El embajador de Irán Ramin Banat-Kuqe, junto a Laureano Ortega y Valdrack Jaenstchke. Foto/Tomada de medios oficialistas

A pesar de masacres, embajador iraní asegura que comparten con dictadura de Nicaragua una visión de «respeto a derechos humanos»

Laureano Ortega Murillo celebró los 47 años de la Revolución Islámica. "Se sienten protegidos geopolíticamente por Irán", dice defensor de derechos humanos

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El embajador de Irán en Nicaragua, Ramin Banat-Kuqe, durante la celebración de los 47 años de la Revolución Islámica en la embajada de ese país en Managua, este miércoles 11 de febrero, aseguró que las dictaduras de Nicaragua y su país comparten desde 1979 una visión de respeto a los derechos humanos y las normas del derecho internacional. En el evento participaron el hijo de la pareja dictatorial, Laureano Ortega Murillo, y el cocanciller Valdrack Jaenstchke.

La declaración del diplomático extranjero contrasta con la brutal represión que ambos regímenes han impuesto a sus respectivos pueblos, a los cuales han masacrado. Precisamente, un día después de estas declaraciones, la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos reportó este 12 de febrero que se han producido 7,002 muertes confirmadas (incluidas 216 niños), 25,022 heridos y 52, 941 arrestos en el día 46 de protestas en suelo iraní.

“(Las revoluciones de Irán y Nicaragua) Triunfaron en el año 1979 y esta convergencia, junto con los ideales comunes de libertad, sentó las bases para una relación más estrecha entre ambos pueblos. Irán y Nicaragua. Inspirados en sus ideales de libertad e independencia y una visión compartida para la construcción de un mundo multipolar, basado en el respeto a los derechos humanos y a las normas del derecho internacional, se han brindado siempre apoyo firme y constante en los foros internacionales”, afirmó Banat-Kuqe, quien permanece en el cargo desde marzo de 2025.

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La actividad fue ampliamente divulgada por los medios oficialistas. Ortega Murillo reiteró que se trata de dos revoluciones hermanas «que se identifican con la búsqueda de un mundo más justo, ese mundo multipolar donde el derecho de los pueblos sea respetado y donde cada pueblo pueda desarrollarse bajo sus propias condiciones, bajo sus propias culturas, bajo sus propios principios».

En los últimos ocho años, el régimen de Nicaragua se ha negado a rendir cuentas por el asesinato de centenares de personas, ocurrido en el contexto de la brutal represión contra manifestantes, la cual fue ordenada por la dictadora Rosario Murillo, según testimonios recopilados entonces. Tanto ella como Daniel Ortega han dicho que fueron objeto de un intento de golpe de Estado y desataron una de las persecuciones más frontales contra sus críticos, mientras en sus discursos pregonan la necesidad de «alcanzar un mundo colmado de paz y convivencia pacífica».

Los abusos cometidos por la dictadura nicaragüense han sido documentados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH-OEA). También por la Organización de Naciones Unidas. Un grupo de Expertos en derechos humanos denunció el año pasado la comisión de delitos de lesa humanidad y se mencionó una cadena de mando de la represión integrada por 54 funcionarios, encabezados por Ortega y Murillo

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Defensores de DD. HH. repudian el discurso

De acuerdo con el abogado Danny Ramírez-Ayérdiz, del Centro de Asistencia Legal Interamericano en Derechos Humanos (Calidh), el discurso «es inaceptable y horrible absolutamente”. Según el defensor, las dictaduras de Nicaragua e Irán se “elogian” entre sí, porque no tienen ningún otro amigo que lo haga.

“Es inaceptable lo que él dice, es horrible absolutamente. Es una distorsión de la realidad, es una negación de todo lo que vienen viviendo los nicaragüenses y los iraníes de la brutalidad del totalitarismo que se vive en ambos regímenes. No hay respeto a los derechos humanos, no hay respeto del derecho internacional”, sostiene el defensor que ha brindado acompañamiento a víctimas de la dictadura Ortega-Murillo en los últimos años.

A Ramírez-Ayérdiz no le asusta la participación de Laureano Ortega, quien representa a sus padres en este evento de la Embajada de Irán, porque ambos han sido regímenes “atroces” de las libertades y se juntan por “una cuestión de afinidad”.

“Matan gente en las protestas, detienen, torturan, son estados retrógrados en materia de género… (Laureano) va y se sienta ahí, porque está en el charco de las prácticas antidemocráticas de Irán. Se nota que no solamente se sienten protegidos geopolíticamente por Irán, sino que a la vez tienen un interés directo, una afinidad con las prácticas comunes a todo régimen totalitario”, sostiene el defensor de derechos humanos.

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La opositora y defensora de derechos humanos, Haydée Castillo, afirmó que es “una falacia y una alteración de la verdad” hecho por una persona que “no tiene ningún escrúpulo” y que “miente de la manera más cruda”.

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“Entre más hablan y más hacen, más se hunden porque al menos nadie comparte en estos momentos y mucho menos en el contexto internacional se ve con buenos ojos pues esta cercanía, más bien nos ponen en riesgo y peligro, y sobre todo se ponen en peligro ellos”, resalta Castillo sobre este nuevo episodio de acercamiento del régimen de Nicaragua con Irán.

Esta reunión diplomática ocurre cuando el Departamento de Estado ha fijado como una de sus prioridades la interferencia de potencias extranjeras en la región, en fiel cumplimiento de la doctrina de política exterior Donroe. Nicaragua mantiene lazos con Irán, pero también con otras potencias antiestadounidenses como China y Rusia.

Las dictaduras “gemelas”

En junio de 2023, el dictador Daniel Ortega afirmó que las revoluciones de Irán y Nicaragua eran “gemelas”, tal como recordó su hijo en la actividad en que dio el discurso el embajador iraní. Ambas derrocaron violentamente a las dictaduras que padecían los dos países, en el mismo año de 1979. La diferencia fue apenas de meses, la islámica iraní lo hizo en enero y la sandinista nicaragüense en julio.

Ninguna estableció la democracia. Por un lado, la revolución iraní impuso feroces y sectarias dictaduras, una de clérigos musulmanes extremistas; en tanto, la sandinista en Nicaragua hizo lo mismo con la imposición de un modelo marxista. Junto a Laureano Ortega Murillo y Jaenstchke, participaron también la ministra de Gobernación, María Amelia Coronel Kinloch; el director de la Policía, el primer comisionado Francisco Díaz; y el segundo jefe del Estado Mayor, el general de brigada Spiro Bassi.

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