armas en todo el litoral; al general Francisco Guerrero Managua, como gobernador del Cabo Gracias a Dios y a Félix Quiñónez como gobernador intendente de San Juan del Norte.
Ya como inspector general en la Costa Mosquita, estando en El Rama, en diciembre de 1893 Rigoberto Cabezas firmó un compromiso político asegurando que iba a ocupar militarmente la ciudad de Bluefields y derrocar al rey que Inglaterra tenía establecido en esas tierras.

El 7 de febrero de 1894, Zelaya le envió tropas de refuerzo a Cabezas, las que llegaron en un vapor llamado Miranda. A ellas se les sumaron otras tropas leales a Zelaya, bajo el mando de los coroneles Francisco Torres, Luis Cartín y Ramón Ocampo, aunque todos comandados por Cabezas.
Dichas tropas tomaron posesión de Bluefields el 11 a la medianoche, en medio de las protestas de Estados Unidos y Alemania, que también tenían interés en la Costa Mosquita debido a la ya vieja idea de construir un canal interoceánico por Nicaragua.
Cabezas procedió a separar de su cargo al jefe mosco Robert Henry Clarence, conocido como Robert II de la Mosquitia y declaró la Reincorporación de la Mosquitia a Nicaragua.
Poco después, en noviembre de 1894, la Costa de Mosquitos fue rebautizada como departamento de Zelaya, en honor a José Santos Zelaya.
Luego, tras esfuerzos diplomáticos de Nicaragua a través de José Madriz, en 1905 se firmó el tratado Harrison-Altamirano, suscrito en Managua, mediante el cual quedó sellada la Reincorporación.
Órdenes de Zelaya
Para la década de 1930, ya muerto José Santos Zelaya, subsistía la duda de la trascendencia del dictador en la reincorporación de la Mosquitia a Nicaragua.
Sin embargo, diarios liberales, como La Noticia, dirigida por Juan Ramón Avilés, se dieron a la tarea de buscar el telegrama con el que Zelaya habría dado la orden a Rigoberto Cabezas de tomarse Bluefields y derrocar al rey mosco.
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No hallaron el documento, pero sí encontraron a dos testigos claves: el telegrafista Juan R. Espinosa, que el día de la reincorporación se encontraba en San Juan del Norte, y el capitán José Rodríguez, correo oficial del gobierno en ese entonces en la zona de la Costa Mosquita.
Espinosa relató que se recibieron unos telegramas del general Zelaya para hacerlos llegar al general Rigoberto Cabezas y al comisario Carlos Alberto Lacayo.

Mientras que Rodríguez indicó que salió de San Juan del Norte en una embarcación hacia El Bluff, donde se encontraba Cabezas.
Cuatro días después, estando en el río Rama, Rodríguez vio que en el vapor Hendrick iban más de 200 hombres armados rumbo a Bluefields, comandados por Cabezas y Carlos Alberto Lacayo.
Rodríguez subió al barco y preguntó quién era el general Cabezas, porque no lo conocía. Le indicaron que estaba en el segundo piso del barco. Subió y le entregó la correspondencia a Cabezas y a Carlos Alberto Lacayo.
En esa correspondencia, afirmó Rodríguez, iba el histórico telegrama que decía: “Deponga al Rey Mosco y déjeme las consecuencias”.
Rodríguez le entregó la correspondencia a Cabezas el 11 de febrero de 1894 y ese mismo día, por la noche, fue que las tropas de Zelaya atacaron el cuartel de Old Bank, en Bluefields, y tomaron posesión de la ciudad.
Rigoberto Cabezas murió poco después, en 1896, pero dejó escrito que había actuado bajo las órdenes de Zelaya. En 1940, elevaron un monumento en su honor en el parque Frixione, en Managua, y, en Masaya, donde descansaban sus restos en una bóveda de una familia de apellido Rosales, estos últimos fueron trasladados a un sarcófago especial.
Abandono y explotación
Cuando José Santos Zelaya y Rigoberto Cabezas hicieron efectiva la reincorporación de la Mosquitia a territorio nicaragüense, en 1894, las tierras indígenas en la Costa de la Mosquitia, hoy Caribe del país, representaban más del 50 por ciento del territorio de Nicaragua, explica a la Revista DOMINGO la defensora de derechos indígenas, Anexa Alfred.
Desde entonces, lamenta Alfred, los políticos nicaragüenses solo han sabido “saquear” el Caribe del país. “Las políticas estatales son para ver qué se puede sacar (del Caribe), pero no para velar por los derechos de los indígenas”, dice.
En 1987, con los sandinistas en el poder, por primera vez en la Constitución Política del país se reconoció la existencia de los pueblos indígenas y como dueños de sus tierras, pero fue producto de la resistencia militar, a lo que se le conoció como la Contra “indígena”. Además, un año después, en 1988, se aprobó la Ley 28, que estableció la autonomía para los pueblos del Caribe del país.

No obstante, todavía no había una demarcación y titulación de las tierras indígenas. Tuvo que nacer una nueva ley, en diciembre de 2002, cuando la Asamblea Nacional aprobó la Ley 445, Régimen de propiedad comunal para pueblos indígenas y comunidades étnicas en la Costa Atlántica y los ríos Bocay, Coco y Maíz.
Hubo fuertes discusiones por esa ley, recuerda Alfred, porque a los indígenas solo se les quería otorgar el usufructo de las tierras, pero no reconocerlos como dueños totales.
Alfred concluye diciendo que las tierras indígenas tienen tres características: inalienables, imprescriptibles e inembargables. “No están para el comercio”, sentencia.
Sin embargo, en la actualidad, la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo es cómplice de colonos que tienen invadidas las tierras indígenas, asesinando a indígenas. Además, los Ortega Murillo han concedido numerosas concesiones mineras a los chinos en el Caribe desde el 2021, cuando restableció relaciones diplomáticas con la China comunista.
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