Nuriz Sequeira se mantiene en el exilio, en Costa Rica, trabajando siempre a favor de los campesinos y manteniendo la lucha contra los Ortega Murillo. LA PRENSA/ CORTESÍA

Nuriz Sequeira se mantiene en el exilio, en Costa Rica, trabajando siempre a favor de los campesinos y manteniendo la lucha contra los Ortega Murillo. LA PRENSA/ CORTESÍA

Nuriz Sequeira, la lucha de una campesina contra los Ortega Murillo

En su comunidad, El Tule, se convirtió en lideresa social y desde 2013, tras el proyecto canalero, fue perseguida por la dictadura. Se graduó como ingeniera en computación para enseñar a los jóvenes y niños, pero la dictadura no la dejó trabajar.

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El sueño de Nuriz Sequeira, una campesina de 41 años, de la comunidad El Tule, en el departamento de Río San Juan, era ser maestra de computación y ayudar a jóvenes y niños a prepararse tecnológicamente.

Sin embargo, gracias a los actuales dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo, hoy está exiliada en Costa Rica, desde 2018, enfocada en sobrevivir, pero sin abandonar la lucha por hacer de Nicaragua un país libre.

Para lograr su sueño, se había ido a Granada, donde se graduó como ingeniera en computación y sistemas y, luego, en el año 2010, buscó hacer prácticas en la Alcaldía de Masaya.

Fue a partir de ese momento que los sueños y la vida se le comenzaron a truncar, porque se topó con las actitudes totalitarias de Ortega y Murillo, en el poder desde el 2007.

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Ya en la infancia, Sequeira había sufrido al sandinismo en la década de 1980, con Ortega al frente, porque sus padres, Rutilio Sequeira y Mariana Ramírez, fundadores de El Tule, fueron confiscados por ese primer régimen sandinista.

Sin embargo, ahora era ella directamente la que veía cómo Ortega y su esposa la afectaban con sus medidas dictatoriales. Sequeira no pudo conseguir la oportunidad de las prácticas en la comuna masayense porque le pidieron una carta aval de los Consejos del Poder Ciudadano (CPC), una organización comunitaria inventada por Murillo para controlar a la población.

El Tule, en Río San Juan, estaba dentro de la fallida ruta del proyecto canalero de los Ortega Murillo. LA PRENSA/ ARCHIVO
El Tule, en Río San Juan, estaba dentro de la fallida ruta del proyecto canalero de los Ortega Murillo. LA PRENSA/ ARCHIVO

Sequeira no logró hallar trabajo por falta de ese aval político, ya que, como aspirante a maestra, se lo pidieron también en los colegios en los que buscó oportunidades.

Decidió regresar a El Tule, donde se encontró con otras oportunidades para servir a su comunidad, que para entonces sufría la falta de agua y padecía por los malos caminos en la zona. Sequeira se convirtió en lideresa comarcal para solucionar esos problemas.

Sin embargo, nuevamente los Ortega Murillo le arruinaron la vida, cuando, en el año 2013, le entregaron al chino Wang Jing una concesión canalera, a través de la Ley 840, que puso en riesgo las tierras de los campesinos en la franja canalera proyectada, de la cual era parte El Tule.

En ese año, Sequeira estaba muy bien, pues tenía un negocio de lavar carros, una tienda de ropa nueva y trabajaba también una finca familiar. Sin embargo, puso todo eso a un lado y se dedicó a luchar contra esa ley que amenazaba las tierras de los campesinos y el medioambiente, incluido el gran lago Cocibolca.

Un exilio dentro de Nicaragua

Los campesinos de El Tule y de otras comunidades sacaron muchas copias de la ley 840 para repartirlas entre los demás campesinos y explicarles el gran peligro que corrían, pues prácticamente los Ortega Murillo le estaban entregando la soberanía del país a Wang Jing.

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Anduvieron de comunidad en comunidad y lograron organizar a la gente. Así nació lo que se conoció como el Movimiento Campesino Anticanal, agrupación que entre 2013 y 2018 logró hacer más de 100 marchas en todo el país contra el lesivo proyecto canalero de los Ortega Murillo.

En el Movimiento Campesino, Sequeira llegó a ser representante departamental por Río San Juanm, pero eso le valió que la Policía del régimen la buscara por “levanta masa”.

Hasta julio del 2017, el movimiento anticanal llevaba 90 marchas en  demanda  de la derogación de la Ley 840 o Ley canalera, aprobada en el 2013. LA PRENSA/ ARCHIVO
Hasta julio del 2017, el movimiento anticanal llevaba 90 marchas en demanda de la derogación de la Ley 840 o Ley canalera, aprobada en el 2013. LA PRENSA/ ARCHIVO

En el 2014, muchos campesinos cayeron presos y ella tuvo que ocultarse porque la Policía la buscaba para encarcelarla. “Tuve que exiliarme tres meses en Granada porque me buscaban en la casa. Estaba exiliada dentro de mi mismo país”, recuerda.

Los campesinos nunca se cansaron de luchar contra el proyecto canalero. No obstante, asegura Sequeira, no vieron el apoyo de la población en general a la causa.

Lo único que sabían era que había que estar listos para cuando se presentara la primera oportunidad para que el pueblo entero se levantara en protestas contra los abusos de los Ortega Murillo. Ese momento llegó en abril de 2018.

En los tranques

Nuriz Sequeira estaba en su casa, en El Tule cuando se produjo el incendio que arrasó con una buena parte de la Reserva Indio Maíz, en los primeros días de abril de 2018.

No se veía el fuego, pero sí miraba a lo lejos el cielo cenizo, porque la reserva está a muy poca distancia de El Tule.

Los campesinos se alertaron porque sintieron que llegaba el momento que estaban esperando, ya que los jóvenes comenzaron a manifestarse en las redes sociales contra la pasividad del régimen Ortega Murillo ante la emergencia en Indio Maíz.

El tranque que los campesinos tenían en San Pedro de Lóvago, antes de ser atacado por las fuerzas de la dictadura, en julio de 2018. LA PRENSA/ ARCHIVO
El tranque que los campesinos tenían en San Pedro de Lóvago, antes de ser atacado por las fuerzas de la dictadura, en julio de 2018. LA PRENSA/ ARCHIVO

Para el 13 de abril, antes de que empezaran las manifestaciones y la represión en el Pacífico del país, los campesinos en El Tule ya habían organizado un tranque en la comunidad, sin saber aun lo que estaba por ocurrir.

Después, a partir del 18 de abril, inició la crisis que aun no acaba en Nicaragua, pero ya los campesinos estaban preparados para apoyar las protestas contra los Ortega Murillo, las que los dictadores aplacaron con paramilitares y armas de fuego.

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«Tenemos que apoyar a cualquier grupo que vaya a protestar”, era el lema de los campesinos antes de abril de 2018.

Sequeira apoyó el tranque de El Tule y hasta fue coordinadora de una comisión de logística. Hacía cualquier cosa que se necesitara para que el tranque se mantuviera en pie.

Además de lideresa comunitaria, para entonces también era promotora del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) y andaba con su camiseta de promotora procurando que hubiese paz, que no se maltratara a nadie, defendiendo los derechos humanos. “Somos todos nicaragüenses”, advertía para evitar que se generara violencia.

Le dolió mucho cuando en junio de 2018 los paramilitares de Ortega y Murillo mataron a un joven campesino del tranque de Las Tablillas hacia El Tule.

Al exilio en Costa Rica

Cuando a mediados de julio de 2018 los paramilitares atacaron el tranque de San Pedro de Lóvago, al tranque de El Tule llegaron a avisar que había que desalojar porque las tropas del Gobierno y los paramilitares estaban disparando a matar con armas de guerra.

Hasta el día de hoy, asegura Sequeira, los campesinos no saben con exactitud cuántos de ellos fueron asesinados en San Pedro de Lóvago. Fueron muchos, pero los familiares de la mayoría de esas víctimas mortales no quieren hablar por temor a represalias.

A partir de entonces, Sequeira tuvo que huir y anduvo de comunidad en comunidad, en su departamento, Río San Juan, entre julio y noviembre de ese año 2018.

En una ocasión, recibió una llamada en la que un comisionado, supuestamente de apellido Chacón, le decía que debía presentarse en la delegación policial para brindar los nombres de todos los campesinos que lideraron los tranques y que a ella la iban a dejar en paz.

“Déjeme en paz, no voy a hacer nada”, respondió ella y a continuación se movió a otro lugar donde no había señal.

Como no la ubicaban a través del teléfono, los personeros del régimen comenzaron a acosar a un hermano de ella en El Tule, pidiéndole que le comunicara que debía presentarse ya no ante la Policía, sino en la Naval del Ejército en San Carlos, porque querían proponerle “un arreglo”.

Llegada la situación a ese punto, la llamaron sus padres. Se tenía que ir del país. El Ejército la andaba buscando y estaba exponiendo a la familia.

Una noche de noviembre de 2018 se fue a despedir de sus padres. Nunca más los volvió a ver. El papá murió en 2021 y la madre en 2022.

Tras despedirse, salió hacia Costa Rica con ayuda de un baquiano. El Tule y la frontera con Costa Rica están cerca, pero se le hizo un viaje largo, agotador y muy caro, porque iba por puntos ciegos, evitando al Ejército.

Por último, alquiló una lancha y llegó a Costa Rica.

La lucha en el exilio

Sequeira se hospedó en la casa de una hermana que vive en Costa Rica y se puso a cortar café, algo que nunca había hecho, para ganarse la vida.

Al mismo tiempo, buscó cómo regularizarse en el país y también les ayudó a hacer lo mismo a otros campesinos que no sabían leer ni escribir, pues algunos no podían hacer ni una llamada en el teléfono para pedir cita en Migración costarricense.

Seguidamente, se acercó al organismo Cenderos (Centro de Derechos Sociales del Inmigrante), que estaba ayudando a los campesinos con paquetes de medicamentos y alimentación, pero también buscó trabajo como niñera.

Luego, se reencontró con líderes del Movimiento Campesino, se reunieron y pidieron permiso a los campesinos que están en Nicaragua para reorganizar el movimiento. Los que están en Nicaragua dijeron que sí, porque de todas formas dentro del país no pueden hacer mucho.

Se reestructuraron, incluso, en 2023 Sequeira fue coordinadora del Movimiento Campesino que abarca no solo a los campesinos exiliados en Costa Rica, sino a los que están exiliados en otras partes del mundo y también dentro de Nicaragua.

Desde hace un tiempo, Sequeira se trasladó a Upala, cerca de donde está la también lideresa campesina Francisca Ramírez, doña Chica.

Nuriz Sequeira se mantiene cultivando la tierra, en Upala, junto a otras campesinas nicaragüenses exiliadas. LA PRENSA/ TOMADA DE INTERNET
Nuriz Sequeira se mantiene cultivando la tierra, en Upala, junto a otras campesinas nicaragüenses exiliadas. LA PRENSA/ TOMADA DE INTERNET

En ese lugar, a pesar de que la tierra no es muy buena, siembran frijoles y otros granos y vegetales para sobrevivir.

En la actualidad, el Movimiento Campesino se está preparando para recibir a otra cantidad de campesinos que se van a exiliar porque el Ejército ya les está amenazando con que van a perder sus tierras debido a la reciente reforma de la Ley de fronteras, con la que la dictadura confiscará propiedades a lo largo de 15 kilómetros de ancho en las fronteras.

“Aquí seguimos, en la lucha para sacar a la dictadura y que Nicaragua sea libre”, finaliza diciendo Sequeira.

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