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«Roberto» tenía poco más de 40 años cuando fue beneficiado por el gobierno taiwanés con una beca para estudiar Humanidades. Diez años después, el nicaragüense valora la gran oportunidad que contribuyó a aumentar conocimientos, cultura personal y espacios profesionales. El 16 de octubre fue uno de quienes se siente “avergonzado”, cuando escuchó al dictador Daniel Ortega llamar “basura” a los taiwaneses, mientras recibía buses de la República Popular de China.
“Las palabras ofensivas de Ortega avergüenzan a los nicaragüenses. Son una ofensa gratuita, un exabrupto verbal vergonzoso y despreciable. Es un gesto de excesivo servilismo con Pekín que es innecesario y es fútil”, expone este profesional.
Ortega recibió 180 buses chinos y los entregó a transportistas nicaragüenses durante un acto público en Managua, en que insultó a Taiwán, de quien su régimen recibió cooperación durante 14 años, hasta diciembre de 2021 cuando los abandonaron para restablecer relaciones diplomáticas con China. Uno de los participantes fue el embajador Qu Yuhui, quien escuchó complacido las palabras del dictador: “Los taiwaneses son chinos y deberían de sentirse orgullosos de ser chinos y no basura taiwanesa”.
No solo Roberto se indignó con Ortega. «Max» cuenta una historia similar. Él tenía 20 años cuando se fue a estudiar chino-mandarín a Taiwán entre 2015-2017. Fue becado por ese gobierno, que tenía relaciones diplomáticas con Nicaragua desde la década de los noventa, un período en que ese país demostró en varias ocasiones su generosidad con los gobiernos de turno, incluido el régimen de Ortega.
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Ortega promueve el desprecio y la deshumanización
“Haber vivido en Taiwán no fue solo una experiencia académica, sino humana. Allí conviví con personas trabajadoras, respetuosas y orgullosas de su identidad, su cultura y su historia. Fui recibido con generosidad, con apoyo genuino y con un profundo respeto por ser extranjero. Gracias a esa beca pude estudiar, crecer y entender el mundo desde otra perspectiva”, cuenta Max.
El joven recibe con “profunda tristeza y desacuerdo” las palabras de Ortega. “No solo es ofensivo, sino injusto y reduccionista. Negar la identidad taiwanesa o calificarla como ‘basura’ ignora la realidad de millones de personas que se identifican como taiwanesas, que han construido una sociedad democrática, moderna y culturalmente rica”, expone Max, a quien le duele escuchar cómo el dictador “promueve el desprecio y la deshumanización”.
Tanto Roberto como Max forman parte de los 478 nicaragüenses que fueron beneficiados con becas financiadas por Taiwán entre 2003 y 2021. A finales de este último año, Ortega rompió relaciones con ese país, dejando en el limbo a 90 becarios que cursaban licenciaturas y maestrías, mientras ratifica una alianza política con la que buscaba reemplazar la relación con Estados Unidos, el principal socio comercial de Nicaragua.
Las becas de Taiwán, que cambiaron la vida de casi 500 nicaragüenses eran completas: cubrían el boleto aéreo, alojamiento, alimentación y aranceles de estudio por un período de tres hasta cinco años. Estas eran proporcionadas a través del Ministerio de Relaciones Exteriores (MOFA) y el Fondo de Desarrollo y Corporación Internacional de Taiwán (Taiwán ICDF) y eran una muestra de la generosa ayuda que se traducía en formar profesionalmente a nicaragüenses para que contribuyeran al desarrollo de Nicaragua.
Desesperado por mantener apoyo de China
La actitud de Ortega causó diversas reacciones entre la clase política. Para el opositor y exdiputado Eliseo Núñez, las declaraciones de Ortega evidencian la desesperación del dictador para mantener el apoyo de los chinos ante el aislamiento autoprovocado para evitar rendir cuentas por los abusos de derechos humanos, documentados por la OEA y Naciones Unidas a partir de las protestas de 2018.
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“Ortega está desesperado porque los chinos no lo dejen de apoyar y esa es la razón por la que luce tan servil. Las consecuencias internacionales no le importan tanto, por el momento. Está resolviendo, lo urgente es afianzar a los chinos como aliados”, sostiene Núñez.
En Centroamérica, los insultos y la vulgaridad de Ortega fueron también seguidos por otros profesionales que estudiaron en Taiwán. El analista costarricense Carlos Murillo, académico de la Universidad de Costa Rica, fue uno de los beneficiados por Taiwán cuando Costa Rica tenía relaciones diplomáticas con ese país. “No se puede esperar menos” de un gobierno dictatorial como el de Ortega y Murillo, lamentó.
“Eso es típico de los gobiernos dictatoriales, pero muy particular de Daniel Ortega y Rosario Murillo de que hoy alaban a alguien y mañana desprecian a ese mismo país o a esa misma persona”, resalta el académico.
Carlos Murillo señala que entre los países centroamericanos con los que Taiwán tenía relaciones diplomáticas, Nicaragua fue uno de los más beneficiados, principalmente durante los primeros 14 años de gobierno de Ortega. Actualmente el gobierno taiwanés solo tiene lazos diplomáticos con Guatemala y Belice, así como con el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA).
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“Ese tipo de afirmaciones desconoce todo el aporte que le dio Taiwán, a través de esas personas becarias. Pero también a través de una serie de préstamos, donaciones, apoyo, incluso de financiamiento a instancia de la Cancillería nicaragüense y la política exterior de Nicaragua. Sin duda, Nicaragua fue uno de los países más beneficiados de mantener relaciones con Taiwán, por eso es sencillamente un poco de retórica para quedar bien con Pekín en este caso”, coincide Murillo con Núñez.
Mientras Ortega cada vez marca distancia de la comunidad internacional y arremete con declaraciones ofensivas como las usadas contra Taiwán, algunos de los nicaragüenses beneficiados con fondos taiwaneses como Max afirman que las opiniones del dictador “no representan lo que muchos de nosotros pensamos y sentimos después de haber conocido de cerca al pueblo taiwanés”.
“Solo puedo expresar gratitud hacia Taiwán y solidaridad con su gente. Yo no olvidé quién me abrió las puertas cuando quise estudiar y salir adelante, y Taiwán siempre tendrá mi respeto y cariño”, dice Max.