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Como todo en la vida, la larga noche oscura y pesadilla de la mayoría de los nicaragüenses que lleva ya casi veinte años podría terminar más pronto que tarde, por lo que, como han recomendado varios comentaristas en este Diario, es importante pensar y actuar sobre los pasos y acciones necesarias para construir la Nicaragua justa y próspera que esta mayoría sueña y desea.
Dados los grandes retrocesos institucionales, democráticos, económicos, y sociales, que ha sufrido el país desde el 2007 bajo el segundo mandato de los nuevos filibusteros, son varios y difíciles los retos que tenemos para lograr este objetivo, por lo que necesitamos actuar en varios frentes con sentido de prioridad.
Siguen por lo tanto algunas consideraciones sobre posibles escenarios que podrían surgir, así como recomendaciones de mi parte sobre las acciones y políticas que deberíamos seguir, las que resumo en este articulo y trataré de detallar en artículos posteriores.
¿Cómo se podría terminar la pesadilla pacíficamente y cuál sería la transición?
Posibles escenarios serían: 1) La propia renuncia de los filibusteros que no se puede ni debe descartarse por su propio bien y el de Nicaragua. 2) Una actuación de los EE. UU. estilo Venezuela o de otra forma. 3) Un golpe de Estado del Ejército. 4) Una protesta popular masiva.
La forma del desenlace sería crucial ya que determinaría si el final de la pesadilla sería pacífico, y cómo se generaría la transición. Las tres primeras serían posiblemente las más pacíficas y la segunda y tercera facilitarían la transición. La última sería más auténtica, pero podría ser violenta y dificultaría la transición ya que es muy difícil prever quiénes estarían a cargo de la situación.
La transición
¿Porque una transición? Porque se necesita tiempo para preparar al país y establecer las condiciones necesarias para una verdadera elección democrática.
La transición podría durar un año-año y medio, y podría ser presidida por una junta de tres a cinco nicaragüenses con su respectivo gabinete. Tanto los miembros de la junta como los ministros deberían ser nicaragüenses de reconocida reputación, moralidad, y habilidad. Tendrían que renunciar a participar en la primera elección y a respaldar a cualquier candidato en la misma, pero sí podrían participar en elecciones futuras y en el próximo gabinete.
¿Quién nombraría la Junta?
Esta es la pregunta del millón para la cual no tengo una respuesta concreta. Sin embargo, me queda claro que la escogencia sería complicada en la primera opción, aunque podría ser parte de una negociación anterior, digamos con los EE. UU. y/o el Ejército; más fácil en las dos que siguen y difícil de prever en el caso de una protesta popular. Le dejo esta inquietud a los estimables lectores cuyas sugerencias serían muy útiles.
La tarea primordial de la Junta sería comenzar a restablecer la institucionalidad del país que, aunque deficiente, había existido antes particularmente durante los diez y seis años de los gobiernos democráticos que inició doña Violeta, y que reciente, y adecuadamente, Pedro Joaquín Chamorro Barrios llamó “la frustrada primavera democrática”.
Renovando tanto la Corte Suprema de Justicia, los tribunales de apelaciones y los juzgados de distrito y locales. Así como el Consejo Supremo Electoral, los Consejos Electorales Departamentales, los Regionales y los Municipales, y las Juntas Receptoras de Votos.
El objetivo de estas reformas sería crear instituciones capaces, independiente, y apolíticas que contribuyan a garantizar la libertad y los derechos humanos de los nicaragüenses y su facultad de elegir libremente a sus autoridades nacionales, regionales, departamentales, y locales. Libertades y derechos actualmente inexistentes en el país.
Para ello la junta nombraría jueces y funcionarios nicaragüenses de reconocida capacidad y moralidad independiente de sus preferencias partidistas. Los nombramientos serían por dos años, pero podrían ser renovados total o parcialmente por la Asamblea Nacional luego de las elecciones (ver más adelante).
La segunda tarea de la junta y su gabinete sería continuar la buena conducción macroeconómica de los filibusteros que, junto con sus mejoras de las carreteras del país, ha sido su único logro, eclipsado desafortunadamente por el resto de sus políticas nefastas.
Y, paralelamente iniciar un diálogo sobre los cambios necesarios en las políticas económicas y sociales del país para que, apoyadas en, y complementando la nueva institucionalidad, promuevan una Nicaragua próspera, con un mejor nivel de vida para todos los nicaragüenses, con menores desigualdades económicas, y con poca pobreza.
El próximo Gobierno y Asamblea y sus principales tareas
Una vez concluidas las reformas institucionales se procedería a la elección de los gobiernos locales y regionales, de la Asamblea, y del Poder Ejecutivo.
Pero antes, durante la transición se tendría que analizar, discutir y decidir sobre temas importantes, y a veces controvertidos, tales como: 1) cuáles serían los partidos políticos que podrían participar en las elecciones basado, por ejemplo, en un porcentaje mínimo de ciudadanos registrados que los respaldan en relación con la población votante; 2) cuál sería la duración de los periodos presidenciales y de la asamblea; 3) cuál sería el mínimo apoyo para ganar en una primera vuelta la elección presidencial (¿recuerdan el pacto Alemán- Ortega y sus consecuencias?); 4) tendrían que ser los candidatos a la Presidencia y a la Aaamblea miembros de partidos políticos reconocidos o se podrían postular por cuenta propia.
La tarea primordial del próximo gobierno y asamblea serían continuar, mejorar, y finalizar las reformas institucionales iniciadas durante la transición, nombrar a los miembros de los poderes judicial y electoral, e iniciar los cambios necesarios en las políticas económicas y sociales del país tomando en cuenta el diálogo y recomendaciones sobre las mismas iniciado en la transición.
En este último campo, seria primordial iniciar una reforma educativa que prepare a nuestra juventud para que ellos y la economía puedan competir y destacarse regional e internacionalmente en el resto de este siglo. Esto es crucial ya que está probado que la única forma de reducir la pobreza y lograr prosperidad en forma permanente es una buena educación, complementada, como ha enfatizado mi amigo de pupitre Humberto Belli, con valores familiares y morales. También revisar y modificar en lo necesario el resto de las políticas económicas y sociales para que tengan más impacto en el crecimiento económico y la reducción de la pobreza.
Esto requeriría, entre otras, una reforma tributaria que minimice los desincentivos que los impuestos causan a la inversión privada y a la oferta y productividad laboral y a su vez financie un gasto público que le permita al gobierno cumplir con sus funciones vitales, tales como garantizar la seguridad pública, y fomentar el crecimiento y la reducción de la pobreza; analizar y modificar el gasto público para asegurase que verdaderamente contribuya a estos objetivos; revisar y modificar los programas sociales para asegurarse que verdaderamente cumplan su cometido de proteger a los más pobres y darle tiempo a que las reformas educativas y de salud cojan vuelo; y revisar el marco regulatorio para aumentar los incentivos y reducir los desincentivos a la inversión privada y a la productividad de la economía.
El rol de los nicaragüenses y del sector privado
Los comentarios y recomendaciones anteriores se han referido primordialmente a acciones del gobierno. Pero en última instancia la democracia, la prosperidad del país y la reducción de la pobreza dependerán fundamentalmente por una parte del involucramiento y apoyo a la institucionalidad de todos los ciudadanos y por la otra de las inversiones del sector privado que son las que generan empleo y crecimiento, por lo que es crucial actuar sobre los temas tributarios y regulatorios ya mencionados. Además, el sector privado puede y debe compartir con el gobierno las tareas de mejorar la educación, la salud, la infraestructura, así como la institucionalidad del país.
Paciencia y perseverancia
Las acciones y reformas propuestas y sus resultados requerirán tiempo. Algunas se pueden ejecutar en pocos meses y con resultados en el muy corto plazo. Otras, sin embargo, probablemente la mayoría, requerirían más tiempo y sus resultados no se verían en el corto plazo. Un ejemplo es la reforma educacional que requerirá tiempo para, por ejemplo, mejorar el plan de estudios, entrenar a los maestros, y mejorar las aulas y su infraestructura (con programas de internet e inteligencia artificial, etc.), y todavía más tiempo para que rinda sus frutos. Por lo que deberíamos tener paciencia y perseverar.
El autor es bachiller del Colegio Centro América de Granada.