Lista de reproducción
- No hay más artículos para escuchar
Donald Trump es una persona fácil de criticar. Su narcisismo es evidente, al igual que su arrogancia, falta de tacto y otra letanía de defectos. Pero no hay duda de que es un líder con las agallas suficientes para hacer temblar a los tiranos. En solo dos meses ha sacado de circulación a dos de los más detestables del planeta. Primero, Maduro, extraído y apresado, y luego Jamemeí, muerto con todo y su camarilla. En realidad, son proezas que, independientemente de sus aristas legales, han demostrado un coraje, una capacidad de acción, y una visión estratégica, ausente en sus predecesores.
Por más de veinte años Chávez y luego Maduro habían declarado su enemistad con Estados Unidos e impuesto una dictadura terrible, corrupta y aliada del narcotráfico. Tan destructiva que convirtió en miserable la otrora pujante economía venezolana y forzó al exilio de más de 8 millones de sus habitantes. Biden, sin embargo, levantó varias de las sanciones impuestas durante la primera administración de Trump y les devolvió a Alex Saab a cambio de la liberación de varios norteamericanos. Trump, en cambio, no vaciló en orquestar una arriesgada operación militar para extraer a Maduro de su bien guardada fortaleza y ahora va encaminando a Venezuela hacia su anhelada transición a la democracia.
Por más de cuatro décadas Irán había también declarado su odio hacia Estados Unidos e Israel. Su lema oficial ha sido “Muerte a América” y sus acciones han sido consistentes con él. Directamente, o a través de sus peones, se estima que en ese lapso Irán causó la muerte de al menos mil norteamericanos, la mayor parte de ellos militares. Mientras tanto estaba almacenando un arsenal formidable de misiles y enriqueciendo uranio para construir bombas atómicas.
Pero a pesar de esta acciones y amenazas, los dos últimos presidentes demócratas trataron de apaciguarlo inyectándole billones de dólares. Obama firmó en 2015 un acuerdo con Irán comprometiéndolo a restringir por 10 años cualquier proyecto de bomba nuclear. A cambio le dio US$1.7 billones en efectivo y entre 25 y 56 billones producto de levantarle sanciones y entregarle fondos que le estaban congelados. Con esta bonanza económica Irán siguió armándose y apoyando con billones de dólares a sus peones terroristas como Hamás, Hezbolá y Hutíes. Luego Biden le entregó 6 billones por la liberación de cinco norteamericanos y 10 en extensiones de waivers. Fue entonces cuando Hamás lanzó su masacre de civiles israelitas en octubre del 2023 y cuando Irán estuvo a un paso del umbral necesario para construir un artefacto nuclear.
Trump rompió evidentemente con estas políticas absurdas de apaciguamiento y decidió tomar el toro por los cuernos. En vez de tratar de amansarlo decidió exterminarlo. Como era de esperarse sus rivales demócratas en lugar de apoyar una acción que evidentemente servía al país, se le opusieron pretextando de que sus acciones eran ilegales, cosa que no dijeron cuando presidentes demócratas iniciaron la guerra de Vietnam. Ahora quedan en el continente americano otras dos tiranías detestables, enemigas juradas de Estados Unidos: Cuba y Nicaragua. La expectativa es que Trump siga apuntándose más triunfos contribuyendo a librar de su opresión a los habitantes de estas desafortunadas naciones.
En realidad, es saludable que Estados Unidos, y el mundo libre en general, tengan al fin un líder viril, capaz de confrontar a regímenes malvados. Sus intenciones más hondas pueden ser discutibles. Pocas personas, en realidad, actúan impulsadas por solo motivos nobles. Con frecuencia las acciones de muchos tenidos como próceres o héroes están contaminadas por la búsqueda de renombre o metas egoístas. Lo importante, empero, es juzgar los resultados. Si estos resultan en liberación y mejores vidas para los oprimidos merecen aplauso.
Lo que hay que evitar son esos líderes pusilánimes que, so pretexto de ser prudentes o diplomáticos, o no confrontan el mal o coquetean con él. ¿Se imaginan qué hubiese pasado si en las pasadas elecciones norteamericanas hubiesen ganado los demócratas con Kamala Harris? Maduro y Jameneí estarían hoy felices en sus tronos acompañados de las sonrisas del resto de los tiranos. Hoy en cambio ya no están y sus amigos tiemblan de miedo.
El autor es sociólogo. Exministro de Educación.