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Si alguien interesado en el servicio exterior de Nicaragua pregunta quién es el canciller en la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, la respuesta puede ser de opción múltiple. Por un lado está Valdrack Jaenstchke o Denis Moncada nombrado en septiembre pasado como cocanciller, si el criterio es meramente la formalidad. En la práctica, el hijo de los dictadores, Laureano Ortega Murillo, dirige personalmente los lazos con Rusia, China e Irán. Y tiene una proyección internacional que opaca a las autoridades formales.
La cúpula del Ministerio de Relaciones Exteriores está integrada por burócratas. Está la viceministra para Cooperación Externa, Olimpia Raquel Ochoa Espinales, y, por si fuera poco, Yaosca Calderón Martín se desempeña como «ministra asesora de la Presidencia de la República para asuntos administrativos y financieros de las Relaciones Exteriores».
Para el exdiplomático nicaragüense José Dávila Membreño, el modelo de «copresidencialismo», que permite desde el año pasado que Ortega y Murillo tengan el mismo nivel jerárquico en el Estado, ha sido replicado en todas las instituciones. El objetivo es premiar lealtades y eso se traduce en un aumento de los gastos operativos. Estos funcionarios se convierten al final en un «adorno” que responde a los intereses de la familia dictatorial y no al Estado.
“Haber trasladado a la Cancillería por parte de Murillo su invento autoritario de la copresidencia, ahora con cocancilleres o militantes con rango de ministros, es caricaturizar las funciones de un Estado serio. Esa actual estructura del servicio exterior de Nicaragua hace que la política exterior —si es que existe— sea caótica y responda a un interés familiar, y no de Estado”, reiteró Dávila Membreño, quien fungió como embajador de Nicaragua en Alemania y Suiza (1994-1997) durante la administración de doña Violeta Barrios de Chamorro.
Desorden y nombramientos extraños

El lunes 9 de febrero de este 2026, el régimen publicó un acuerdo presidencial en La Gaceta, que debe haber hecho arquearse las cejas a quienes laboran en Exteriores. Ortega y Murillo nombraron a Calderón Martín como ministra asesora. Sin embargo, ella ya ocupaba ese puesto desde septiembre de 2023, y no hay ningún documento oficial en que se indique que antes fuera removida del cargo.
Para el exdiplomático José Dávila, el nombramiento de Calderón Martín es una muestra de cómo la dictadura Ortega-Murillo “complace los intereses de sus militantes incondicionales y fortalece la hegemonía familiar”. Calderón ocupó dos cargos diplomáticos, entre ellos embajadora de Nicaragua en República Dominicana (2017) y el mismo cargo en Venezuela en 2018. Incluso, Nicolás Maduro la condecoró con la Orden Francisco de Miranda en su Primera Clase por su “destacado desempeño diplomático”.
Tras su retorno a Nicaragua, el régimen la designó extrañamente como codirectora del Instituto Nicaragüense de Turismo (Intur), puesto que dejó en septiembre de 2023 cuando volvió a la Cancillería como ministra asesora.
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Los “premiados” del régimen
Además de Calderón Martín, hay varios sandinistas que han sido premiados con embajadas en distintos países. Esto ha sido parte del manejo político de la institución, lo que ha llevado durante años a un declive del servicio exterior.
La dictadura ha nombrado como «diplomáticos» a exmiembros de la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN): Mario José Armengol Campos, con cargos en Vietnam, Filipinas, Singapur, Malasia, Indonesia, Myanmar y Camboya. También está Luis Manuel Andino Paiz, embajador en Ghana, Burkina Faso, Togo, Níger y Benín. Otro más es Isaac Lenín Bravo Jaen quien ocupó el cargo de embajador en Irán entre 2020 y 2023, y Rosalía Bohórquez, embajadora ante las Naciones Unidas en Ginebra.
Desde el 10 de febrero, Bohórquez tiene precisamente “plenos poderes” otorgados por Ortega y Murillo, para que “actuando en nombre y representación del Gobierno de la República de Nicaragua firme el ‘Convenio Internacional del Cacao, 2026 (CIC, 2026)’”, según consta en el acuerdo presidencial número 26-2026, publicado el jueves 12 de febrero, en La Gaceta, diario oficial.
Otro embajador polémico es Maurizio Carlo Gelli, un italiano nacionalizado nicaragüense. Es hijo de Licio Gelli, un fascita orgulloso y confeso, líder de una poderosa logia masónica que se vio involucrado en varios escándalos en su país. Hasta enero de 2026, Maurizio fungía como embajador de Nicaragua en España. Operaba desde Madrid como diplomático concurrente en Andorra, Grecia, Eslovaquia, República Checa y Francia, pero fue expulsado, tras una medida recíproca tomada por el gobierno de Pedro Sánchez tras la expulsión de su homólogo en Managua, junto al segundo de la sede diplomática y entre siete y ocho cooperantes españoles más.
Régimen prioriza lealtades políticas
Por su parte, el opositor Héctor Mairena, de la plataforma política Unamos, dice que la dictadura Ortega-Murillo “no está interesada en promover la eficiencia” ni que sus funcionarios “tengan méritos” por una larga y destacada carrera o por sus estudios, “lo que le interesa es tener personas que sean fieles, particularmente a la señora Murillo”. Sostiene que por esa razón se nombran personas en el servicio exterior con “nula experiencia diplomática” que únicamente representan los intereses del régimen. “No hay diplomáticos de carrera nombrados en cargos importantes”, agrega.
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Por eso, el servicio exterior actual de Nicaragua está conformado por policías retirados, periodistas ligados al régimen, ex-UNEN e hijos de funcionarios. Uno de los casos que más se recuerdan, como un feudo familiar incluso con la venia de la dictadura, fue el de la familia de Francisco Campbell, quien estuvo durante 10 años como embajador en Estados Unidos.
Un hermano de Moncada, el actual cocanciller, se desempeñaba también como diplomático.
Mairena critica la falta de formación y experiencia de los actuales diplomáticos de Nicaragua y recuerda que hace décadas se crearon protocolos y la Ley del Servicio Exterior (No. 358) para profesionalizar el personal del servicio exterior, pero que a la actual dictadura no le importa y “lo ha hecho añicos”, además de “destruir la institucionalidad del país”.
Inestabilidad diplomática
Otra de las características es que el régimen mueve constantemente a sus representantes diplomáticos como si fueran simples fichas de ajedrez. Entre 2021 y 2023, Nicaragua envió a cinco diferentes embajadores a Cuba. El caso más significativo es el de Sidhartha Francisco Marín Aráuz, quien estuvo apenas 11 días en el cargo de embajador en ese país “aliado” de la dictadura. En diciembre de 2021 fue destituido sin dar explicaciones.

La relación con China también ha sido de cambios constantes. Entre 2022 y 2025, cuatro representantes diplomáticos han pasado por ahí. El primero fue Orlando José Gómez Zamora, nombrado en mayo de 2022. Solamente duró un mes en el cargo.
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El segundo fue Ian Coronel Kinloch, nombrado en junio de 2022 y removido en mayo de 2023. A este le siguió Michael René Campbell Hooker, designado en mayo de 2023 y destituido en febrero de 2025. Y el cuarto es Ramiro Cruz Flores, aceptado en el cargo de embajador ante China el 2 de abril de 2025. Finalmente, quien ejerce la representación real de Nicaragua es Laureano Ortega Murillo como enlace directo del régimen con esa dictadura.
“(Hay) una visión torcida de las relaciones internacionales” en la que no existe una política exterior de forma conceptual y que más bien se vuelve “antidiplomacia”, interpreta Dávila Membreño.
“Una política exterior se diseña en base a los intereses nacionales de un país y sus necesidades, la diseña la Cancillería en nombre del Estado, y no de los intereses de una familia que se ha adueñado del país, y que sobrepone sus intereses ideológicos o de clan familiar”, sostiene el exdiplomático.
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Un servicio exterior hecho “añicos”
La conclusión de Dávila Membreño es que esa antidiplomacia “vuelve añicos el protocolo que hay que guardar en las relaciones internacionales” y que la cantidad de cambios seguidos, el irrespeto con notas diplomáticas ofensivas, procesos de duración de las misiones, destituciones y expulsiones de representantes extranjeros, “quitan sostenibilidad a la manera de relacionarse con el mundo, y tienen hundido y aislado al país en materia diplomática”.
Mientras los Ortega Murillo conducen esta política errática, los dictadores han decidido imponerse un autoaislamiento para evitar rendir cuentas por los abusos de derechos humanos. Dávila califica esta situación como un “total desastre” en materia de política exterior de un país. En tanto, Mairena recuerda que el régimen ha buscado alianzas con países africanos, luego que en los últimos años han propiciado distanciamientos con países que mostraron durante años sus lazos de amistad con Nicaragua. El Vaticano, por ejemplo, es un caso particular: Expulsaron al nuncio apostólico en 2022 y mantienen una feroz persecución a lo interno del país contra los católicos nicaragüenses.