Trump, ¿flagelo de tiranos?

En realidad, es saludable que Estados Unidos, y el mundo libre en general, tengan al fin un líder viril, capaz de confrontar a regímenes malvados. Sus intenciones más hondas pueden ser discutibles. Pocas personas, en realidad, actúan impulsadas por solo motivos nobles.

El miedo de los autócratas

Los autócratas temen a su propia gente. Saben que alrededor de ellos priva la hipocresía y las lealtades compradas por el miedo o los privilegios. Que nadie es digno de su entera confianza. Que sus genuflexiones no son sinceras. Que están sumergidos en un mar de guatusas.

Dictadores con cara de palo

El silencio que una tiranía impone no permite los ecos de la risa en la caverna. El dictador no aceptará nunca que es un personaje risible. El poder absoluto tiene cara de palo. Solo sonríe, apenas, ante la adulación.

La lengua que es mi patria

Si yo soy nicaragüense, lo soy a la manera de quien no puede ser otra cosa. Nicaragüense de mi lengua, que es la lengua en boca de todos, desde la que no hay exilio posible…

Nicaragua y Cuba 1,400 latigazos a libertad religiosa

Los ataques a la religión han tenido un efecto bumerán. La valentía de sacerdotes y obispos ha generado admiración por la Iglesia. Un avivamiento inesperado e indetenible que clama por la solidaridad audible de más países democráticos y en especial de la voz del Vaticano.

Rehenes de tiranos

Mientras en Rusia y Ucrania se sufre la violenta sinrazón de un dictador, en Latinoamérica dos de sus aliados mantienen en prisión a quienes les hacen sombra por aspirar al cambio.

Autoridad en crisis

La gente se asombraba de la doctrina de Jesús porque “Les enseñaba como quien tiene autoridad y no como sus escribas” (Mt. 7, 28-29; Mc. 1, 22)

Atención al suscriptor